Análisis Vertele Guía para entender a los descarados Rick y Morty: ¿por qué gustan tanto?

Rick y Morty
Rick y Morty

Tras el estreno de su tercera entrega, examinamos la cuanto menos irreverente ficción de animación para adultos. Nuestro objetivo, dilucidar el secreto de su éxito

Probablemente sea seguidor o al menos haya oído hablar del fenómeno que Justin Roiland y Dan Harmon (Community) crearon para Adult Swim: Rick y Morty. La animada invención continúa imparable desde su nacimiento en diciembre de2013. La tercera temporada llegó a TNT España el pasado 29 de septiembre, un año y medio después de su antecesora, y lo hizo con exitoso resultado.

La espera no ha mermado en absoluto el anhelo de sus simpatizantes por la nueva tanda de capítulos, hecho que se ha traducido en unos nada despreciables índices de audiencia en EEUU que casi han provocado, en palabras de Harmon, la luz verde a una cuarta entrega. Ante estos resultados, no queda más remedio que rendirse a la evidencia y preguntarse qué es lo que tiene esta serie que le ha valido hasta una intro personalizada en el mismísimo salón de Los Simpson.

Un 'Regreso al futuro IV' con mucho más alcohol (spoilers)

Pero mejor empecemos por el principio: ¿de qué va Rick y Morty?

Dos décadas de locuras siderales después, el científico Rick Sánchez regresa a casa de su hija Beth para instalarse en el garaje e iniciar una extraña convivencia de amor/odio con la familia de esta: el pardillo de su esposo, Jerry Smith, y sus nietos Summer y Morty.

Será en este último en quien ponga su atención el cínico fenómeno: un ingenuo preadolescente con menos luces que un apagón. La razón, como el propio chaval descubrirá episodios después, reside precisamente en su encefalograma plano; un gasto innecesario de oxígeno que Rick averiguó que contribuía a disimular sus propias ondas cerebrales, de una inteligencia muy por encima de la media. Algo realmente útil para él ya que su intención pasa por continuar con su cruzada cósmica sin ser rastreado por aquellos extraterrestres de quienes pretende mofarse.

Así que, naturalmente, lo utiliza como compañero en unas (des)aventuras que producirán toda clase de sensaciones en el pobre Morty salvo la de querer seguir formando parte de ellas. Por si esto fuera poco, además de vanagloriarse de ser una especie de Sheldon Cooper pero sin escrúpulos, el personaje de Rick también bebe más que eructa -que ya es decir- y se enchufa toda clase de sustancias psicotrópicas que le granjearán más de un viaje intergaláctico -nótese el doble sentido-.

Como los propios creadores explicaron en su momento, Rick y Morty debe su alumbramiento a un cortometraje presentado por Roiland en el festival de cine Channel 101: Doc and Mharti, que consistía en parodiar a los protagonistas de Regreso al futuro. Sin embargo, no es la única influencia que vemos en la ficción, aunque sí la más clara, pues también apreciamos obvias similitudes con sus homólogos en televisión -por ejemplo, Morty es Meg en Family Guy, Steve en American Dad, Zoidberg en Futurama y Lisa en The Simpsons-, y otros referentes de la cultura audiovisual como Doctor Who e incluso Hora de Aventuras.

Esos (malditos) dibujos

El tipo de animación de esta comedia negra es tan duro como algunos de sus contenidos. Recuerda a Vaca y pollo y Agallas, el perro cobarde; de un grafismo explícito que daña la vista. Los secundarios episódicos rayan los límites de lo dantesco, llegando algunos a tener hormigas vivas correteando por sus cuencas oculares en todo momento.

Rick y Morty
Rick y Morty

En definitiva, unas imágenes sin filtro, excesivamente explícitas en ocasiones e incluso algo desagradables de ver -¡Deja de escupir cada vez que eructas, Rick!-. Aunque haciendo honor a la verdad, ya advierten que la ficción de Roiland y Harmon no es, en absoluto, para niños ni otras mentes sensibles. En la serie se representan directamente el sexo, el empleo de estupefacientes, la violencia a nivel experto, y después está el ya citado aspecto animado, que resulta un tanto tosco -por ejemplo, al esbozar diminutas manchas como pupilas en vez de la clásica circunferencia-. Aunque, por supuesto, la animación forma parte del juego.

Dicen que sobre gustos no hay nada escrito, pero las imágenes redondeadas y normalmente parcas en detalles como la de los habitantes de Springfield y American Dad, por citar algunos ejemplos, reducen la distracción visual y permiten centrarse más y mejor en la clase de humor, que en términos generales parte de la misma base... aunque ninguna llega tan lejos como el de este par de parientes.

Humor no apto para todos los estómagos

Precisamente, hablando del tipo de humor: Rick y Morty no se cortan un pelo, especialmente Rick. El tipo de gracietas empleadas en los 22 minutos de media que dura cada episodio son, como no podía ser de otra manera, más negras que el alma del científico chiflado. A fin de cuentas, para ser políticamente correctos ya existen otras ficciones, debieron de pensar sus creadores. E hicieron bien.

El lenguaje del científico haría palidecer al mismísimo Jon Oliver (Last Week Tonight), donde a lo más fino que sale de su boca le acompaña la coletilla que alude a la succión explícita de sus partes pudendas. En la serie, las palabrotas están a la orden del díay no hay cabida para la censura.

No hay límites; contenidos que invitan a la reflexión

Rick y Morty -más Rick que Morty, porque Morty es un desgraciado- se ríen absolutamente de todo. Tres temporadas dan para mucho, y más en una serie tan llena de crítica social como la que ahora se examina. Porque esta no es, en absoluto, una ficción vacía. Si se detiene a leer entre líneas descubrirá una nueva realidad en la que los protagonistas se carcajean y desmontan con mofa cuestiones existencialistas tan arraigadas en nuestra creencia del tipo "Dios no existe, Summer. Es mejor que te lo diga ahora. Más tarde me lo agradecerás" (Rick); filosóficas: "Nadie existe a propósito. Nadie pertenece a ningún sitio. Todos vamos a morir... ven a ver la tele" (Morty); y emocionales: "Lo que la gente llama 'amor' es solo una reacción química que hace que los animales se apareen" (Rick).

Tampoco se frena a la hora de cargar contra el sistema educativo: "La escuela es una pérdida de tiempo. Un tío al frente que dice "dos más dos" y los de atrás que responden "cuatro". Luego suena la campana y te dan un pedazo de cartón que dice que puedes ir al baño. No es un lugar para gente inteligente" (Rick); o las tradiciones ancestrales: "Las bodas son básicamente funerales con pastel. Si quisiera ver a alguien echar a perder su vida pasaría todo el día con Jerry" (Rick).

Roiland y Harmon plantean una crítica abierta al mundo; una revolución de pensamientos. No hay muros para las locuras, ni para el humor, ni para poner sobre la palestra cualquier cuestión moralmente compleja... y despedazarla sin piedad. Agresiva, gamberra, elocuente y completamente ida de olla; así es Rick y Morty, que con cada capítulo recuerda, haciendo un elegante uso de la ironía, lo insignificante y absurda que es la humanidad mientras hace un chiste de esta. Pero al menos, esta vez de los buenos.

Llegados a este punto solo queda una cosa por decir: ¡Larga vida a Abradolf Lincler!

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