Política informativa Preocupación en la Casa Real por el tratamiento dado por la televisión al noviazgo del Príncipe

¿Vale todo para conseguir audiencia? La Zarzuela tomará medidas para evitar que las informaciones sobre el noviazgo y futura boda del Príncipe adquieran un color amarillo intenso

Cualquier buen observador de los medios de comunicación ha percibido que centenares de periodistas están investigando cualquier pequeño detalle de la vida de la futura Reina de España. Los periódicos, las revistas de corazón y los programas “rosas” de televisión han entrado a saco en los álbumes fotográficos familiares y han publicado fotos que hasta ahora formaban parte del círculo más íntimo de la periodista: Letizia, vestida de “Cazafantasmas” cuando tenía 15 años (portada del diario “El País”); Letizia en la orla de la Facultad de Ciencias de la Información; Letizia, jovencísima, besando a su ex marido; una colección de fotos de Letizia niña y adolescente procedente de su escuela de Oviedo, etc.

El acoso a la familia Ortiz

Los responsables de prensa de la Casa Real arrugaron la nariz cuando se enteraron que el padre de la novia del Príncipe había concedido una entrevista telefónica al programa Salsa Rosa de Telecinco, paradigma de un tipo de televisión que no gusta en el Palacio de la Zarzuela.

Tampoco sentó nada bien que Ana Rosa Quintana utilizara, sin autorización, una entrevista telefónica con la madre de Letizia, que se emitió en Sabor a ti en el especial del pasado domingo. Después vino Con T de tarde, del que no han gustado las alusiones a la noche de bodas con su primer marido; y el tono impertinente y a veces hiriente de Aquí hay tomate y el histrionismo de Mamma mia. Y ya se vieron imágenes de la persecución a la que se sometió al primer marido de Letizia. Y se buscó bajo las piedras a su hermana economista –que ya ha hablado en algunos medios, entre los cuales la cadena SER. Y se interrogó a la abuela. Al portero de su vivienda. A los vecinos. Al kiosquero. A los compañeros de colegio. A los colegas de trabajo. A los vecinos de su pueblo de veraneo.

A todo el mundo, aunque “todo el mundo” fuera alguien que pasara por allí y que estuviera dispuesto a decir, simplemente: “Es muy simpática, tiene una sonrisa preciosa”. Y quedan Tómbola y el otro programa de la productora de Ana Rosa Quintana en Antena 3, ¿Dónde estás corazón?. Y tantos otros que no citamos por agotamiento.

Televisión Española, bajo control

Este parece ser un país de extremos, y si por una parte hay programas de televisión que están dispuestos a montar debates sobre la vida de soltera – divorciada de Letizia Ortiz, recurriendo incluso a los detalles más morbosos y gratuitos, en TVE la norma es que no se hable de la Casa Real en los programas de corazón. Y no es porque La Primera no trate el género. TVE tiene tres programas diarios dedicados al cotilleo - Corazón de Otoño, Gente y Por la mañana-, y todos ellos tienen prohibido hablar de acontecimientos que afecten a la familia real desde hace ya muchos meses. Jesús Ortiz, que aunque se llame igual que el padre de la futura Reina no tiene nada que ver con ella, responsable del área de magacines de Prado del Rey, está intentando hacer estos días la cuadratura del círculo. En sus peores pesadillas se ve dirigiendo dos programas de corazón diarios sin hablar del Príncipe y de Letizia, que es lo que hace diariamente. ¿Solución? No emitirlos o sustituirlos en parte, como se hizo el lunes con la excusa de reemitir el “Especial” de Urdaci y la primera comparecencia pública de la pareja en la Casa del Príncipe. Y el resto del día, a obedecer y hacer de “tripas corazón”.

Sorprendió, además, que cuando se anunció el noviazgo y futura boda del Príncipe de Asturias, el Telediario y los avances informativos del sábado en TVE, omitieran el estado civil de Letizia, como si fuera un estigma a ocultar. Esta actitud fue comentada ayer por El Periódico de Cataluña, que escribió: “En un exceso de pleitesía, muchos informativos de TV, así como portadas y comentarios editoriales de diarios, han escondido al máximo, por sus propios prejuicios, algo que los reyes han asumido: que la futura reina está divorciada”. Y sigue el diario catalán: “Que en España decline la estrechez, y que la condición de divorciada no sea impedimento para convertirse en reina, es una buena noticia. Al menos, para cuantos creen que la actuación de una monarquía democrática no debe estar subordinada a anatemas sobre los comportamientos si la institución debe representar a todos los españoles”. Unos tantos, y otros tan poco.

En el otro extremo, el confidencial PR Noticias la emprende contra Terelu Campos y su programa en Telemadrid: “Zarzuela está viviendo con cierto temor la utilización de la imagen de la que será próximamente Princesa de Asturias por parte de la telebasura. Ayer, el programa de Terelu Campos en Telemadrid hizo que los observadores de la Casa Real decidieran que esto hay que pararlo y cuanto antes. No se puede consentir que se tome el anuncio del Príncipe de Asturias como un aquí vale todo”.

A tomar medidas

Las cosas se complican –reflexión que se hace en Zarzuela- y es necesario un plan de choque de protección informativa que impregne a todo el entorno de la futura Reina. Sobre todo, pensando en los importantes acontecimientos que se producirán en los meses venideros: la pedida de mano, el noviazgo público y la boda, que provocarán que el próximo año sea eterno e intenso para el Servicio de Prensa y Protocolo de la Zarzuela.

Existen ya demasiados precedentes de vidas y famas destrozadas cuando no había ningún motivo para destrozarlas. De intimidades aireadas fuera de contexto. De mentiras que se desmienten sin que nadie se entere del desmentido. Y de acosos y derribos fraudulentos.

La imagen de la futura Princesa de Asturias y Reina de España está por hacer. Y si no se cuidan los más mínimos detalles para construir el retrato público de la persona que representará a este país, la labor será muy complicada. Y no se trata solo de defender el honor y la fama de una persona. Para la Casa Real y para el Gobierno, es un asunto de Estado. Y, sino, tiempo al tiempo.

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