Formatos La TV británica explota el filón de la humillación en sus nuevos realities

Chicas que se someten a una lavativa de colon en directo a cambio de sus 15 minutos de gloria; turistas obligados a tragar cucarachas y lanzarse desde un acantilado a 90 metros de altura; un adolescente que le dice a su novia que es gay –cuando no lo es- para ganar un premio de 10.000 libras

Éstos son los argumentos de varios programas de televisión que lanzarán próximamente las cadenas británicas. Todos tienen en común la búsqueda de la diversión del público a través de la degradación de sus participantes. Son más ejemplos de la última corriente televisiva bautizada por los críticos como “cruelty TV” (televisión de la crueldad). Si funcionan, no sorprendería verlos pronto en España. El periodista inglés John Arlidge ha descrito todos estos formatos en un artículo para The Observer del que ofrecemos un resumen a continuación.

La temporada de verano, en lo que a telerrealidad se refiere, dio su pistoletazo de salida en la TV británica con la segunda edición en la cadena ITV de I am a celebrity, get me out of here -versión anglosajona de La isla de los famosos-, y ha continuado con la cuarta entrega de Big Brother, que está cosechando excelentes índices de audiencia en Channel 4.

La pasada semana, Channel 5 lanzó Celebrity Detox Camp (Campo de desintoxicación de famosos). Varios concursantes pseudofamosos se reúnen en un balneario tailandés, donde son forzados a ayunar durante una semana y a someterse a una lavativa de colon diaria antes las cámaras. El programa muestra a los famosos vomitando y comentando sin ningún tipo de pudor sus movimientos intestinales. Al final del día, un terapeuta analiza los resultados de cada tratamiento.

Cuando finalice Big Brogher, Channel 4 tiene previsto programar en su lugar The Pilot Show. Famosos y espectadores anónimos son engañados para presentarse al casting de un falso piloto para un programa de televisión. Uno de ellos es Lap Dance Island, en el que varios concursantes hombres deciden abandonar a sus familias para irse a vivir a una isla habitada por bailarinas de “lap dance” (un tipo de baile erótico). El programa muestra a los apenados concursantes llorando desconsolados mientras se despiden de sus familias, comunicándoles que “quizá sea la última vez que se vean”.

The Pilot Show será relevado en Channel 4 por My New Best Friend. A los participantes se les otorga un “nuevo mejor amigo” y son obligados a hacer todo lo que éste o ésta les ordene. Por ejemplo, un hombre es forzado a “salir del armario” con su novia, o una mujer tiene que decirle a su familia –ajena a la broma- que ha decidido ser la estrella de una película porno dirigida por su nuevo amigo, todo ello grabado con cámara oculta. Las reacciones de las familias son imprevisibles. Una de ellas reaccionó atacando al nuevo mejor amigo, interpretado por un popular actor cómico inglés.

En The Dinner Party Inspectors (Los inspectores de la cena entre amigos), el programa televisa una cena entre varios amigos organizada por el anfitrión con el objetivo de anunciar algo importante: un embarazo, un matrimonio, una separación, etc. Los presentadores del programa (los “inspectores” de la cena) se dedican a burlarse de todo, a poner pegas a la comida o a mofarse de la conversación y de la vestimenta de los invitados. En definitiva, a buscar la confrontación y la humillación. En uno de los programas, le dicen a una de las invitadas que “es un monstruo gordo que come ensalada como un conejo demente”, al mismo tiempo que se dirigen a otra de las comensales como “mucho más guapa, delgada y graciosa”.

Aquí no acaba todo. El programa Cruel Holiday (Vacaciones crueles) invita a los espectadores a hacerle la vida imposible a los veraneantes.

El anuncio de estos nuevos formatos ha alimentado en Inglaterra el debate entre expertos sobre la supuesta falta de ética que encierra este tipo de telerrealidad. Los productores coinciden con los psicólogos en que fomentan el “sadismo” pero no piensan renunciar a ellos porque saben que generan audiencia y que hay muchos famosos dispuestos a hacer cola para formar parte de ellos.

Entre otras cosas, se les acusa de ser programas “enfermos” “baratos”, “innecesariamente crueles” y suponer “una amenaza para la ficción y los informativos”. Un ejecutivo de Channel 4, la cadena que más reality shows tiene, se defiende así de las críticas: “Nos estamos divirtiendo mucho con estos programas, no nos los tomamos en serio ni tampoco esperamos que se lo tomen en serio los críticos”.

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