Entrevista Jorge Javier Vázquez: "En la tele me veo muy maricón"

El presentador de Aquí hay tomate sale del armario esta mes en la revista Zero, de la que es portada, y desvela algunos secretos e impresiones sobre el mundo de la TV. Reproducimos los pasajes más interesantes

"Desde que tenía poco más de siete años, ya leía Lecturas". Con una declaración de intenciones tan sincera como esta, Jorge Javier aclara el por qué un aplicado licenciado en Filología Hispánica ha llegado a convertirse en uno de los nuevos mitos de este negocio tan extraño llamado "del corazón". Pero este otro Vázquez no sólo quiere hablar de los chismes de los Janeiro, la Pantoja, los Pajares y más fauna mediática. Jorge Javier llega a las páginas de la revista Zero convencido de que cómo gay y cómo famoso tiene una historia que contar. ¿Cómo llegó a afrontar su homosexualidad delante de toda España y en uno de los programas más vistos de la parrilla televisiva un niño de Badalona al que llamaban mariquita de pequeño y que tuvo que superar un trauma causado por una educación recibida en un colegio del Opus Dei? "Con mucho esfuerzo" dice con toda humildad.

¿Edad?

Treinta tres años.

Estás en la portada de Zero. Esto automáticamente te ensalza al pequeño Olimpo de hombres gays que hablan claramente de su sexualidad. Pero tu propia percepción no es exactamente así, vamos que estás convencido de que todo el mundo sabe que eres gay... ¿Hasta qué punto se corresponde con la realidad?

Cuando dije que iba a salir en la portada de Zero hubo bastantes reacciones coo “para qué lo haces si a nadie le importa” o “todo el mundo lo sabe, para qué hacerlo”... Y lo cierto es que me apetecía y no tengo nada que perder ya que que creo que absolutamente todo el mundo que ve la televisión sabe que yo soy gay.

¿Por qué?

Primero, porque todos los que trabajan conmigo lo saben. Y después, porque hay una serie de razones que empujan a la gente a pensar... Mi amaneramiento, mi afeminamiento. A mí antes me daba mucha vergüenza verme en televisión, una vergüenza terrible. Nunca veía ninguno de mis programas, menos mal que ya sí. Pero mi director en Tomate, que también me dirigió en Rumore, rumore, uno de los caballos de batalla que tenía y que tiene todavía es conseguir que me relaje al verme en la pantalla porque me da mucha vergüenza ajena. Porque yo me veo...

¿Muy marica?

No me gusta marica. Me veo muy maricón. ¡Muy maricón! Y sin embargo, ahora, conforme ha ido pasando el tiempo la verdad es que piensas que es una cosa muy boba. Me ha costado reconocerme en esa persona que sale en televisión.

Pero ahora te sientes más a gusto.

Mucho más.

Hay mucho gay en televisión, y en concreto en el corazón, que no saldría en la portada de Zero ni muerto.

Lo sé. Por eso reconozco que hay que luchar, hay que estar en permanente alerta para que esto no se convierta en el efecto contrario y que todo este maravilloso ambiente que estamos viviendo no tenga el efecto péndulo.

Como has dicho, uno de tus grandes miedos a salir en la tele era que la gente pensase que entendías. El mundo del corazón es muy cabrón y el circo en el que nos encontramos ahora mismo es muy descarnado. Aquí nadie se salva del insulto... ¡Ni siquiera el presentador!

Tenía pavor de que alguno de estos personajes de los que hablábamos llamara al plató y entrara en directo diciendo “qué hace ese maricón hablando de mí”. Ese era uno de mis grandes miedos porque eso significa... que lo sepa tu familia. Sinceramente, siempre he llevado lo de ser gay muy tapado.

¿Cuál fue tu primera aparición en el mundo televisivo?

Hará como unos seis o siete años en Extra Rosa con Rosa Villacastín y luego con Ana Rosa Quintana en Sabor a ti. Después vino Rumore, Rumore y ahora Aquí hay tomate. Y pasaron los años y yo no dije nada en casa. Y siempre tienes ese miedo a que lo sepa todo el mundo, y el mundo es tu familia.

Es curioso que siempre hayas tenido miedo a que te sacasen del armario a la fuerza en directo y al final haya ocurrido más o menos así con Jesús Gil, ¿no?

Primero ocurrió lo de Carlos Ferrando, que fue un suceso bastante desafortunado. Resulta que acudió un reportero del Tomate a una fiesta. Era jueves y habían salido unas fotos de Sara Montiel con su hija paseando por Londres. La hija parecía bastante gordita y la pregunta era si la niña estaba embarazada. El reportero le preguntó a Sara sobre esto y se armó un gran jaleo. Ferrando, que iba con ella, dijo mirando a cámara “si no cortáis todo lo que ha pasado, contaré cómo ha ascendido Jorge Javier Vázquez en esta profesión”. A partir de estas palabras de Ferrando, que él mismo ha reconocido que fueron desafortunadas y que ya me ha pedido perdón, se empezó a formar una bola. .

¿Y hubo algún resultado de todo este barullo?

A partir de ahí, los compañeros del corazón empezaron a hablar de mi sexualidad con mayor o menor gracia: la mayor cantidad de veces con menor gracia y excluyo a Ferrando de esto. Gente que se empezó a subir al carro y a especular sobre mi sexualidad de manera bastante zafia. Y, paradójicamente, eran gays los que hablaban de esto.

Si hay algo que persiste a lo largo de la conversación con el presentador es la palabra miedo, algo que parece haber superado gracias a sesiones de terapia con psicólogos... ¿Y lo de Jesús Gil?

Llego un día a la tele y me dice una redactora que Gil va a entrar por teléfono pero “te va a llamar maricón”. Yo dije que de acuerdo que no se preocupase. Empieza el programa y Gil sólo me halaga: que soy maravilloso, estupendo, divertido. Y como estaba deseando que me llamase maricón empecé a provocarle y le dije: “Mire, no me gusta que una persona como usted, a la cual no respeto, me dirija tanto elogio”. Entonces entró al trapo. Para mí fue una especie de liberación y me quité verdaderamente un peso de encima, sobre todo de cara a la familia, que se dieron cuenta de que era el único ataque que podía hacerme. Porque, si fuera un periodista corrupto, como los hay en mi profesión, que se aprovecha de su estatus para incrementar su economía con medios oscuros... Pero que te llamen maricón.. Eso ya no es ningún problema.

El mundo del cuore está que trina. De sobra se intuye que la mayoría de los que se dedican al mundo del corazón en prensa o en televisión, entienden. La homosexualidad ha sido durante años algo que ha sido tapado, tanto por los periodistas como por los personajes. Y es que la normalización parece que está llegando al mundo del cotilleo.

Creo que el cambio en el mundo del corazón viene porque tanto periodistas como personajes hemos dejado de ser intocables. Es una consecuencia de este corazón que se está practicando ahora y yo no entro a valorar si es mejor o peor, pero sí que es más real que el de antes. Antes la gente se tragaba absolutamente todo, ahora no. Y es que el espectador es como la sociedad: descreída.

¿Es la sexualidad algo íntimo?

Es un poco complicado. Cuando se habla de sexualidad como algo íntimo se da a entender que una determinada opción sexual puede llegar a ser criticada. Lo ideal sería que llegase un momento en el que se pudiera hablar con total libertad de la sexualidad de cada uno. Por ejemplo, una de las cosas que más me ha chocado de Aquí hay tomate ha sido cómo hemos tratado el tema de la sexualidad de Encarna Sánchez.

Pero a ver, Jorge Javier, ¿tú has llegado a pronunciar la palabra lesbiana?

Sí (declara bajando la mirada), pero reconozco que me ha costado mucho. No me cuesta hablar de homosexualidad masculina pero cuando aparece un tema de lesbianismo...

¿Por miedo?

Porque no estoy acostumbrado y hay mucho silencio. Lo fuerte es que puedes tratar los encuentros sexuales de Nuria Bermúdez con jugadores del Real Madrid pero no puedes hablar de las andanzas de Encarna. Por mucho que nosotros intentemos normalizarlo en los programas del corazón (yo y otros compañeros) la homosexualidad sigue siendo algo muy tabú. La masculina no tanto pero la femenina sí. La gente tiene asumido que hay maricones pero ese mismo público no quiere ver ni admitir que existan lesbianas. Cuando hablamos del tema de Encarna y aparece la palabra lesbiana, muchos compañeros de trabajo, grandes ídolos de la comunicación de este país, se asustan.

Miguel Bañón, Revista Zero

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