Gran Hermano Ave Sardá, los que van a darse de yoyas te saludan

Continúa la dolce vita en la casa del Gran Hermano. Mientras tanto, fuera de la casa, la vida pinta en bastos para Carlos y Fayna. El circo de Crónicas Marcianas presenta a Carlos y Fayna

El caso es que los concursantes continúan viviendo como reinas. De vez en cuando se detienen y piensan que ahí fuera la vida continúa y tienen miedo de lo que habrá, como Ángel por ejemplo. Y su miedo no es infundado, desde el momento en el que su nombre copa portadas de revistas como el Superpop.

Ayer la casa de Gran Hermano se convirtió en un improvisado campo de juego de ping-pong. Y ahí estuvieron, mañana y tarde con la raquetita y la pelotita. Si se cansan de emular a Forrest Gump (por lo del ping-pong), nada mejor que criar un poco de melanina en la piel con unas buenas raciones de sol.

Lo de estos concursantes y las resoluciones de las pruebas continúa escamando. La excusa para aprobarlos fue, otra vez, el interés que le echaron. Malo sea que no tengan algo de interés porque en esa casa no hay nada más que hacer y si se les propone estudiar física cuántica, como en otras pruebas, pues ellos se pondrán manos a la obra. El caso es que esta semana se disipan los problemas con la comida y disponen otra vez de todos esos nutrientes necesarios: Vermut, nocilla, pasta y arroz.

Y para terminar de rematar la sensación de ociosidad, nada mejor que organizarles otra fiesta. Esta vez la excusa es la llegada del verano. Frutas y bebidas exóticas para una fiesta en la que a Mari le faltó bailar con Tierra y con Alonso. El marinerito, por celos o por hacerse el gracioso, decidió improvisar una fiesta de miss camiseta mojada y regó a la de Cádiz, circunstancia que no le importó. Y mientras ellos vivían su vida etílico-pausada, a unos cientos de kilómetros, concretamente en Barcelona, se preparaba un espectáculo digno del circo romano. En el centro de la arena, Carlos y Fayna.

Morituri te salutant

Los que van a morir te saludan. La pareja, que no de moda, hicieron entrada en el plató del programa hacia las doce de la noche. Sin anuncios de ningún tipo, Sardá logró ayer noche embolsarse un 44,6 por ciento de cuota de pantalla con algo más de 2.900.000 espectadores. Es decir, cifra récord de audiencia.

Todo empezó con mucha arnica y vaselina. Entrevista simpática con Sardá y Boris. Ella muy divina como cantante y él muy en su sitio porque es inclonable, según palabras suyas. Pero después el maestro de ceremonias llamó a toda la caballería: Jorge Berrocal, Coto Matamoros, el Conde Lequio y Carmen Hornillos. Y a partir de ahí comenzó la batalla, que no hizo esperarse ni un minuto. La razón y la lógica brillaron por su ausencia mientras que todo versó sobre yoyas y otras cosas que hacen un buen pareado con lo primero.

Jorge recibió su ración –esperada- de insultos como mamón (ver vídeo). A Matamoros le calló el calificativo de Mister Propper (ver vídeo)mientras que Lequio recibió proposiciones para caerse sobre una determinada parte de su cuerpo y Hornillos recibió lo suyo en referencia a su satisfacción sexual.

Estopa para todos, en forma verbal y de fondo musical. Boris intentó poner algo de cordura en un momento tan histriónico como cuando Fayna y Carlos abrazaron la bandera gay y el presentador les recordó que son personajes de televisión y que todo aquello formaba parte del espectáculo (ver vídeo). El de Hospitalet parece ser una especie de reencarnación del superhombre de Nietzsche, más allá del bien y del mal (ver vídeo). Pero el dinero que habrá recibido por su presencia ayer en el plató de Crónicas Marcianas indica que no, que es un mortal como otro cualquiera, que puede recibir palos- como de hecho se los llevó- y sobre todo que es otro personaje televisivo más que poblará las pantallas durante una temporada más. Exactamente, hasta que la audiencia lo decida.

El resto, si hubo malos tratos, si es un macarra, si es violento, si agredió o no agredió a un inmigrante, si es xenófobo, son pinceladas de diferentes colores para terminar de decorar a una persona, sacrificada en aras de la audiencia porque la televisión, hay que recordarlo, es un negocio. El debate sobre lo qué vale o no vale para ganar la audiencia debe decidirlo cada uno después de ver las imágenes de ayer noche.

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