Libros Los Electroduendes: Fábulas marxistas para niños

Entre 1984 y 1988 estos pequeños seres eléctricos se apoderaron de la entrañable franja horaria de los sábados por la mañana en TVE y avisaron con metáforas sobre lo injusta, estúpida y alienante que podría llegar a convertirse la sociedad actual

A mediados de una década a caballo entre lo desenfadado y lo ingenuo como eran los ochenta, el filósofo Santiago Alba Rico aprovechó la bisoñez de los directores de Televisión Española de la época: José María Calviño y Pilar Miró. El objetivo era ironizar, con situaciones ridículas, la dirección en la que podría caminar el transcurrir vital de los españolitos de a pie.

Pertrechado con unas marionetas que viven en un mundo gris, volcánico, ruinoso y cuyo vocabulario está poblado de todos los términos referidos a la electricidad, Alba Rico redactó 160 guiones en los que se podían reconocer políticos del momento y reformas legislativas polémicas. Todos ellos, fundidos con un descerebrado régimen (encarnado siempre en la bruja Avería) y unos súbditos (Bruja Truca, Hada
Vídeo, Maese Cámara y Maese Sonoro) incapaces de pensar por ellos mismos y a los que les salían sarpullidos con sólo nombrarles la palabra “libro”, formaban el particular mundo de Los Electroduendes. Esta serie infantil estaba insertada como un bloque más dentro del programa La Bola de Cristal, que congregaba a toda la parroquia infantil las mañanas de los sábados.

Un libro de este profesor, filósofo y articulista prolífico recoge 12 de los 160 guiones más interesantes de esta serie. El título no podría ser otro que uno de los gritos de guerra clave de la Bruja Avería: Viva el Mal, viva el Capital.

Santiago Alba avisa, bajo una óptica marxista, en cada una de las doce historias el embrutecimiento de una sociedad en la que no hay reparos en dictar lo que se debe llevar puesto, lo que hay que comprar, lo que hay que escuchar, en la que el patrón es el salvador de la patria, los banqueros de la “Caja de Ahogos” ofrecen dinero a cambio del alma de los ciudadanos y en la que el negocio más rentable son las armas. Todo es grotesco, inhumano, sembrado por el vil metal... y todo ello para el público infantil, “porque se encuentran en edad de pensar”, afirma Rico.

Catorce años después de la última emisión de Los Electroduendes y al hilo del rumbo que ha tomado el mundo, las sardónicas situaciones que se planteaban en la serie resultan proféticas. Y no se trata del pensamiento único, de que todo el mundo vaya a la misma moda (“una garantía de que así no se es un espía” dice la Bruja Avería), de que los bancos se hayan convertido en la reencarnación actual de Mephistopheles o incluso de que la comida natural provoque repulsión a los protagonistas de Los Electroduendes.

Tal como avisa Santiago Alba, “un mundo en crisis es aquel que no se deja caricaturizar”. En días como éstos en los que cualquiera “actúa” y se convierte en cantantes triunfales, políticos sin carisma o banqueros de manos impolutas, no hay mucha gente dispuesta a hacer, o al menos a prestar atención, a un retrato irónico de este panorama. Los ciudadanos de hoy en día están demasiado ocupados subiéndose a las fuentes de las ciudades y ya no queda casi nada de lo que se pueda hacer una broma.

¡Viva el Mal, Viva el Capital! está publicado por Ediciones Orates y Virus.

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