Artículos de interés La TDT quita a las televisiones el control de la programación

La televisión a la carta cambiará las reglas del juego porque el usuario podrá ver los programas en cualquier momento

Por su interés reproducimos el siguiente artículo de Josep M. Orta que publica hoy La Vanguardia:

La inminente implantación de la televisión digital terrestre tendrá unas consecuencias que superan el homenaje a los adictos al zaping. Una de ellas será la posibilidad de tener televisión a la carta, con lo que las emisoras perderán su principal poder, que no es otro que confeccionar la parrilla de programación.

Joan Majó, recién elegido presidente de la asociación para el impulso de la TDT, director general de la Corporació Catalana de RTV y ex ministro de Industria, analiza cuáles serán las consecuencias que tendrá la revolución de la televisión digital a medio plazo. Augura que las cadenas de televisión perderán el principal poder que actualmente tienen, que no es otro que el de la programación. Hace años las televisiones controlaban los medios técnicos, eran los productores, programaban y emitían. Muchas de estas funciones ya las han ido externalizando, lo que ha provocado que sus plantillas estén sobredimensionadas para las necesidades actuales. RTVE tiene más de ocho mil empleados mientras que la nueva televisión balear no llega al centenar, porque la mayoría de sus funciones las externalizan. "Los nuevos tiempos exigen empresas menos pesadas, más flexibles y con un rigor de gestión similar al sector privado", asegura.

Según Majó, "ahora lo más importante que tienen las televisiones son sus parrillas y los informativos". Con la TDT y la incorporación de discos duros en el futuro - el coste económico de los aparatos será mínimo- en la televisión se producirá la gran revolución, dado que podrán almacenarse los programas y cada usuario podrá hacer su programación a la carta. "Esto cambiará todas las reglas del juego, porque las televisiones sólo podrán poner el servidor para que el usuario pueda bajarse el programa en cualquier momento. Entonces a las emisoras sólo les quedará el poder de decidir los contenidos". Esta revolución hará variar el mapa televisivo, tanto desde el punto de vista del control de las audiencias como del concepto de la publicidad televisiva.

Majó ha planteado este problema en diversos foros europeos, preguntándose el futuro de las televisiones públicas y el contenido de sus programas, haciendo énfasis en que "las televisiones privadas no tendrán la tarea de servicio público y la garantía de ofrecer una información objetiva y plural, fomentar la cohesión social, promocionar la cultura y apoyar la normalización lingüística, dado que su objetivo es lograr beneficios económicos".

Majó propugna una regulación de los nuevos medios de distribución, dado que las frecuencias son una concesión del Estado, y en el nuevo mapa "posiblemente el control habrá de basarse en la posibilidad de sancionar a posteriori a los que incumplan las reglas por las que recibieron la concesión". Además, propugna la eliminación del anonimato como pieza esencial para cualquier regulación (situación que sucede especialmente en internet): "Hay que evitar la sensación de censura, pero también se ha de tener una capacidad sancionadora para castigar a los que incumplan las normas". Se opone, en cambio, a la tendencia de impedir los grandes grupos multimedia europeos: "Si no existen en Europa, se constituirán en otros sitios y quedaremos en inferioridad en el mercado mundial".

La credibilidad de los pronósticos de Majó se la da su currículum. En el año 1989 era el responsable de la dirección general de Tecnología, Informática y Telecomunicaciones de la Comision Europea. En aquel momento, tras comprobar las fortunas que se estaban gastando en la televisión de alta definición, consideró que había que cambiar de estrategia y apostar por la televisión digital, como ya sucedía en Estados Unidos.

Tres años más tarde, en la Expo de Sevilla, también en el pabellón de la Comisión Europea, ante dirigentes políticos y empresariales expuso un plan para implantar en Europa la televisión digital. A finales de 1995, en una reunión en Londres con representantes de los gobiernos de España, Gran Bretaña, Suecia e Italia propuso hacer una transición "natural" al nuevo sistema, que proponía que culminase en el 2006. Pretendía hacer una transición al sistema digital basado en la vida media de un televisor, que es de unos diez años, para imponer el nuevo sistema al tiempo que se renovaran los aparatos. El acceso al gobierno del PP truncó este proyecto.

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