CRÍTICA VERTELE - En el MiM Series Ya hemos visto Vivir sin permiso: una serie caciquil que suministra al público lo que quiere

Álex González y José Coronado en Vivir sin permiso
Álex González y José Coronado en Vivir sin permiso

Analizamos el primer episodio de la nueva serie creada por Aitor Gabilondo y protagonizada por José Coronado. Estamos ante un producto bien manufactorado, dirigido con estilo e interpretado con solvencia, que sabe hasta dónde debe transgredir

"Cuando se piensa una serie en abierto, por experiencia sabes hasta dónde puedes llegar en cuanto a violencia o sexo. Evidentemente, al ser una serie con narcos hay violencia, pero estamos hablando de una historia de conflictos dentro de una familia. Pero no negociamos los contenidos: más que eso, ponemos las cosas encima de la mesa, leemos y sabemos hasta dónde llegar para tener al máximo público posible sin prostituir la historia ni el género", comenta Arantxa Écija, directora de contenidos de ficción de Mediaset durante la presentación de Vivir sin permiso (Aitor Gabilondo, 2017-¿?) cuando se le pregunta por el grado de permisividad que Telecinco aprueba para las que aspiran por envergadura y expectativas a ser su alfil en la programación.

Las credenciales no dejan duda de las elevadas aspiraciones: una reunión del tridente de El Príncipe (Aitor Gabilondo, 2014-2016) que formaron su guionista y productor ejecutivo y sus dos primeras espadas del reparto, José Coronado y Álex González, y una trama que vuelve a huir de centralismos para adentrarse en el submundo criminal diseminado por las costas gallegas. Tras el fenómeno que supuso aquella, Vivir sin permiso parece haberse ganado la venia para llegar más allá, para ahondar en corruptelas y fechorías sin necesidad de limarlas como aderezo de una trama de amor imposible.

Desde el comienzo, la primera producción de Alea Media se presenta con una contundencia propia de quien tiene la confianza de su patrón. En la primera secuencia, contemplamos cómo Luis Zahera y un compinche anclan bajo el mar abierto a un socio traicionero de Nemo Bandeira. Mientras vemos al inminente cadáver hundirse en lo profundo de las Rías Bajas, pasamos por corte neto al rostro de un Coronado en la piel de Nemo Bandeira, cuyos recuerdos, se sumergen para siempre diagnosticado de alzheimer.

La transición entre ambas escenas resulta no solo sugerente, sino inspirada, al enlazar los ejes sobre los que bascula la historia: un individuo que vela su pasado delictivo tras una identidad de respetable empresario; pero que a la vez, se aboca a perder toda esa memoria de quién fue, en una lucha inasequible contra la enfermedad.

Los mecanismos narrativos han sido bien engrasadosen torno a la figura del patriarca y quienes orbitan a su alrededor y, por más que los 78 minutos de duración (esta es ya una guerra pírrica) jueguen en su contra, avanzan con una fluidez modélica durante este episodio inaugural. En buena medida, eso es posible porque se ha sabido representar el mapa del universo de Oeste, comarca ficticia de la que Nemo actúa como cacique. Su carácter irreal funciona para excusar la mezcolanza de acentos que chirriaba sobre el papel: los intercambios entre Coronado, Zahera, Giulia Charm o Alex Monner hacen pensar en entornos geográficos difusos, indeterminados, alejados de lo que sería una representación de Galicia más fidedigna.

Álex González y José Coronado en "Vivir sin permiso"
Álex González y José Coronado en "Vivir sin permiso" Telecinco

De nuevo, esta decisión de Gabilondo es una muestra de convicción sobre el proyecto, que funciona casi por oposición a El Príncipe. Alejado de cualquier pretensión (o insinuación) de reflejar una realidad concreta como ocurría con su antecesora, Vivir sin permiso apuesta por idealizarla, por fantasear a partir de unos referentes ineludibles pero tan problemáticos como los del narcotráfico.

Estamos ante un producto bien manufacturado, dirigido con estilo por Marc Vigil, interpretado con solvencia (que la majestuosa tercera edad recién asumida por Coronado no nuble la atención al arrollador trabajo de Claudia Traisac como su hija bastarda y al de Luis Zahera como mano derecha) y, sobre todo, pensado para el público mayoritario al que se dirige. Las dosis de violencia serán las justas para no repulsar después de cenar; la cuota de erotismo, la necesaria para asegurar la atención. La transgresión está controlada, en el punto justo para atraer sin miedo a expulsar a nadie. Como haría un buen cacique, quiere el apoyo de todos, y a todos dará algo a cambio.

Vivir sin permiso sabe adónde quiere llegar. Parece lógico que lo conseguirá.

*Vivir sin permiso aún no tiene fecha de estreno en Telecinco. Su primer episodio fue proyectado en la Cineteca de Madrid, durante la primera jornada del V Festival MiM Series

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