¿Te perdiste el momento? Meritxell entra en pánico en su debut al frente de '21 días' en un burdel

Meritxell entra en pánico en su debut al frente de '21 días' en un burdel
Meritxell entra en pánico en su debut al frente de '21 días' en un burdel

La nueva reportera del programa de Cuatro abandona una de las habitaciones del prostíbulo tras agobiarse: '¿Qué hacía yo allí?'

Meritxell Martorell tomó anoche el relevo de Samanta Villar y Adela Úcar al frente de '21 días'. En su primer programa, la reportera se enfrentó por primera vez a su experiencia en un prostíbulo, en el que habló con varias prostitutas, con clientes, estuvo presente en alguna cita y hasta se atrevió con un masaje y con un baile en barra, tal como recoge la web de Cuatro.

La reportera catalana alucinó nada más llegar al prostíbulo donde tuvo que vivir la experiencia durante 21 días. Meritxell habló con la dueña de ‘El elefante de oro’, que relató su dura vivencia en el mundo de la prostitución. María José enseñó al equipo de Cuatro la estructura, las habitaciones, el comedor… del prostíbulo que se convertiría en su casa durante los próximos días.



Meritxell se agobia y abandona la habitación

Meritxell acompañó a Luna a captar clientes. La prostituta consiguió irse a su habitación con uno, y la reportera decidió esperar a que terminen. Fue Luna la que después del coito, invitó a la periodista a que pasase a su habitación para conocer a su cliente, que cogió la cámara para grabarlas a las dos juntas, proponiéndoles una tijereta. Meritxell entró un poco en pánico, se agobió, y abandonó la habitación.



Meritxell se atreve con el reto de dar un masaje

Los clientes del prostíbulo empezaron a preguntar por Meritxell. La periodista se atrevió con el reto de darle un masaje a un cliente, y mientras intercambiaron opiniones acerca de pagar por sexo. “Asco no me da, pero estoy un poco nerviosa”, explicó la reportera.

¡Y se estrena bailando en una barra!

La reportera accedió a la petición de una bailarina para que bailara con ella en el escenario y bajo la atenta mirada de los clientes. Meritxell no se había subido a un escenario en la vida y los nervios atentes de la actuación estaban a flor de piel.

“Lo acabo de pasar muy mal. Allí arriba he sentido que era un objeto que me estaban mirando con deseo y que vendía mi intimidad a unos desconocidos”, explicó Meritxell nada más terminar el baile.

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