Entrevista de interés Matías Prats: "Mis mejores momentos ya han pasado"

El veterano presentador está al frente del informativo de mayor audiencia, 'Noticias 2' de Antena 3

Por su interés reproducimos la siguiente entrevista a Matías Prats que publican hoy los diarios del grupo Vocento:

Matías Prats se merece el reconocimiento del que goza. Querido y respetado por el público, este veterano periodista madrileño lleva un año presentado el informativo más visto de la pequeña pantalla, 'Noticias 2', en Antena 3, cadena en la que piensa jubilarse «a no mucho tardar». Cercano y natural, el hijo del desaparecido maestro Matías Prats Cañete empezó en la radio, aunque ha desarrollado su carrera en televisión, medio al que se lleva asomando treinta años.

-¿Cómo lleva lo de ser líder?

-Me produce una gran satisfacción y felicidad esta respuesta de la audiencia, pero no hay que ir más allá. Me alegro mucho por los míos, por la gente que ha luchado, peleado y se ha sacrificado para que el informativo alcance esa posición.

-No sea tan modesto, algo tendrá que ver usted con el triunfo.

-Lo que ha calado ha sido un modelo que se ha consolidado con el tiempo. Los espectadores se han interesado por lo que les contamos cada día durante 45 minutos, han sentido cercanas las cuestiones que hemos planteado. En 'Noticias 2' no escapamos a los grandes debates nacionales e internacionales, pero no ocultamos los asuntos que afectan al día a día de los ciudadanos. También agradecen que les respetemos, el no seducirles con engaños.

-La pelea no ha sido fácil.

-No. Hemos soportado el dorsal de nuestro competidor durante mucho tiempo, aunque nunca hemos dejado de remar, y ahora hemos tenido premio.

-Y ahora ¿qué?

- Pues serán los demás los que tendrán que intentar escudriñar en nuestra fórmula para quedarse con lo mejor. Nosotros hace tiempo que no nos miramos el ombligo. No nos dormiremos en nuestro éxito.

-Dígame: ¿prefiere tener enfrente a Lorenzo Milá o a Alfredo Urdaci?

-Creo en el trabajo en equipo y deseo lo mejor para las personas que quiero y admiro. Lorenzo y yo hemos crecido juntos en la profesión, él más tarde que yo porque es más joven. A pesar de las rivalidades, hay una amistad. Yo deseo a Lorenzo lo mejor y estoy seguro de que él a mí también.

-Ahora hay un rival más, Iñaki Gabilondo en Cuatro. ¿Cómo le ve?

-Iñaki está haciendo el producto que prometió porque impregna su personalidad en los grandes asuntos nacionales e internacionales. Está cumpliendo su palabra, pero es muy pronto porque acaba de salir en pantalla.


«No soy una estrella»

-Liderazgos aparte, donde siempre tiene plaza es en la lista de los mejores conductores de los noticiarios.

-Esa es una pregunta para los expertos en encuestas. Más allá de los fríos datos, son treinta años en la profesión, tiempo en el que no he dado muchos disgustos y no he acometido papeles que no me correspondían. Nunca he ocupado el lugar de una estrella porque no lo soy y tampoco he engañado. Y todo esto ha generado una confianza que ha dado paso a un afecto y a un cariño. Después de tantos años, lo que uno persigue es que le quieran.

-La vida le ha tratado muy bien.

-Mucho mejor que en el mejor de mis sueños.

-Además de la estima, la gente se cree todo lo que dice.

-Es que nunca he confundido a la gente. Soy una persona de informativos que no ha querido entrar en el mundo de la opinión. Y, no nos engañemos, el nombre estaba ya muy vendido, sale solo.

-Usted comenzó en la radio, pero se encendió el piloto rojo y se quedó en televisión.

-Es un medio al que le tengo un profundo cariño y respeto. Mi padre era un hombre de radio cien por cien, y yo con la televisión he alcanzado un buen acuerdo. Me llevo bien con la cámara. Lo de las canas va lento, las arruguitas están llegando, pero no me importa. Mis mejores momentos ya han pasado.

-¿Qué le ha aportado estar tres décadas en las 625 líneas?

-Experiencia y confianza. Ahora conozco un poco la reacción de los espectadores, que pienso que me van a perdonar si meto la pata.

-¿Se jubilará en Antena 3?

-Sí. Lo contrario sería injusto porque el trato que recibo es excesivamente bondadoso.

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