Entrevista Vertele

El paparazzi Sergio Garrido, de caza en Cuatro: “El límite lo pone el personaje”

Misión Exclusiva

Eider Calvo

Esta noche llega a Cuatro Misión exclusiva. Realizado en colaboración con Producciones Mandarina, este programa sigue el día a día de Sergio Garrido, un conocido paparazzi a la caza de las celebrities en las costas de Ibiza para captar la exclusiva del verano.

Misión exclusiva constituye uno de los principales estrenos de la cadena de Mediaset para el nuevo curso junto a Me cambio de apellido, España mira a La Meca y Mujeres al poder. De la mano de Garrido, “el paparazzi más caradura del mundo” según sus propias palabras, descubrimos algunos detalles del nuevo formato y de su arriesgado oficio. Pero no estará solo, pues en su aventura laboral le acompañan Héctor Domínguez y Sergio Cazorla, los encargados de captar en vídeo y audio todo lo que suceda en la isla balear.

¿Cómo te llega la idea de hacer Misión exclusiva

Llevo casi ocho años en este oficio; soy paparazzi 2.0, de la nueva generación. Y desde el minuto uno en el que empecé la profesión pensé en hacer este proyecto; grabarme y mostrar cómo llego al famoso, cómo le hago las fotos y cómo este queda conmigo. En definitiva, cómo se hace esta profesión.

El año pasado grabé un piloto con Mandarina de diez días. Al verlo, Mandarina quiso producirlo junto a Mediaset, así que empezamos a trabajar.

El programa de Cuatro ha estado siguiendo tu trabajo en Ibiza. ¿Dirías que has tenido una estancia ajetreada en la isla?

Ajetreada, no: los dos meses de grabación han sido brutales. Mucho trabajo, mucho famoso... un no parar. En el programa se verá. Para mí los momentos pasados en Ibiza han sido brutales. Y que conste que estoy acostumbrado a trabajar en Ibiza, pero no sé cómo lo hago que cada año se trabaja más y es más duro.

Ahora, con Misión exclusiva

Si te digo la verdad, el primer día me sentía raro con una cámara todo el día detrás de mí, pero al segundo día me olvidé. A fin de cuentas, he estado haciendo el trabajo que suelo hacer: el día a día en Ibiza, buscar famosos, encontrarlos, hacerles fotos... y lo sigo haciendo.

Es decir, a mí no me ha perjudicado que hubiera una cámara observándome en ningún momento para hacer mi trabajo. Al revés, lo hacía con más cariño, más entusiasmo y más todo.

En el avance de Misión exclusiva

El ser caradura no quiere decir que sea un maleducado. Con caradura me refiero a que me acerco a un famoso y hablo con él con mucha tranquilidad. No soy conflictivo, lo que quizá es distinto a paparazzis un poco más activos. Procuro no tener problemas: no entro en peleas, no provoco...

De hecho, si tengo que dejar un tema porque incomoda un poco al personaje, lo dejo. A mí no me gusta hacer lo que no quiero que me hagan. Esta es la máxima en mi vida y siempre la llevaré hasta el final. Hay paparazzis que van al límite, pero yo nunca he llegado a eso. Siempre guardo respeto al personaje; es más, gracias a eso hay muchos famosos que son amigos míos.

Pese a ir con cautela, ¿consideras que tu oficio es una profesión de riesgo?

Por supuesto. De mucho riesgo. Aunque también depende de hasta dónde llegues. Yo, por ejemplo, arriesgo más en conducción, en ir barco y en correr por la playa que el que pueda tener con un personaje.

La gente famosa cuando va a Ibiza sabe a lo que va. Saben que van a una isla en la que hay muchísimas cámaras, y la mayoría no se esconde.

Entonces, ¿muchas veces es el famoso el que busca al paparazzi para que le fotografíe?

Te diría que en un 50%. Puedo asegurar que hay famosos y famosas muy grandes que van a Ibiza y no consigo hacerles fotos, y eso que les tengo ubicados. Es decir, quien quiere que no se le hagan fotos, no se le hacen ni en Ibiza ni en ningún lado.

Teniendo en cuenta tu bagaje, ¿qué dirías que define a buen paparazzi?

A un buen paparazzi le define la constancia, el trabajo y la información. Esto último es lo más importante.

¿Hay algún gremio de famosos en particular que sea más difícil de captar que otro? ¿Se dejan ver más aquellos surgidos del universo de la farándula?

No lo hay. Hay cantantes que son más escurridizos, los que lo son menos; actrices y actores que se exponen un montón, y los que son más escurridizos. No existe una estadística real de eso. Con los futbolistas pasa más de lo mismo: por ejemplo, Messi está muy tranquilo cuando le sacan fotos en un barco con su familia, aunque te sitúes incluso a 20 metros de él; es que ni te mira. Pero si te acercas a 20 metros de Cristiano Ronaldo te suelta a un escolta.

¿Cuál es la anécdota más curiosa que te ha pasado a lo largo de los años en la profesión?

A mí me gusta mucho una anécdota que tengo con Will Smith. Iba detrás de él y de repente frena, se baja de la furgoneta y se me pone a hablar en español preguntándome qué es lo que quería. Le contesté que quería hacerle fotos en la playa y me dijo que le siguiera. Así, le seguí hasta la playa y posó para que le hiciera fotos. Se le tiraba la gente encima allí; fue increíble.

Me llamó mucho la atención que actuara de esa manera porque la verdad es que es un tío que es la leche, y de los que más ilusión me ha hecho hacerle fotos. Además, demostró ser súper cercano. No me lo esperaba.

A menudo, el trabajo de un paparazzi se encuentra muchas veces al borde de esa fina línea que separa el derecho a la información del de la intimidad del personaje al que se le fotografía. ¿Dónde consideras que está el límite?

Para mí el límite lo pone el personaje; en cuanto levanta la mano o le noto molesto, paro. Yo no lo puedo poner, salvo en el sentido de que nunca entraré dentro de una villa o cualquier otro recinto privado. Pero si está en la playa y me da su bendición...

Por otra parte, la mayoría de las veces procuro que no me vean, pero hay veces que ocurre y, de hecho, en esas ocasiones muchas veces los famosos se activan y se van a bañar, hacen el pino puente... lían una en la playa que no veas. Lo que tengo claro es que, como decía, respeto mucho al personaje y eso en el programa se va a ver.

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