Punto de vista Contraprogramación, la ley de la jungla

La práctica constante de la contraprogramación cuestiona el rigor de la Administración para velar por los derechos de los usuarios

¿Están las leyes para ser cumplidas? ¿Las sanciones que se aplican por incumplirlas son rentables? Esta es la reflexión que los espectadores españoles se hacen a raíz de la sangrienta lucha que se ha establecido nuevamente entre las cadenas de televisión por arañar unos puntos de audiencia.

El año 2004 nos enfrenta, con toda la virulencia, a la práctica de la contraprogramación en televisión, prohibida por ley desde 1999.

Lo que dice la Ley

Según consagra la Ley 22/1999, “constituye un derecho de los telespectadores, en cuanto usuarios, el conocer, con la antelación suficiente, la programación de televisión, incluidas las películas cinematográficas y la retransmisión de espectáculos.” El texto legal deja claro que “solo serán posibles las modificaciones en la programación anunciada que sean consecuencia de sucesos ajenos a la voluntad del operador de televisión y que no hubieran podido ser razonablemente previstas, en el momento de hacerse pública su programación”.

El Reglamento que desarrolla esta Ley obliga a que la programación se anuncie con once días de antelación sobre el día previsto de emisión.

Los rifirrafes entre Telecinco y Antena 3

El episodio más llamativo de los últimos años se produjo el pasado jueves, cuando Tele 5 ofreció por sorpresa un capítulo extra de la telecomedia “Los Serrano” con el que intentaba lastrar el despegue de la nueva serie de Emilio Aragón para Antena 3 “Casi perfectos”. Como consecuencia, se modificó también la programación del domingo, ofreciendo la Gala de “GH VIP” en lugar del debate de Carolina Ferrer sobre el “reality” y el cambio de la programación de los martes y de los jueves, donde de momento queda anclada la serie de “Los Serrano”. Antena 3, por su parte, cambió la película que pensaba ofrecer el martes, “El desafío”, por “Independence day” con el fin de atenuar el impacto en su programación de las decisiones de Telecinco. En total: cinco trasgresiones en una semana de televisión.

Mientras Tele 5 hablaba de "un movimiento táctico puntual" dirigido a preservar el negocio, la Asociación de Usuarios de la Comunicación denunciaba la maniobra como "una burla de la ley".

Previamente, Antena 3 había incumplido la misma norma en casi todos sus estrenos recientes (“¿Hay trato?”, “Casi perfectos”, “Sin rastro”, “Háblame de ti” y la entrega dominical de “La selva de los famosos”). La cadena de Planeta se escudaba en que “los estrenos deben considerarse de forma distinta a la programación regular porque a veces es difícil conocer exactamente cuando se puede estrenar un nuevo programa”. La justificación, desde luego, es débil y parece que la Ley no contempla esta excusa como supuesto que evite la sanción. Pero Antena 3, a pesar de sus reiterados incumplimientos, defiende la legalidad afirmando que “es perverso recurrir a la contraprogramación para perjudicar a la competencia”.

Las cadenas públicas también contraprograman

TVE, que a menudo se comporta como la cadena más privada, tampoco tuvo en cuenta las limitaciones legales cuando estrenó Cruz y Raya, o cuando programó el concierto de David Bisbal. El cambio de títulos de películas es otra práctica habitual e ilegal en la que incurre La Primera. Cuando se interroga a TVE por estas prácticas asegura que “a veces se producen los cambios porque las copias no están en buen estado o porque han caducado los derechos de emisión”. Ambas excusas también son burdas porque el anuncio previo de una programación debe considerar estos extremos. Es evidente que no se puede anunciar una película con derechos caducados o sin que se haya comprobado previamente el estado de la copia de emisión.

Las quejas vienen de todos los sectores implicados

La contraprogramación no satisface a nadie excepto al que la practica. Las centrales de medios piensan que a menudo es un fraude para los clientes. Si contratan un determinado espacio publicitario, vinculado a un programa, no se puede considerar que el único elemento que les interesa es la audiencia. A menudo un “spot” se emite en un determinado horario o en el intermedio de un programa en función de un “target” comercial específico, que variará con la contraprogramación. Si ésta falla, las previsiones de audiencia pueden sufrir modificaciones importantes, lo que obliga a prolijas negociaciones de compensación.

Los espectadores tampoco están satisfechos con el cambio inesperado de programas. Se rompen hábitos familiares, se modifican tendencias de ocio y el video que has dejado grabando en casa registra algo que no tiene nada que ver con lo que habías previsto.

Las asociaciones de espectadores recuerdan que la ley se hizo “para proteger al usuario, que está desamparado por lo que se está viendo, sin que la Administración reaccione para evitar estas situaciones”.

¿Qué sanciones están previstas para estos casos?

La Directiva Europea de Televisión contempla multas de hasta cien millones de pesetas para las cadenas que no sigan las normas de programación. En la práctica, sin embargo, las sanciones no tienen nada que ver con estas cifras astronómicas. La sanción media por contraprogramar en los últimos años se ha movido entre 70.000 y 80.000 euros (entre 11 millones y medio y 13 millones y medio de pesetas). A menudo los beneficios que obtienen las cadenas por saltarse la Ley son muy superiores a la multa, en los casos en que se llega a aplicar.

El Ministerio de Ciencia y Tecnología, responsable de vigilar la actividad de las cadenas, impuso en 2003 un total de 90 sanciones por alterar injustificadamente la programación. Pero el Ministerio no castiga sistemáticamente todos los incumplimientos porque a menudo, simplemente, no se entera. O no le da la más mínima importancia para no enfrentarse a las cadenas de televisión, que cuentan con informativos poderosos que pueden utilizarse para criticar la gestión del Ministerio. Un ejecutivo de Telecinco reconocía hace meses “que en casos flagrantes de violación de la Ley es la propia cadena la que comunica las variaciones de programación, con lo que la multa que nos cae puede ser más benévola. Pero si no decimos nada, a menudo la Administración no se entera”.

En Antena 3 coinciden con esta opinión. Un directivo que prefiere no ser citado piensa “que la Administración no se toma demasiado en serio el cumplimiento de las normas que ha aprobado. No creo que haya nadie del Ministerio viendo televisión las 24 horas del día y supervisando todas y cada una de las cadenas españolas para comprobar los incumplimientos de programación. Necesitarían un ejército de personas para hacer bien su trabajo, con lo cual la Administración actúa sólo en aquellos casos en que se produce un escándalo público, como en el tema de “Los Serrano, o cuando llegan quejas de espectadores o de otras cadenas”. “Pero la contraprogramación es la última preocupación del Ministerio en estos momentos. De hecho, en los primeros dos años de vigencia de la Ley apenas hubo aplicación de sanciones por parte de la Administración. “

Por otra parte, un portavoz oficial de Telecinco asegura que "el Ministerio sí envía expedientes a las cadenas en todos los casos, les da un plazo para que presenten alegaciones y, cuando considera que no había razón objetiva para el incumplimiento, impone sanciones". "Hasta ahora se han impuesto sanciones económicas importantes", añade.

Las sanciones ni se conocen ni se publican

Vertele ha intentado conocer las acciones del Ministerio de Ciencia y Tecnología en materia de programación y no nos ha sido posible conocer ningún dato. Ni la Administración ni las cadenas dan a conocer las sanciones, las circunstancias o el número de veces en que se han tomado medidas disciplinarias. Sería un interesante ejercicio higiénico, que ayudaría al cumplimiento de la Ley, conocer esta información, que permitiría hacer un ránquing de la contraprogramación por cadenas para así saber quién incumple más veces la ley, porque desde luego parece que todos los canales lo hacen en un momento u otro.

De momento, a los espectadores les queda el derecho al pataleo y la sensación de que algunas Leyes, en este país, se hacen para no ser cumplidas porque vulnerarlas sale a cuenta.

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