Entrevista VERTELE Jesús Calleja: "Ya no es el momento de los políticos en mi programa"

Planeta Calleja
Planeta Calleja (Foto: Cuatro)

Hablamos con el aventurero y comunicador por el estreno de la quinta temporada de su formato con famosos. Arranca con Paz Padilla en una ceremonia vudú en Benín: "Fuimos al interior de la selva, donde no habían visto jamás a un extranjero", adelanta. Sobre el resto de invitados: "Bertín Osborne nos dio guerra, como no le gustan los deportes de riesgo...". "Nos hemos convertido en el programa al que los famosos que quieren venir"

¿En qué estado de forma llega Planeta Calleja a esta quinta cita con la audiencia?

Nosotros siempre tendemos a superarnos, es algo que nos gusta mucho. Este año tenemos destinos muy dispares: lo mismo vamos al desierto que a la montaña, que a la selva... El denominador común es buscar lugares y culturas a las que no puedas ir con una agencia de viajes. Son sensaciones y experiencias en los que da igual la pasta que tengas, porque o vienes conmigo, o no los vas a vivir. Es lo que más le gusta a los invitados: más allá de hacer un programa de televisión, la aventura que se van a correr es tan potente que a todos les cambia la vida. Lo flipan.

Comienzas la temporada con Paz Padilla. Allá por octubre, cuando recibisteis el Premio Iris, tu socia María Ruiz dijo que no habías podido ir a recogerlo porque estabas en Benín en plena ceremonia de vudú con la humorista. Con semejante carta de presentación, ¿qué más nos puedes avanzar de esta entrega?

Es verdad, estaba en una ceremonia auténtica, porque el vudú nació en el Benín, aunque Hollywood vendiera que estaba en otro lado. Existe y es muy importante en el Benín. Mucha de la cultura de allí gira en torno a ell. Pero como allí no hay infraestructura turística, es aún un país por descubrir. Hemos estado en lugares donde practican vudú, en el interior de la selva, y donde nadie había visto jamás a un extranjero, mucho menos a un piel blanca. Paz se va a enfrentar a algo tan brutal que emociona y nos hace llorar. Aparte, la ceremonia es muy espectacular, como todo lo que ocurre en el país.

Por las promos y avances, parece que Bertín Osborne se postula como el invitado más rebelde de entre los que has tenido en Planeta Calleja. ¿Es así?

A ver, Bertín tiene las cosas claras en su vida, sabe lo que le gusta y lo que no. Tiene mucha personalidad... Somos amigos y me dijo que hiciera un programa con él, a lo que le contesté que primero lo hiciera él conmigo. Al principio creo que vino un poco obligado (risas), pero se lo empezó a pasar tan bien que ahora me manda mensajes todo el rato: que si quiere volver a mi tierra, que si quiere estar conmigo, montar a caballo... Al final, se dio la vuelta al cerebro y le encantó lo que hicimos. Bien es cierto que dio guerra, porque como no le gustan los deportes de riesgo, no quería hacerlo. Precisamente es un desenlace curioso que nunca nos había ocurrido en Planeta Calleja. Pero es tan divertido e improvisa de tal forma... El programa es muy diferente a todo lo hecho hasta ahora. Cuando vi el montaje, me estaba riendo mucho.

Pero a la vez me sorprendió mucho cómo se enfrenta a los problemas de la vida, que los ha tenido y muy duros, y la actitud con la que afronta la vida. Este programa servirá para hacer un redescubrimiento de quién es Bertín Osborne.

¿Qué nos puedes contar del resto de invitados? ¿En qué te han sorprendido?

India Martínez para mí ha sido una sorpresa. Todo el rato quiere cantar. Siempre que hay algo que la emociona. Es muy sensible a las personas y los paisajes, se detiene y se le ocurre algo para cantar. Nunca nos habíamos encontrado con alguien que estuviera en todo momento haciendo una oda a la belleza y a la humanidad. Está transmitiendo emociones continuamente. En Katmandú me emocionó muchísimo algo que pasó con chicas abandonadas, que a través de la música y el baile tratan de reencontrarse como personas. Cuando India se encontró con ellas, pasó magia. Creo que son las imágenes más emotivas que hemos vivido en Planeta Calleja.

A India le sorprendió todo muchísimo. Se dio cuenta de que no había trampa ni cartón. Fuimos al Everest, y en invierno. Ya veréis qué movidas nos han pasado, con los helicópteros, el tiempo... Incluso alguien del equipo se puso alguien se puso malo del equipo por la altura. Todo lo que vivimos tiene mucha fuerza. Y ella nos ha dejado también una huella impresionante, a mí y a todo el equipo.

¿Por qué crees que los famosos aceptan tus retos? ¿Ha sido siempre así?

Al principio, para ellos era un programa más al que les invitaban, y eso lo hacía muy complicado. Les pedíamos que nos dieran diez días de su tiempo, si no más, para llevarles a un lugar donde no les iba a llevar nadie. A alguien le podía generar curiosidad, pero la gran mayoría no tenía tiempo ni agenda. Ahora ocurre todo lo contrario: nos llaman y nos piden venir. Se corre la voz de que es una experiencia única e irrepetible que no van a poder hacer de otra forma, que trabajamos muy bien y que, más allá del programa, se quedan con una vivencia para el recuerdo.

Ahora recibimos un montón de peticiones y no sabes lo que nos cuesta mucho decirles que, de momento, tenemos la temporada cerrada y tendrán que esperar a que haya hueco en la siguiente. Es muy bonito ver cómo ha evolucionado el programa. Se ha convertido en el programa al que los famosos que quieren venir.

Entonces tendréis bien avanzada la escaleta de la sexta temporada... ¿Hay algún nombre que se pueda adelantar ya?

Tenemos cerrada entera la siguiente temporada y estamos rodándola. Tenemos una máxima que nos gusta mucho que es presentar al invitado justo en el aeropuerto. Y queda chulo.

De cara al público, ¿qué crees que le interesa de un programa como este para hacerlo aguantar ya 5 temporadas? ¿Es más el famoso o el destino?

Creo que son varias cosas. Primero, que lo que están viendo es de verdad: no es un decorado, no hay nada impostado, ni se arma ninguna escena... Lo que ocurre, ocurre. Segundo, porque yo me olvido de que hago un programa y soy como en la vida real: lo que transmito, lo que cuento y enseño es como lo haría con un amigo. También me olvido de que están las cámaras. Y por último, los sitios a los que vamos, que la gente no está acostumbrado a verlos, y que nos acercamos no con una voz en off, sino con nosotros, con el invitado, el equipo y yo. Lo hacemos con el foco de ser una panda de amigos; y el invitado, en vez de estar en un plató, está durante diez días conmigo: come, cena y duerme conmigo. A veces es difícil, porque convives muchas horas al día, y desconecta de la televisión. Se muestran tal y como eres, la persona detrás del personaje.

¿Cuesta encontrar retos apetecibles, que lo sean para ti y que signifiquen algo para el invitado?

Claro que es costoso, pero tenemos un equipo muy potente para ello. Investigamos, hablamos con el invitado... Queremos que se sienta a gusto y que disfrute. Dentro de la actividad que se ajuste a su perfil, si vemos que tiene un trauma o una fobia, buscamos la manera de que se enfrente a ello. Al final, en cada temporada, somos un poco más psicólogos. Es algo que nos está funcionando muy bien.

A Risto, con quien te alternas en la noche del domingo en Cuatro, ya lo llevaste de viaje en la última temporada. ¿Qué hay de Iker Jiménez, al que antecedes siempre?

¡Él está ya invitado! Estamos esperando a que tenga un hueco en su agenda... Está prácticamente todo el año en la tele, tiene un nivel de dedicación importante. Acabará estando en el programa. Me tengo aún que sentar con él y hablar con él, fuera de cámaras, y saber un poco más de sus gustos para ajustar el viaje idílico contra él. Lo que te aseguro es que tendrá misterio.

Hace tiempo que no vemos a políticos aceptar tus retos. ¿Habéis seguido insistiendo a alguno, como a Pablo Iglesias, por ejemplo?

No, creo que la política tuvo su momento. Era un momento político más intenso y tenso que habíamos vivido. Eran personajes que queríamos conocer, y les invité a todos. Pablo Iglesias nunca quiso venir y la invitación quedó abierta. Pero ahora no es el turno de él o de otros políticos. Nos adaptamos tan bien a lo que ocurre en la actualidad: todo va muy deprisa y los personajes adquieren relevancia en un momento por alguna razón y es por lo que me apetece traerles al programa. En este momento pienso honestamente que no es el momento de los políticos en Planeta Calleja, pero a lo mejor lo retomamos, por ejemplo, cuando nos acerquemos a las elecciones. Como hicimos aquel entonces, cuando tuvimos aquellas elecciones tan tumultuosas. A lo mejor tenemos otro tipo de político interesante y volveremos a la carga con los políticos. Volveremos a preguntar a Pablo Iglesias si quiere venir, con toda la libertad del mundo. Y si no, probaremos con Errejón.

Dejando de lado Planeta Calleja, ¿cómo va la cuarta temporada de Volando voy?

Ya estamos trabajando en ella y empezaremos el rodaje para primavera. Este año va a ser espectacular. Tengo ya los escenarios. Le hemos tomado la medida al programa después de la temporada pasada. Se convirtió en el programa sorpresa de la cadena en un día tan competitivo como el domingo, y ahora tenemos que superarnos. Da un poco de vértigo, pero nos motiva muchísimo, y así cada año vamos puliendo el formato.

Aparte de estos productos para Cuatro, también tienes El Running Show, Río Salvaje... ¿No hay ningún nuevo proyecto en el que te gustaría aventurarte? ¿Cuál sería tu siguiente desafío en términos televisivos?

Pues tengo un nuevo formato que empezaremos a rodar en otoño. Dado mi perfil ya sabes cómo va a ser: va a haber grandes viajes, experiencias brutales... Es un concepto nuevo de programa y tengo una ilusión que no te puedes imaginar. Para que te hagas una idea, ruedo ahora la siguiente temporada de Planeta Calleja, después la de Volando voy, y luego me he metido en un follón que no te puedes imaginar. Si antes no tenía tiempo, este año, igual porque son tres formatos muy espectaculares y que encima se ruedan fuera de España, por lo que me voy a pasar todo el año viajando.

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