Hoy, a las 22.00 horas Los Guiñoles de Canal Plus celebran su séptimo aniversario con un especial en abierto

El cine del guiñol ofrecerá sin codificar veintiséis parodias cinematográficas, junto a las opiniones sobre los políticos, el cine y el propio informativo del Guiñol, de varios escritores, directores y actores, entre ellos Boris Izaguirre, Álex de la Iglesia y Santiago Segura

Hoy martes 17 de diciembre, a las 22.00 horas, Las noticias del Guiñol celebran su séptimo cumpleaños en Canal Plus con la emisión en abierto de El Cine del Guiñol, un programa especial en el que han colaborado una veintena de personajes del mundo del cine, la literatura y los medios de comunicación.

El emblemático espacio de la cadena de pago vive ahora su mejor momento. Tras la renovación de contenidos experimentada este otoño, Las noticias del Guiñol ha obtenido el mayor respaldo de la audiencia en toda su historia de emisión. El dato global del mes de noviembre (846.000 espectadores diarios de media con una cuota del 5,2%) es la cifra mensual más alta desde la puesta en antena de este informativo satírico.

El cine del Guiñol, de ochenta minutos de duración, recoge fragmentos de veintiséis grandes películas de la historia del cine, junto a las parodias realizadas por los muñecos del guiñol, entre ellas Con Faldas y a lo loco, Pretty Woman, El bueno, el feo y el malo, Psicosis, Mary Poppins , West Side Story, El Padrino, Una noche en la ópera, Instinto Básico o Lucía y el sexo.

Los famosos opinan sobre los políticos

El programa recoge las opiniones de Antonio Gasset, Forges, Lola Salvador, Carlos Boyero, José Luis Cuerda, Chicho Ibáñez Serrador, Elvira Lindo, Fernando León de Aranoa, Gracia Querejeta, Santiago Segura, Álex de la Iglesia, Chus Gutiérrez, Iciar Bollaín, Manuel Rivas, Luisa Castro, Ángeles González Sinde, Juan Luis Galiardo y Boris Izaguirre. Todos han ofrecido para este programa especial sus valoraciones sobre los políticos y su capacidad expresiva.

Narciso Ibáñez Serrador, por ejemplo, explica que de José Luis Rodríguez Zapatero le atrae “la ambivalencia de su rostro, porque tiene una mirada dulce, de buena persona y en contradicción, unas cejas en punta, diabólicas, draculianas”, mientras que Manuel Rivas echa en falta algo en Zapatero: “necesita un toque de picardía para ser actor”. La escritora Elvira Lindo, por su parte, opina que José Mª Aznar “no ha sido un político con carisma, en el sentido de que tiene mucho sentido del ridículo y se le nota que está demasiado preocupado por lo que piensen de él”. Para Boris Izaguirre, “Aznar tiene esa cosa de que por más antipático que te resulte, te cae bien”.

Otra escritora, Luisa Castro, ve a la pareja Zapatero-Aznar como el gato y el ratón: “el gato sería Zapatero y el ratón sería Aznar, un ratón listillo que se las sabe todas y acaba escabulléndose por su agujero”, mientras que Iciar Bollaín percibe la figura de Aznar como “una Alicia rencorosa”.

Gracia Querejeta piensa que a Joaquín Almunia “se le podría ver como un gran secundario, pero de esos que de repente ¡pumba! podrían dar el salto a gran estrella y seguro que no lo haría nada mal”. Juan Luis Galiardo considera a Felipe González “un gran actor, entiendo sus cambios de ritmo, sabe cómo dramatizar las cosas y tiene ese humor mediterráneo que está muy bien”.

El humorista Forges asegura que “los políticos son capaces hasta de hacer un striptease a lo Full Monty” con tal de conseguir un puñado de votos” y Álex de la Iglesia cree que “una de las pocas cosas bonitas que se puede decir de un político es que es un gran actor”. Santiago Segura va más allá y sostiene que “los políticos se lo curran a tope, estoy seguro que la mayoría de ellos ensayan incluso más que los actores”. No está muy de acuerdo con ellos José Luis Cuerda, para quien los políticos “no me parecen demasiado buenos actores, sobreactúan”.

De los partidos políticos, Fernando León de Aranoa piensa que “son como familias, con normas internas, con sus diferencias, con sus reuniones periódicas en los congresos como las familias en Navidad”. Carlos Boyero, sin embargo, cree que “los malos en política son más malos que los que los malos de las películas y de las novelas, pero ninguno me resulta inquietante, perverso, morboso o atractivo: son asquerosamente mediocres”.

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