Entrevista "El Mentalista se ha apropiado de muchos rasgos de Colombo"

Hablamos con el agente Rigbsy, que anoche despidió la serie de laSexta

Después de un breve pero exitoso comienzo de su carrera interpretativa en su ciudad natal, Gales, el actor Owain Yeoman se vio casi forzado a irse a Los Ángeles para seguir adelante y conseguir papeles que, como dice él mismo, "le estimularan".

Las oportunidades le llegaron, y tras trabajar con Brad Pitt en la película "Troya" y diversas series con distinta suerte ("The Nine" o "Generation Kill"), Yeoman consiguió el papel del agente Wayne Rigsby en la popular serie "El Mentalista", que hoy cierra su primera temporada en laSexta con un inquietante final en el que John "El rojo" regresa para cometer otro crimen.

Wayne es un agente de policía que también colabora con Lisbon y Jane. Siente especial atracción por la agente Grace, algo que muestra cuando ésta se encuentra en alguna situación de peligro. Su rapidez y reflejos son el complemento perfecto para hacer de este agente un miembro indispensable en el Departamento.

¿Cómo es la dinámica del equipo en la serie?

Simon es un instrumento quirúrgico y yo soy una piqueta contundente. Creo que colectivamente representamos el elemento de contraste de Simon (Patrick Jane en la serie). Él se fija en las cosas de manera informal y nosotros tenemos que establecer el procedimiento, de manera que él pueda oponerse a este procedimiento.

¿Un ayudante oponiéndose a sus jefes policías?

Nuestro enfoque es de policías pero, a medida que pasa el tiempo, nos sentimos intrigados e irritados por Patrick Jane en la misma medida. A Rigbsy se le ha descrito como un policía individualista, pero también sabe ser jugador de equipo, y con el tiempo ha empezado a respetar a regañadientes a Jane.

Es la clase de hombre que diría, 'No necesito el mapa, no necesito indicaciones”. Rigsby es un policía del tipo, ‘Tengo el manual de reglamento, sé lo que hago, no se preocupen... Oh, ha vuelto a solucionarlo, la próxima vez quizá deberíamos escucharle’.

Entonces, ¿por qué no dejar que lo haga todo el trabajo él solo?

Pues porque la línea de separación entre su intuición y nuestros métodos es fina, y tarde o temprano se trabajará con la idea de que Jane no siempre tiene razón porque, si la tuviera siempre, lo único que habría que hacer sería escucharle y ahorrarse 40 minutos de horario de máxima audiencia.

¿Pensó que la serie sería un éxito desde el principio?

No creo que existan los presagios, como actor respondes al material que te estimula. “El Mentalista” tiene la mezcla adecuada de elementos familiares y extraños en igual medida. Posee la fórmula clásica de procedimientos policiales que a la gente le encanta, pero también el lado personal que aporta Simon.

En su opinión, ¿cuál es el atractivo de El Mentalista?

Creo que tiene una idea universalmente accesible. A la gente le gusta solucionar crímenes y también que las tramas de suspense sean sencillas. Lo que la serie ofrece todas las semanas es una hora en la que sabes que se solucionará un crimen. Después de Perdidos, hubo una avalancha de series centradas en problemas en las que la solución tardaría en llegar tres o cuatro temporadas.

Entonces, ¿la serie optó por ir a contracorriente?

Claro, nosotros ofrecemos un final todas las semanas. Además, no tiene la estrechez de miras de otras series de procedimientos policiales. Siento una atracción amorosa intermitente por Amanda (que encarna a la agente Van Pelt) y tengo una buena camaradería con Tim (el agente Cho en la serie). Esperamos que estos temas universales trasciendan las fronteras nacionales.

¿Y respecto a Simon Baker?

A Simon le sobra encanto y tiene un pelo fantástico (ríe). Se ha apropiado descaradamente de rasgos de Colombo y a mí me encantaba esa serie. Se trata de alguien que aparentemente no tiene nada y que, al final, se revela que ha estado procesándolo todo en silencio. Es una fórmula del tipo Sherlock Holmes.

¿Cree en los médiums?

Tuve una experiencia extraña con un médium. Acudí a una fiesta y allí un médium me dijo que fallecería a los 28 años. Me arruinó la noche. El día en que cumplí 29 años fue como si cumpliera 30 y me sentí muy feliz. Cuando cumplí 27 años, todos mis amigos me enviaron tarjetas diciendo ‘sólo te queda un año’. Pienso que lo interesante es que cada persona crea en lo que quiera; si alguien encuentra consuelo, no hay nada malo en ello.

Usted es galés, ¿se ha acostumbrado a hablar con acento americano?

Se aprende rápido cuando el 99 por ciento de los trabajos a los que te presentas son americanos. Simon y yo hemos hablado del tema, acerca de que se necesitaban dos hombres americanos y se dijeron: “Contratemos a ese tío de Gales y a ese tío de Australia”. Imagino que debe ser más barato.

Hace poco hablé con alguien que pensaba que hay una falta de hombres en América. Un gran número de actores principales sigue teniendo un aspecto demasiado juvenil. Si consideras a actores como Brad Pitt y Johnny Depp, su aspecto es muy joven. Un director de casting me decía que estaban criando hombres en los valles.

¿Dispone de algún entrenador de dialectos?

Trabajé con un hombre llamado Jerome Butler a quien conocí mientras participaba en The Nine. Después se vino conmigo a Sudáfrica donde trabajé en Generation Kill de HBO. Éste es el primer proyecto en que no trabajo con un entrenador de dialectos y me he propuesto llevarlo a cabo como una misión personal. Por lo que me ha dicho el productor, todavía no he cometido ningún error.

¿Echa de menos Gales?

Los dientes son más blancos y alineados y el sol siempre brilla en Los Ángeles, pero echo de menos mi hogar y a mi familia. Aquí estoy en mi segunda casa, en el sentido de que tengo una casa, que vivo con mi mujer y que tenemos un perro. Sin embargo, lo cierto es que, si en Londres hubiera las mismas oportunidades de trabajo que aquí en Los Ángeles, me iría sin pensarlo. Me encantaría estar más cerca de mi familia.

A pesar de ello, la mayor parte de su trabajo lo ha desarrollado en EEUU

Nadie me conoce en el Reino Unido. Tuve un inicio de ensueño; tuve tanta suerte que terminé mis estudios de interpretación y, en un par de meses, me dieron un papel en Troya.

No podía creerme que pudiera pasar de una representación en la escuela a trabajar junto a Brad Pitt y tenía miedo de que en cualquier momento alguien me dijera, 'Nos hemos equivocado, en realidad queríamos a ese otro joven”. Creo que el miedo no es tan malo y que te mantiene activo. He disfrutado de mi estancia aquí, me gusta trabajar y existe una sensación de entusiasmo de pertenecer a este sector.

¿Cómo fue su trabajo en "Generation Kill"?

Incluso mi mujer (Lucy Davies, lo veía y me preguntaba, ‘¿Dime de nuevo, quién eres?’. Nos pusieron bigotes en los dos primeros episodios y yo me parecía a Hitler vía Freddie Mercury vía John Cleese. Lucy me dijo, ‘Nunca te dejes bigote’. Sin embargo, fue una gran oportunidad para mí.

Tuve un gran papel interpretando a un personaje llamado Captain American. Este personaje era el asesor militar en la vida real, de manera que, de todos los personajes que había que interpretar, acabé con el único que estaba allí físicamente. Fue muy amable conmigo y, cuando finalizamos, me regaló un reloj que le había acompañado en cinco temporadas de combate, su reloj sumergible.


Me dijo, ‘Sólo quería decir que me has hecho parecer atractivo y se te veía lo bastante bien con una pistola como para no avergonzarme’. Me pasé ocho meses y medio en África, por lo que acabé viendo a Lucy solamente seis semanas durante el primer año de nuestro matrimonio.

Creo que entre dos actores existe una gran comprensión en cuanto al trabajo; siempre me ha ofrecido un apoyo enorme y yo también a ella. Hay poco trabajo y a menudo está lejos, por lo que, cuando tienes la oportunidad de hacer algo, la otra persona tiene que apoyarte.

¿Hasta qué punto hace apariciones publicitarias?

Cuando participas en una serie, tienes la responsabilidad de aparecer en eventos promocionales. Hace un par de años, tuve un publicista que insistía en que, por ejemplo, asistiera a una inauguración de Dunkin’ Donuts, porque significaba una gran oportunidad publicitaria, pero creo que es importante ser selectivo y saber elegir los eventos. 

¿Cómo conoció a Lucy Davies, su mujer?

Nos conocimos en un bar de Los Ángeles. Tenemos muchos amigos comunes y siempre se ha dado por hecho que la conocía de antes. Por suerte, nos encontrábamos aquí, cada uno por nuestra cuenta, en un momento en que ella estaba haciendo un episodio piloto y terminando Garfield 2, participando en un proyecto improvisado y tenía mucho trabajo, que es lo que la trajo aquí.

Cuando surge una oportunidad de este tipo, es de tontos no agarrarla al vuelo. Nunca se planteó la cuestión de que se viniera a vivir conmigo o de que yo me fuera a vivir con ella, ambos nos encontrábamos aquí. Admiraba el trabajo de Lucy mucho antes de conocerla y, como buen británico, soy un seguidor de The Office, que es una especie de biblia de la comedia para mí.

Fui un paso más lejos y, en lugar de comprar una recopilación de la serie, me casé con Dawn. Lo que me admira de ella es que ha trabajado durante la etapa de la vida en que las actrices suelen tener menos trabajo. Lo cierto es que existe un punto en el que o eres la joven sexy o la matriarca, pero Lucy se ha labrado una buena carrera en la que ha trabajado de continuo. Pertenece a esa inusual casta de cómicas.

Es triste decir que sigue habiendo muy pocas actrices con talento cómico, especialmente en Hollywood. Habiendo prometido que nunca tendría una relación con nadie de este negocio, creo que al final hay que hacerlo, porque son los únicos que te comprenden. 

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