Opinión Voy a ser claro: un Consejo Audiovisual es una solemne gilipollez

(Obsérvese la tachadura, sucedáneo del hipócrita piiiiiiip televisivo)

Hace días escribí en estas páginas un artículo titulado: “LA INUTILIDAD DE LOS CONSEJOS AUDIOVISUALES”, en el que defendía la tesis que su propio nombre indica. El señor Alejandro Perales, presidente de la Asociación de Usuarios de la Comunicación (AUC), respondió a mi artículo con otro titulado “¡A LA ANARQUÍA POR LA ELECTRÓNICA!”.

Vaya por delante mi agradecimiento al señor Perales, porque es bueno que se publiquen en Vertele, o donde sea, diversas opiniones contrastadas sobre todos aquellos temas que nos interesan a los profesionales de la televisión.

La pena, señor Perales, es que en su artículo, usted habla demasiado de mí. Por descontado que es libre de escribir lo que quiera, pero pienso que lo que nos interesa a todos, no es saber si yo le caigo menos simpático ahora que cuando cantaba en la Trinca, sino dilucidar si nos van a endiñar un Consejo Audiovisual Español y, en caso de que sea inevitable, qué sentido tiene en el año 2005, para qué serviría, qué atribuciones tendría y si a nuestros gobernantes les interesa saber nuestra opinión al respecto.

Resumiendo un poco su artículo, usted piensa que yo predico, en nombre de las personas “situadas en mi trinchera” (como usted dice), que no debería existir ningún tipo de leyes, para que así el mundo audiovisual sea una anarquía y yo pueda seguir haciendo lo que me dé la gana y llevar la televisión por los terrenos de la degradación actual, de la cual yo soy uno de sus máximos responsables… o algo así. Afortunadamente, no me llama usted demonio, ni terrorista de Al Quaeda, ni ninguna de esas lindezas similares que ahora se estilan.

No voy a entretenerme en discutirle el grueso de la opinión que tiene usted sobre mí, pero si que voy a repetir una vez más que deseo fervientemente que haya una legislación sensata, lógica, clara y fácilmente aplicable que regule la actividad televisiva.

Para empezar, me parece extraordinariamente indefinida la Directiva Europea de la TV sin Fronteras de 1994 que usted, señor Perales, y muchas personas “situadas en su trinchera” citan constantemente, sin entretenerse en analizarla como sería conveniente y deseable.

Éste es el texto del tan cacareado artículo de la Ley 25/1994 de Protección del Menor:

Ley de TV sin Fronteras - CAPÍTULO IV

Artículo 17. Protección de los menores frente a la programación.

La emisión de programas susceptibles de perjudicar seriamente el desarrollo físico, mental o moral de los menores y, en todo caso, de aquéllos que contengan escenas de pornografía o violencia gratuita, sólo podrá realizarse entre las veintidós y las seis horas.

Vamos a desmenuzar su contenido como es debido:

• Lo de “PERJUDICAR SERIAMENTE EL DESARROLLO FÍSICO DE LOS MENORES” lo he estado pensando y solo se me ocurre que pueda referirse a fomentar la anorexia, los malos hábitos alimentarios o excesos similares.

• En cuanto a “PERJUDICAR SERIAMENTE EL DESARROLLO MENTAL O MORAL DE LOS MENORES”, que es la parte de la ley que más suele citarse, es un concepto tan subjetivo, pero tan enormemente subjetivo, que dejar su interpretación al albedrío de un Consejo Audiovisual nos llevaría de nuevo a comités de censura ética y moral que podrían acabar regulando el tamaño del escote de las presentadoras. Nótese que la indefinición del concepto es doble. Una vez se logre consensuar cuales son los contenidos que pueden llegar a perjudicar el desarrollo mental o moral de los menores, habrá que calibrar en qué momento empiezan a perjudicarlo ‘SERIAMENTE’, ya que es precisamente esta extrema gravedad lo que la normativa prohíbe.

• Y respecto a los programas que contienen escenas de PORNOGRAFÍA O VIOLENCIA GRATUITA, las televisiones generalistas jamás los emiten en horario infantil, ni prácticamente en ningún otro horario. En cambio, Digital+, interpreta la ley en el sentido de que, si la pornografía y la violencia no son gratuitas, sino de pago, ya no representan ningún problema y por eso mantiene abierto el Canal Playboy y las taquillas porno, porno duro y porno gay las 24 horas del día. (es un chiste, señor Perales).

Como ve, la Ley de la Protección de Menores de 1994 es tremendamente subjetiva. Es como si el código de la circulación dijera: “Los conductores deberán circular con prudencia y mantener una velocidad moderada que no constituya un serio peligro para la seguridad de los demás vehículos”. Con una ley así, los policías de tráfico impondrían las multas a su antojo, lo cual no es lo más deseable ¿verdad?

Por esa misma subjetividad, lo de la autorregulación que ahora el Gobierno del señor Zapatero pretende endosar a los operadores es lo que coloquialmente suele llamarse una “patata caliente”. Más que una autorregulación, lo que les plantea es una invitación a la autocensura, pero sin aclarar las reglas del juego. Sería mucho más práctico que les dijera: “Esto se puede hacer, esto no se puede hacer” y los que elaboramos los programas cumpliríamos las normas a rajatabla y todos tan tranquilos.

Pero toda esta disertación anterior sólo es para dejarle claro que yo no predico la anarquía, sino todo lo contrario, y no tiene nada que ver con el debate propiamente dicho sobre los Consejos Audiovisuales.


¿PARA QUÉ PUÑETAS SIRVEN LOS CONSEJOS AUDIOVISUALES?

Lo que yo mantengo es que los Consejos Audiovisuales son unos organismos costosos, farragosos, inútiles y fastidiosos. Pero ya que ni el señor Perales, ni nadie, nos cuenta para qué puñetas sirven, se lo voy a contar yo. Sirven:

1) Para dar protagonismo a algunas docenas de políticos.

2) Para dar trabajo a varios centenares de funcionarios.

3) Para consumir anualmente muchos millones de euros de recursos del estado.

4) Para duplicar una labor que ya realizan eficientemente los jueces y otras administraciones estatales existentes.

5) Para dar cancha a algunos mentecatos que antes solían escribir a la sección de “Cartas al Director” sus quejas sobre lo que no les gustaba de la tele.

6) Para tocar las pelotas, basándose en todo lo anterior.

Y lo voy a ilustrar con un ejemplo práctico. El Consell de l’Audiovisual de Catalunya lleva bastante tiempo funcionando y veo a muchos como usted, señor Perales, que van por ahí alborozados cantando sus alabanzas y asegurando que es el modelo perfecto por si algún día llega a ponerse en marcha un Consejo Audiovisual Español.

Pues bien, el texto que sigue a continuación es la traducción del catalán del expediente de una de sus últimas actuaciones magistrales. Está sacada del registro oficial que mantiene el CAC en su página web.

http://www.audiovisualcat.net/box42.html

Quiero hacer constar que he escogido esta sentencia al azar. Es una de las últimas. Si entran en esta dirección de Internet encontrarán el resto de expedientes del CAC de toda su historia. Podrán comprobar como la inmensa mayoría de ellas ofrece la misma imagen desoladora de absoluta pérdida de tiempo y despilfarro absurdo de fondos públicos. Ésta es la trascripción exacta del expediente:

CONSELL DE L’AUDIOVISUAL DE CATALUNYA

DECISIÓN 39/04

Asunto: Anuncio Renault Espace

1. El mes de julio de 2004, dos personas formulan una reclamación al CAC. Las personas reclamantes consideran intolerable que, para anunciar un coche, se tenga que introducir una pecera dentro de un microondas...

2. Se localiza una emisión del anuncio objeto de reclamación, que tuvo lugar el 6 de julio de 2004 a las 14:28 en TV3.

3. El anuncio muestra imágenes de una mujer que está cocinando mientras ve la televisión. Concentrada en lo que mira, coge una pecera con dos peces y la introduce en el microondas. A continuación, una voz en off dice: “Si te la encuentras en la carretera, mejor que vayas en un Renault Espace, el coche más seguro de su categoría”

4. El Pleno del Consell de l’Audiovisual de Catalunya, a propuesta de la Comisión de Contenidos, en la reunión que ha tenido lugar el 22 de septiembre de 2004, con la deliberación previa y por unanimidad, y de acuerdo con lo que establece la letra f del artículo 10 de la Ley 2/2000, de 4 de mayo, emite la decisión siguiente:


El Consell desestima las reclamaciones porque entiende que la escena susceptible de herir la susceptibilidad de las personas teleespectadoras va acompañada de una sobreimpresión donde se indica que es “Ficción publicitaria”, por lo cual, las personas pueden percibir que es una secuencia exagerada y ficticia, con la finalidad de corroborar el mensaje publicitario.

5. El Consell acuerda comunicar esta decisión a las personas interesadas y a Televisió de Catalunya (TV3).

Barcelona, 22 de septiembre de 2004

El presidente

Francesc Codina i Castillo

No puedo más que felicitar al Consell de l’Audiovisual de Catalunya por su actuación en esta decisión. Su labor fue de una total eficacia y su juicio final, irreprochable. Pero, por muy eficiente que sea el CAC resolviendo estas estrafalarias reclamaciones, lo que este expediente demuestra a las claras, es que el CAC es un organismo perfectamente prescindible, donde unas personas inteligentes y sensatas pierden miserablemente el tiempo realizando labores absurdas y totalmente superfluas, como todos los Consejos Audiovisuales del mundo.

Lo siento, señor Perales, pero el Estado no tiene por qué atender las neuras de cuatro telespectadores intransigentes y desocupados que se entretienen en consumir recursos públicos dando trabajo a los voluntariosos miembros del Consell de l’Audiovisual de Catalunya con sus esperpénticas quejas.

Comprobar como un organismo público, invierte seriamente su tiempo, sus esfuerzos, su buena voluntad y su presupuesto, llevando a cabo búsquedas de cintas, deliberaciones previas y reuniones en pleno, para dictaminar qué debe responderse a esos jacobinos telespectadores que consideran intolerable la visión de una escena de ficción donde se muestra una pecera en un microondas y pamplinas similares, es sencillamente aberrante.

Y montar y financiar costosos y farragosos organismos públicos como los Consejos Audiovisuales para dedicarse a atender estas ridículas reclamaciones es una gilipollez. He dicho de nuevo gilipollez, palabra poco usual en el vocabulario de una persona fina y educada como yo, pero estoy escribiendo este artículo en plena ofuscación propia de un momento de indignación. Y es que la lectura de la sentencia anterior del CAC me subleva.

Esto es lo que yo pienso, señor Perales. Le reto amablemente a que me convenza de lo contrario con argumentos que no hablen de mi. Ya ha visto que yo no he hablado de usted ni de su organización, a quien recomiendo que, en vez de mirar la televisión cronómetro en mano, a ver si nos pillan en falta y pinchamos el rótulo con la palabra “publicidad” unos segundos tarde, se relajen y disfruten con nuestros programas.


¿CIENCIA FICCIÓN?

El CAC moviliza a más de 80 personas y maneja para sus menesteres una cantidad indefinida de recursos públicos (edificios, despachos, funcionarios, informática, gastos de estructura, etc.) y un presupuesto de gastos externos que se acerca a los 8 millones de euros y que este año se ha incrementado en un 7,45% (más del doble que los convenios colectivos ¿no?).

Si se supone que en España acabaremos teniendo un Consejo Audiovisual para cada televisión autonómica (caso único en Europa), más un Consejo Audiovisual Estatal que tendrá que ser mucho más amplio (¡faltaría más!), nos encontraremos de repente con una costosísima megaorganización intrarregional de unos 1.500 políticos y funcionarios, dedicándose en cuerpo y alma a vigilar y controlar todo lo que hacemos los de la tele… Y con la aparición de nuevas licencias de cadenas de televisión y de la Televisión Digital Terrestre y de la televisión por ADSL, cada vez existirán más y más cadenas y tendrán que poner a más y más funcionarios a visionar y clasificar y juzgar y tolerar y reprobar todo lo que se emite… Y encerrarán a miles y miles de visionadores en cabinas alineadas, redactando miles y miles de deliberaciones previas… y los Consejos se reunirán en sesión permanente en agotadores turnos de mañana, tarde y noche… y llegará un momento en que habrá incluso más gente controlando que emitiendo… ¡Es muy angustioso!… Parece el argumento de una película de ciencia ficción: ‘La invasión de los controladores mutantes’.

Bromas aparte, es cierto que pueden haber nuevas licencias, que la Televisión Digital Terrestre está a la vuelta de la esquina, que la televisión por ADSL es ya una incipiente realidad y que, dentro de muy pocos años, los hogares españoles van a recibir centenares de canales digitales con todo tipo de temáticas.

En 2 o 3 años, la avalancha de contenidos diversos y plurales a los que tendrán acceso los europeos desde su mando a distancia será tan amplia, que hará que los organismos de control queden totalmente obsoletos por pura incapacidad material de controlar la cantidad de oferta existente. Los Consejos Audiovisuales ya existentes deberán disolverse o bien orientar sus funciones hacia otras misiones totalmente distintas del control de contenidos.

Un Consejo Audiovisual en el 2007 o el 2008, será como el ‘Equipo A’ tratando de cerrar con alambradas la jungla africana, o sea, una labor inútil y patética.

Si les gustan las metáforas (¿o son símiles?), ahí va otra: Poner ahora en pie en España un Consejo Audiovisual es como empezar a jugar un partido cuando ya se está terminando el descuento de la prórroga. O sea: Una solemne gilipollez. Y perdonen de nuevo la expresión, pero es la que define mejor lo que intento expresar.


¿CONTROL ESTATAL O DEMOCRACIA AUDIOVISUAL?

Pero, por otra parte, es el momento perfecto para buscar otra alternativa. El gobierno del señor Zapatero debería reflexionar si España, en vez de ser el último país de Europa en poner en pie unos organismos que se inventaron cuando en cada país sólo había 2 o 3 canales y la televisión se veía en blanco y negro, no debería ser el primer país de Europa en crear un nuevo sistema de regulación con el que enfrentarse a la futura sociedad digital, la sociedad de la multioferta televisiva, de la amplia pluralidad de contenidos, de la libre elección, la sociedad donde el control estatal sea sustituido por la democracia audiovisual. Y eso se hace promulgando unas leyes televisivas avanzadas, claras, modernas y fáciles de aplicar y dejando que sea la propia sociedad quien se autocontrole, utilizando, claro está, los mecanismos que siempre ha tenido la sociedad para castigar a quien incumple las leyes, es decir: sanciones administrativas y querellas judiciales.

En esa línea, el señor Zapatero, siempre tendrá a los profesionales de la televisión a su lado. Pero me temo que, antes, deberá ir cambiando a sus torpes asesores televisivos. A la vista del panorama actual, parece obvio que los que le han guiado hasta ahora en el proceloso mundo de los medios audiovisuales, en vez de buscar soluciones a los problemas existentes, se han dedicado a crear nuevos problemas justo donde no los había.

Lo único cierto es que hemos perdido un año y estamos peor que al principio.

Josep M. Mainat

Director General de Gestmusic Endemol

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