Artículo de interés Negros y blancos "intercambian" el color de su piel para un reality americano

Implantes capilares, lentes de contacto, un poquito de maquillaje y ¡listos! para cambiar raza: «Black. White» es lo último en «experimentos sociológico»

Por su interés reproducimos a continuación un artículo de Marta Torres (Nueva York) que publica hoy La Razón:

Meterse en la piel del otro, pero a lo bestia. Ésta ha sido la idea para cocinar «Black. White», el último
«reality show» que emite el canal por cable FX del grupo de la cadena Fox, los miércoles a las 22:00 horas. Se trata de dejar hacer al gurú del arte del maquillaje, Keith VanderLaan, nominado para el Oscar por «La Pasión de Cristo» de Mel Gibson, para convertir a una familia negra en blanca y viceversa, y de ahí a vivir y ver lo que ocurre cada semana durante las seis entregas del espacio.

Los protagonistas son los Spark y los Wurgel. Los Spark, una familia afroamericana de Atlanta, compuesta por Brian, Renee y su hijo Nick, se han convertido para este espacio durante el mes y medio que ha durado la producción del programa en una familia blanca. Brian es un contratista de 41 años, su esposa Renee es oficinista y su hijo Nick, un adolescente de 17 años, es estudiante de instituto.

En el otro lado, están los Wurgel. Bruno, Carmen y su hija Rose, de Santa Mónica (California) cambiaron su tez blanca por la la piel negra de una familia afroamericana. Carmen, de 48 años, está muy pendiente de su hija Rosa, de 18, a punto de empezar la universidad. Con ellas, vive el novio de Carmen, Bruno. Tiene 47 años y es profesor.

Trabajo a la primera. Pero, ¿qué pasa cuando el negro va a pedir trabajo con piel blanca como camarero sin referencias? Que le contratan. Todavía está por ver lo que ocurrirá cuando el blanco entre en una tienda abierta las 24 horas a comprar algo con su tez oscura de madrugada.

En el primer capítulo, Bruno reconoce que tiene ganas de que sean racistas con él. «Tengo muchas ganas de que alguien me diga: “hey, negrata”, mientras repite la palabra una y otra vez hasta que Brian Sparks, el hombre negro de verdad del show, le comienza a mirar fijamente. Bruno es de los que piensan que los problemas raciales están en la cabeza de los estadounidenses. Bruno considera que no es una persona racista, ya que sus padres le enseñaron a lavarse las manos en el lavabo al lado de una persona de color.

Es demasiado pronto para las
reacciones, aunque por si acaso los productores de «Black. White» se han cubierto las espaldas por si acaso la comunidad negra estadounidense se ofende. Ya han puesto en marcha varios programas especiales en la Asociación para el Avance de la Gente de Color (AACP, por sus siglas en inglés). Además, a Oprah Winfrey, la presentadora más poderosa de la televisión en Estados Unidos, le ha gustado mucho la idea. Ha invitado a los protagonistas al programa y le ha dado bastante promoción. Así, se podría convertir en un seguro para «Black. White», ya que todo lo que obtiene el beneplácito de Oprah es adorado al final por los estadounidenses.

Ahora la pregunta es, ¿llegará este formato a la televisión española? Hasta ahora, se habían visto intercambios de familias –La Primera de TVE emitió «Préstame tu vida» con más polémica que éxito– y también intercambios de esposas –Telemadrid estrenó el programa al que denunciaron por sexista–, pero no intercambios de razas. Si de «Gran Hermano» dijeron que se trataba de un «experimento sociológico» ¿qué dirán de éste?

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