Crónicas Marcianas Ahí queda eso

Marcos Morales escribe en el diario "La Razón" sobre la despedida de Javier Sardá

Desde que Javier Sardá anunció hace ya unos meses su marcha, «Crónicas marcianas» se había convertido en una eterna despedida que quedó el jueves por fin finiquitada. Como el periodista recalcó, de su programa se han dicho muchas cosas, algunas buenas y algunas muy malas. A estas alturas, bueno sería reconocer que es precisamente eso su mayor mérito. «Crónicas…» ha sido a veces brillante; muchas otras, cargante; en ocasiones, insultante; casi siempre, potable; pero nunca, nunca, ha dejado indiferente a una audiencia que siempre ha confiado en masa en sus poderes para entretenerse antes de ir a la cama. Sardá ha marcado una época, ha creado un estilo, casi siempre polémico, ha lanzado a animales televisivos como Latre, Sardá, Fuentes o incluso Paz Padilla. No es menos cierto que ha dado de comer a mucha gentuza, sobre todo extraída de los sucesivos «Grandes Hermanos», pero puede que éste haya sido el precio que ha tenido que pagar.

Se va Javier Sardá satisfecho de lo conseguido, emocionado por haber podido escoger él mismo el cómo y el cuándo de su marcha y orgulloso de haber demostrado que, a pesar de los muchos intentos por desbancarle, siempre ha sido la referencia nocturna. De su última entrega, la verdad poco se puede decir. El catalán se limitó a adelantar la fiesta de despedida que, supongo, debían tener prevista para después, con muchos vídeos de homenaje. Fue una forma de autorreivindicarse, de decir: «Ahí queda eso», después de haber cumplido durante ocho años con la misión encomendada. Tan claro lo tenían que hasta sobraron los invitados, un Manu Tenorio que apenas pudo meter baza y Trizia, la recién eliminada de «O.T.» que sólo pudo decir que estaba muy contenta de su paso por el concurso. Por un día, no había más protagonistas que los marcianos.

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