Opinión Niños sin tele

Reproducimos por su interés un artículo de Raúl del Pozo que publica hoy el diario El Mundo

El Gobierno y las teles han firmado el acuerdo para regular los contenidos en horario infantil. Es el regalo de Navidad para los pequeños. Habrá horario protegido de 6 a 22 horas.

Lo ha decidido un comité de autorregulación con operadores, productoras y periodistas, bajo el vergajo del Gobierno que se mete en el trabajo de los curas.

No digo que la telebasura con sus busconas de Cúchares, las peleas de prostíbulo en el zoco de proxenetas y garrocha mediática para linchar contribuyentes, sea la pedagogía idónea para los niños; harían falta leyes para salvar los honores, los cuernos y para protegernos de la calumnia, pero esa ordenanza de las viejas caras de Bélmez, con la teleplastia de Arias Salgado, es un fenómeno paranormal en democracia.

A los mayores nos jodieron en la dictadura y ahora quieren joder a los chiquillos de la democracia. Nosotros, de galopines o guachos, apedreamos a los perros, tocábamos el culo a las chicas, y entonces no había televisión, ni consolas, ni telebasura, ni dibujos japoneses que nos incitaran a la violencia; leíamos el catecismo, la Historia Sagrada, Don Quijote y La isla del tesoro; pero nos gustaban los desalmados yangüeses, los malvados cuadrilleros, los rebuznos de Sancho Panza, los manteos, los piratas que degollaban a los enemigos después de emborracharse en la cuba de ron con caimanes dentro para que el licor tuviera mejor sabor. Y no todos hemos salido gilipollas.

Vivimos una época de moralismo, de falso progresismo, de basura ideológica. Los niños saben muy bien que el sexo excede a todo el vocabulario de Rojas Marcos y es algo más emocionante que lo que practica Yola Berrocal. En la plenitud de los niños esclavos y los niños prostitutos, cuando cien millones de chavales se mueren de hambre sin agua, los educadores y los políticos tienen miedo de que Alicia viaje sin permiso de mamá. Frente al aviso de Marx de que la razón tronará en su cráter, la razón no truena; lo que gorjea es la pedagogía moralista, es decir la falsa ideología.

En la conjura de la mordaza participan políticos, padres y periodistas.Lo dijo María Elena Wals en su País Jardín: la mayoría de los informadores son moralistas y, a veces, se alían con censores capaces de incinerar las Memorias de Groucho Marx. «La censura existe desde que tenemos uso de razón y sobrevive a todos los gobiernos y renace siempre de sus cenizas.

Todos tenemos un lápiz rojo y una descomunal gana de borrar ya incrustada en el cerebro».Yo me pregunto, si los pequeños monstruos consumen historias de madrastras-harpías, ¿se van a asustar porque el hijo de Esteso venda el piso de su madre moribunda?, si se enganchan con los cuentos donde las brujas se comen a los niños y padres que abandonan a sus hijos en el bosque, ¿se van a traumatizar por ver cómo Eva Nasarre abandona a su hijo en la casa del padre sobrero?

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