Comentario

¡Adiós, Sardà!; ¡hola, Lucena!

Efectivamente, echaremos en falta a Xavier Sardà. O mejor dicho, ya lo estábamos echando en falta, pues el último Sardà, ese que blandía el número de espectadores como si fueran los nunchakus asesinos de Bruce Lee, no era nuestro Sardà, que nos lo habían cambiado. “Necesito dar un parón y desintoxicarme...”, confesaba recientemente el conductor de Crónicas marcianas.Claro, Sardà ha abusado del share pulverizado, una droga hecha a base de índices de audiencia machacados y altas cuotas de publicidad; un opiáceo del que ya habíamos hablado en alguna que otra ocasión, y cuyo consumo desaforado finalmente le ha pasado factura. También la vida ha hecho lo suyo y el resultado es la falta de ilusión. Por eso ha decidido tomarse tiempo.

Hace bien, él que puede. En cualquier caso, su marcha deja tras de sí un vacío insustituible que los jefazos de las cadenas ya se estarán apresurando a sustituir. Su ausencia mueve ficha en la noche televisiva. Crónicas... era la piedra sobre la que se construía buena parte de la programación de Tele 5 y una referencia para los demás. Antes o después tendrán que encontrar un sustituto. Pues nada, ahí va una modesta propuesta. Hubo una vez un crítico fascinado por un jovencito Bruce Springsteen que dijo de él: “He visto el futuro”. Uno no diría lo mismo la primera vez que ve a Enric Lucena. Si acaso, todo lo contrario. Pero hay que reconocer que, si se le da tiempo, se descubren en él frescura e imaginación (además de un peinado imposible). Su magazine 52 (Localia), dirigido por Pau Escribano, ofrece un perfil freakie indiscutible, algo que ya se destacó aquí. Pero hay que insistir un poco y entonces se aprecia toda su originalidad. Sobre todo, cuando se apoya en sus especialistas secundarios o aparece Mireia Portas, una especie de Andy Kaufman a la catalana, poseedora de un humor lento y contemplativo pero, a la postre, poderoso y efectivo como pocos. Un crack de chica, esta Mireia... No sé, lo digo por si andan buscando.

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