Crítica Vertele Élite, el Big Mac de Netflix: no es la mejor serie del mundo pero devorarás todos sus episodios

Élite, el Big Mac de Netflix
Élite, el Big Mac de Netflix Foto: Netflix

Pese a sus 50 minutos por capítulo, la segunda ficción española original de la plataforma destaca por su fácil consumo y su entretenimiento práctico; algunos de los beneficios más inmediatos de armarse como un "fast drama" de personajes estereotipados, situaciones cliché y cliffhangers culebronescos

Élite es lo que es: la serie que ve en Rebelde Way su modelo más evidente. Y, dentro de esta, también hay cabida para mucha Física o Química y aún más Gossip Girl. El aderezo corre a cargo de Por 13 razones. Y aunque parece una mezcla de varios el denominador común sigue siendo el mismo: un drama adolescente. 

En la segunda ficción española original de Netflix tras Las chicas del cable, tres jóvenes de clase obrera reciben una beca para estudiar en el prestigioso colegio privado Las Encimas, la Universidad Europea de la realidad, tras el derrumbamiento de su instituto. Su llegada, sin embargo, no será del agrado de sus compañeros -a priori, un grupo de snobs con más dinero que talento-, y desembocará encima en un asesinato. La trama ya está servida.

Pese a que el objetivo del argumento principal será el de desenmascarar al o a los responsables de lo acontecido, no estamos ante un intento hitchcockniano de nada. Más bien son las idas y venidas, penas y alegrías de un grupo de adolescentes hormonados en un colegio de alta categoría. Y es que Netflix sabe lo que está vendiendo: una serie sin grandes pretensiones pero propensa a generar adicción. De hecho, confía tanto en que así sea que ya la ha renovado por una segunda temporada antes incluso de estrenar la primera la cual, dicho sea de paso, llegará el próximo 5 de octubre.

Pulsará el botón de "próximo capítulo"

La verdad es que funcionan. Los trucos de los que presume la serie para que quieras seguir viéndola, me refiero. Y es que de pronto se verá a sí mismo clicando el botón de "próximo capítulo" pues, si algo bueno tiene Élite, es que sabe dónde colocar el punto y aparte de sus episodios; un eficiente manejo del cliffhanger que provocará que el espectador se olvide de todo lo demás.

Porque no está sentado en una mesa del Celler de Can Roca, sino en un McDonalds. Y eso que tiene delante no es un timbal de manzana y foie gras con aceite de vainilla, sino un menú Big Mac con extra de patatas fritas, cola-cola y McFlurry de postre. Pero aunque es consciente de que lo que va a comerse de sano no tiene ni el nombre, su sabor y olor tan agradables le hacen a uno volver a por más. 

Élite es esa hamburguesa con queso, cebolla, lechuga y salsa especial que ha sabido engañar al paladar. En este sentido, la historia que proyectará la pantalla de su televisor es obra de un elenco de personajes estereotipados que será capaz de captar a la primera y definir con una sola palabra: el pijo; la niñata insoportable; el chulo; la primera de la clase; el que nunca ha roto un plato; el que ha roto demasiados, etc.

Pero no solo sus personajes, ya que buena parte de las situaciones también son cliché. El público puede predecir lo que va a ocurrir porque la plataforma ha urdido un relato en el que prácticamente le susurra la trama entera de cada episodio al oído. Tampoco hay excesivos giros de guion, aunque sí uno particularmente interesante al final del sexto capítulo que casa más bien poco con el personaje que lo hace posible.

En definitiva, la serie no está mal si no se es demasiado exigente con uno mismo y se contempla a tenor de las consecuencias. Si está esperando una sesuda sesión audiovisual será mejor que pruebe con Mindhunter. Si simplemente busca entretenerse y desconectar, le invito a cruzar las puertas de Las Encinas.

Un último aporte: esa maldita banda sonora...

Al igual que Rebelde Way y otras versiones, Élite también cuenta con su propia banda sonora original, en la que los jóvenes entonan una serie de temas relacionados con la serie. Es una forma más de sacar tajada a la ficción como mecanismo de promoción y fuente accesoria de ingresos, por lo que resulta un movimiento acertado por la plataforma y, claro está, perfectamente válido.

Pero, como ya sucedía en la telenovela juvenil argentina, en ocasiones las canciones se introducen en la historia con calzador y llegan a adoptar cierto carácter intrusivo. Sin revelar nada de la historia per sé, no son pocas las escenas en las que un personaje aparece escuchando música con unos audífonos; momentos intencionados que Netflix emplea a modo de excusa para mostrar al espectador la melodía en cuestión, incrementando repentinamente el volumen.

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