Entrevista Ferran Monegal: "La telebasura no es patrimonio exclusivo de los reality shows"

El crítico de El Periódico también la encuentra "en informativos, entrevistas y coloquios". Autor de Telefauna Ibérica, describe a Tamara como "ingenua criatura, diversión de los nuevos señoritos de las fincas de la tele" y a Antonio David como "genio alquimista moderno: saca oro de sus cuernos"

Actualmente, ¿cree que se hace la televisión “que el público quiere” o se hace “la que se puede” y al público no le queda más remedio que conformarse?

No tengo constancia de que el público, la audiencia, haya salido a la calle alguna vez pidiendo que pongan o quiten un determinado programa de tele. Al paso que vamos, no obstante, no es descartable que ese día llegue.

Hotel Glamour llegó a ganar a los especiales informativos de Antena 3 y TVE1 en plena guerra. ¿Qué le parece que interese más quién rompió la mochila de Pocholo que lo que ocurre en Irak?

La heroicidad de hoy en día consiste en –después de haberse levantado a las 7 de la mañana— regresar a casa a las 9 de la noche sin que se te haya quedado el cuerpo pegado a la máquina del taller, al ordenador de la oficina o en la moqueta del despacho del jefe. Más heroicidades al llegar al domicilio y derrumbarse en el sillón, sería cosa de superhombres.

Recordando su libro Telefauna ibérica, ¿cómo definiría ahora a los siguientes personajes del momento?

-Dinio: Un balsero con suerte.

-Pocholo: El serrín del yugo y las flechas.

-Tamara: Ingenua criatura, diversión de los nuevos señoritos de las fincas de la tele.

-Encarni: Maruja con pretensiones.

-Margarita Seisdedos: Es la medalla del amor en forma de ladrillo.

-Coto Matamoros: Un vividor que encontró el chollo.

-Antonio David: Genio alquimista moderno: saca oro de sus cuernos.

De todos los “cutrefamosos” que inundan la televisión actualmente, ¿cuál cree que tiene más probabilidades de sobrevivir en el mundillo?

Todos, mientras les quede carne para ir rustiendo y a los productores no les falte gasoil.

¿Está de acuerdo con Javier Pérez de Silva (director de programas de El Mundo TV) en que “la telebasura no es más que un invento de la prensa escrita”?

No es un invento: es una descripción.

¿Qué es para usted la telebasura?

La telebasura no es patrimonio exclusivo de algunos reality-shows. La hay en Telediarios, informativos, entrevistas y coloquios.

Qué prima más a la hora de tachar a un programa de “basura”, la estética o la moral?

Más que una cuestión de estética o de moral, es la no existencia de ética. La quintaesencia de la falta de escrúpulos. La sublimación del pelotazo a costa de lo que sea. Todo por la pasta más que todo por la audiencia.

Uno de sus programas más criticados es Noche de Fiesta, al que se ha referido alguna vez como un “escarnio pagado con euros que salen de nuestra esquilmada cuenta bancaria”. ¿Por qué le provoca tanta aversión este programa? ¿Es debido a que lo emite una cadena pública, u opinaría lo mismo si fuera de A3 o Tele5?

Defendería al ventrílocuo Moreno con la misma convicción que ahora le critico si alguien intentara prohibir que montase su caspa, su boina y su miseria en ámbitos privados, por su cuenta y riesgo. Es su libertad. Y la del público, pasar por taquilla a verle. Lo que no es tolerable es que le financiemos los contribuyentes, a la fuerza, desde TVE, la TV pública del Estado por excelencia. Ni él lo necesita, ni nosotros nos lo podemos permitir.

Curiosamente, muchos de los programas más denostados por los críticos (Noche de Fiesta, Ana y los 7, las telenovelas de La Primera..) tienen un perfil de público muy adulto. ¿Quiere eso decir que nuestros mayores son poco exigentes o es que nos cuesta aceptar que tengan un gusto muy diferente al nuestro?

Ni la clarividencia es patrimonio de los jóvenes, ni la torpeza de los mayores. Quizá la única diferencia entre ambos segmentos de población es el uso de su tiempo. Y sobre todo, la facilidad para conciliar el sueño. En el sillón, después de comer, o de cenar, a la penumbra del televisor encendido, se consiguen unas siestas gloriosas.

¿Se ha enfadado alguien especialmente con alguna crítica suya? ¿Cómo encaja las críticas a sus críticas?

El enfado de la criatura criticada suele ser directamente proporcional a su grado de incompetencia.

En cambio la crítica al crítico, por parte de la audiencia, es un ejercicio la mar de saludable. Tengo un lector, una estimable y perspicaz persona, que me suele mandar una carta airada y tremenda a El Periódico cada vez que dejo bien a alguien de la tele. O sea, cuando me desvío de mi función y doy un masaje en lugar de morder. ¡Ah!, las críticas de los lectores, por regla general, siempre aciertan. No aceptan a un crítico que se dedique a lamer.

¿Sigue pensando que “un buen crítico es aquel que apenas sabe algo sobre televisión”?

Que para ser un buen crítico lo fundamental, lo indispensable, es no saber hacer aquello que se critica, es una apreciación acertadísima del poeta y escritor Josep María de Sagarra. Lo dejó escrito en sus Memorias. Tenía toda la razón: sería tan inútil como horroroso que al crítico taurino, por ejemplo, se le exigiera saber embestir como un toro.

Usted conoce bien la TV y el comportamiento del público en Catalunya. Resulta curioso que, por ejemplo, en TV3 funcionen mejor que en otras cadenas las series de producción propia y los documentales. Majoria absoluta llegó a ganar, incluso, a Cuéntame y GH cuando se emitían a la misma hora. ¿Por qué es tan diferente el comportamiento de la audiencia en TV3 que en el resto de España?

El factor ‘la teva’ es un elemento que TV-3 siempre ha sabido jugar con una notable habilidad. Han conseguido el sentimiento de ‘fer país’ apretando un botón, que además es muy cómodo. Sus culebrones de sobremesa, por ejemplo, son imbatibles. La Generalitat, además, ha comprendido muy bien que la tele puede ser un instrumento de influencia social enorme. Cuenta Lluís Prenafeta en sus memorias, el que fue tremendo y célebre secretario de la Generalitat mucho tiempo, que para comprar la teleserie Dallas se desplazaron a Italia, expresamente, él y Pujol. La compraron ellos, directamente, creo que a Berlusconi. Tiene mérito. Consiguieron hacer catalana de golpe a Sue Ellen. No sería justo, no obstante, silenciar la buena cantera de actores que dispone Catalunya. La herencia de los fértiles movimientos teatrales que se desarrollaron en los años 70 han propiciado una ‘escuela catalana’ de actrices y de actores importante. Que del teatro hayan descendido al culebrón de la tele es el signo de los tiempos que corren. Lo llaman progreso.

Usted concluía una sus últimas críticas dedicadas al famoso enfrentamiento entre Javier Sardá y Pedro Ruiz diciendo que “no son tan distintos: ambos viven amorrados a la ubre televisiva, y son inmensamente felices”. ¿En qué se diferencia uno del otro?

Hay una diferencia entre ambas criaturas. Una vive amorrada al presupuesto de una tele pública (TVE). El otro se mueve en el ámbito privado. Es distinta peripecia. Al menos el segundo no sisa dinero de los contribuyentes.

¿Cómo cree que se podría batir a Crónicas Marcianas hoy día?

La imbatibilidad de Sardá es un hecho científico que, como el Principio de Arquímedes, no admite discusión: toda criatura sumergida en el planeta de los marcianos recibe un empuje hacia abajo directamente proporcional a su audiencia. Pero al mismo tiempo que descienden, su popularidad crece. Se está conformando una sociedad con una nueva escala de valores referentes que surgen del fondo del contenedor. Ya lo advirtió el Presidente del Gobierno con excelente criterio: España va bien.

La parrilla de Ferran Monegal
Un programa que le apasione y se enorgullezca de ello:

El Guiñol de Canal Plus
Un programa que le apasione, aunque se avergüence de ello:

Bricomanía. Es tan horroroso que me apasiona. Incita al personal a ir armados con una blackdeker. Su peligrosidad es enorme. Un solo vecino adicto a Bricomanía puede hacer polvo el fin de semana de toda una urbanización.
Un programa que le encante pero no vea nunca por el horario:

La mirada crítica. Siempre lo tengo que ver grabado. Disfruto en diferido. La profesionalidad y la elegancia de Montserrat Domínguez me ilumina.
Un programa que le hubiera gustado inventar a usted:

La carta de ajuste.
El mejor programa para dormir:

El salón de masajes de Pedrito suele ser muy efectivo
Un programa que no quisiera que vieran sus hijos:

No hay peor terapia que prohibir. Hay que verlo todo. Con precauciones, eso sí. Las básicas: no acercarse a la pantalla a menos de tres metros, ver siempre la tele en compañía –verla solos es muy peligroso--, comentar lo que vemos y oímos, y sobre todo no emocionarse nunca. Emoción y reflexión son incompatibles.

Un presentador con gancho:

Karlos Arguiñano
Una presentadora con gancho:

Inma del Moral
Un presentador con futuro:

José Luis Uribarri. Durará lo que dure Eurovisión. Es decir, mil años, tranquilamente. Nos sobrevivirá a todos.
Un presentadora con futuro:

La señora Campos. Como criatura televisiva sobrevivirá a su hija Terelu.

Un informativo para estar bien informado:

El de Hilario Pino en Tele 5. Y el de Lorenzo Milá en La 2 de TVE, cuando le dejan.

El mejor programa de humor:

Los Telediarios de la actual TVE-1. Han conseguido la síntesis perfecta de Rainman y Forrest Gump. Humor autista en estado puro.
Un animal televisivo:

Miguel Durán. Su mérito es inmenso: siendo ciego llegó a presidente de una cadena de televisión (Tele 5).



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