El contraconicOT Gala 7 de OT 2018: "Teatro, la vida es puro teatro"

Natalia en la gala 7 de OT 2018
Natalia en la gala 7 de OT 2018 GTRES

Ya no son los fantasmas de Amaia, Aitana y Ana Guerra en la memoria de los espectadores los que persiguen al programa. Es la propia productora, con decisiones radicales y sobreactuaciones, la que está rompiendo la magia de un programa que era verdad.

En una edición que aún tiene pesadillas con los fantasmas de OT 2017, el programa echa a Itziar Castro de la peor forma para recuperar a dos viejos conocidos del concurso: los Javis. Todos los ojos están puestos en ellos. Su cometido es que la interpretación esté encima del escenario. Quizás lo hayan conseguido. OT se ha marcado el papelón de su vida: hay teatro por todos lados.

Comienza el programa con el ‘Don’t stop me now’ de Queen, seguramente la mejor apertura de lo que llevamos de programa detrás de ‘This is me’. Turno de las nominadas. Marilia, esa concursante que está pero no está, reivindica su papel en el programa cantando ‘María se bebe las calles’. Toda la semana esperando que cantase “Marilia se fue una mañana, Marilia sin decir nada” como una metáfora de su paso por el concurso, para nada. La canaria hace su mejor pase de todo el programa.

Le toca a Noelia cantar ‘Stone Cold’ y consigue recordarnos a la Noelia de la gala 0 y la gala 1, a esa chica que fue la favorita de España, que la colocó primera en las porras y que, al subir a recoger su premio, se ha pegado una leche más grande que Jennifer Lawrence cuando recogió su Oscar. Noelia pone los pelos de punta y, efectivamente, si analizásemos solo esta actuación, sería una de las finalistas de Operación Triunfo. Su voz es incuestionable y emociona, pero OT no es solo un talent show. Y Noelia, por su comportamiento después de sus nominaciones, no ha caído especialmente bien. ¿Morir de éxito?

Después de sus actuaciones, una Ana Torroja salvaje grita desde su silla: “¡Por fin hay emoción!”, en clara referencia al trabajo de Itziar Castro con los concursantes. Se le quedó corto el ‘mariconez’ gate. Que alguien le diga que Halloween ya ha pasado y que ser mala gratuitamente… pues ya no.

Turno de María y su ‘Voy en un coche’. Los profesores en los vídeos vaticinan la actuación menos “estética”. Quizás sí, pero la más auténtica. María es la amiga que, cuando salís de fiesta, está a tope hasta cuando suena ‘Bailar pegados’ de Sergio Dalma para que te vayas a tu casa. Ella no. Ella acaba de salir de la discoteca con ganas de emprender camino hacia un after. Y yo me voy con ella. Si ya lo había predicho Marilia en su actuación: “María se bebe las calles”.

Paren rotativas, que se está liando en Twitter. Empieza la función. Un usuario se da cuenta de que en la foto que ha subido la cuenta oficial del programa anunciando el miembro del jurado invitado, Brisa Fenoy tiene un portafolios con una hoja en la que están apuntados los nombres de los concursantes y los veredictos que darán los miembros del jurado. La red estalla entre acusaciones de manipulación al programa, de tener decidido el curso de la gala antes de que siquiera actúen.

Empiezan las explicaciones por parte del programa. Tinet Rubira dice que “el jurado ve los ensayos del plató del martes y toma sus notas”. El jurado toma sus notas en una tabla perfectamente hecha a ordenador con diferentes colores porque el boli bic y la libretita de merchandising se les queda pequeño.

Lo que no sabe el público es que no, no hay ningún tongo y Gestmusic no miente. La productora ha contratado a un señor que se llama Notario para poder decir que las votaciones están registradas ante Notario. Es broma, pero de sueños se vive. En realidad, que el jurado haga sus previsiones en los ensayos es normal. Nosotros también las hacemos cuando vemos los pases de micros. “Este es el que mejor lo hace, la canción de estos no da para mucho y seguramente les pongan en duda…”. El programa se justifica en redes en un buen ejercicio de transparencia que (spoiler) se verá reflejado en la gala.

Mientras el jaleo sigue en Twitter, es el turno de Famous, que interpreta ‘Nobody but you’. Sobra el coro de góspel y sobran los bailarines, porque su voz por sí misma llena el escenario. Está claro que, como ya dejó patente con ‘Take me to church’, este es el tipo de música que sabe hacer y que cada día le postula más como posible ganador de la edición. Si no le componen la canción Las Ketchup, porque cosas más raras se han visto en este programa, tiene posibilidades de acabar representando a España en Eurovisión.

Después de descubrir que Eros Ramazzoti sigue existiendo y de decepcionarnos porque no le traducen la risa, cantan Miki y Sabela ‘No olvidarme de olvidar’. En un vídeo los Javis dicen que va a ser uno de los mejores números de la gala. ‘Amo a calmarnoh’.  Sabela, a la que por fin han dejado de dar las canciones más espantosas del panorama musical, se luce por encima de Miki, que empieza a tropezarse para alcanzar su puesto entre los cinco finalistas aunque haga una actuación muy correcta.

Llega Natalia y el ‘Flames’ de Sia, pero antes un vídeo de los Javis chillando, lanzando cojines y haciendo llorar a concursantes para volver a OT 2017. La base apenas suena, no es la mejor canción de Sia para lucirse, pero ella se defiende, porque Natalia siempre lo hace bien. Y hoy no iba a ser distinto.

Les toca a Alba Reche y Carlos Right, que hacen lo que pueden con ‘Contamíname’, la canción de Pedro Guerra que el programa ha decidido convertir, según Alba, en un “reggaeton arábico”. “La Reche”, empieza diciendo Carlos. No hay abogados en este país ni memes de Pilar Rubio frente a una comisaría para denunciar que el programa les haga cantar esto. Después, Famous se comunica con su hermano en un vídeo: “Yo también. No. Me das besitos. No. Por fa. FENANDO”. Y Marta y Julia cantan ‘Love on top’, una de las peores actuaciones de la gala en la que vemos a una Marta decente y a una Julia deslucida.

Mientras, Twitter sigue ardiendo y alguien ha dado orden al jurado de actuar, de disimular lo reñidísimas que están las actuaciones a pesar de ese papel. Los Javis están haciendo horas extras en su primera semana de trabajo. Joe Pérez-Orive, nominado al Goya a peor actor revelación, exclama: “No estamos de acuerdo en muchas cosas. Deliberaremos ahí detrás a ver qué pasa”. Le falta buscar a Tinet entre el público y guiñarle los ojos un par de veces: “¿Así? ¿Lo he hecho bien?”

Roberto anuncia la expulsada, con la votación más ajuntada de OT2018. Se salva Marilia con un 50,2% de los votos y abandona la academia Noelia. De ser la favorita en la gala 0 a irse en la gala 7. Y como ha expresado poca soberbia en sus nominaciones, quiere dejarnos algo de autocrítica: “La competencia está fuera con los más grandes”. “He aportado un vozarrón que nadie se espera que salga de un cuerpo tan pequeño”. Esto es, precisamente, lo que ha acabado con su paso por el concurso. Porque OT no es solo un talent, es un reality. Y no gana solo el que mejor canta, sino el que mejor cae y el que más carisma tiene.

Los más votados por el público son Natalia, Famous y Sabela y es finalmente, (¡oh, sorpresa!) Famous el que se convierte en favorito. Roberto dice los porcentajes de cada concursante para resaltar que Famous es el que más votos había recibido con diferencia y que no era loco preveer, como ponía en ese papel de Brisa Fenoy, que, una vez cerradas las votaciones, sería su nombre el elegido. Otra maravillosa sobreactuación. En las últimas ediciones, el programa no ha revelado el porcentaje de votos de los favoritos, hasta hoy. Más transparencia que Cifuentes sacando el acta falsificada de su máster. Nos ha faltado un Periscope de Tinet desde su despacho a las dos de la mañana: “No me voy, me quedo, me voy a quedar”. Finalmente, el jurado propone para abandonar la academia a Miki, Carlos, Julia y Marilia; los profesores salvan a Julia y los compañeros a Miki.

La semana pasada, la productora les dijo fuera de cámara a los concursantes que Itziar Castro ya no era profesora. Cuando Noemí leyó el comunicado, algunos fingieron sorpresa. Otros no pudieron. Ya no son los fantasmas de Amaia, Aitana y Ana Guerra en la memoria de los espectadores los que persiguen al programa. Es la propia productora, con decisiones radicales y sobreactuaciones, la que está rompiendo la magia de un programa que era verdad. Y el problema es que se acaba otra gala y, ocho miércoles después, recordamos más polémicas que actuaciones memorables. OT no puede dejar de ser televisión para ser teatro. Y eso no lo pueden arreglar los Javis.

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