Gran Hermano Los concursantes reflexionan sobre el problema de los refugiados

El programa intentó, por un día, quitarse de encima el estigma de telebasura. Pero al final todo quedó en pantomima y payasadas

Las cabezas pensantes de este programa, o no se enteran o no quieren enterarse. Sería muy fácil cargar tintas con los habitantes de la casa. Que si tienen serrín en vez de neuronas, que dónde está su alto coeficiente intelectual. Todos los que siguen el concurso, y sobre todo los habituales de Internet, saben que esa discusión está ya superada. Hay lo que hay. Es decir, una panda de muchachos con vacaciones pagadas y con bastantes parecidos entre su sistema nervioso y el de las amebas. Así que intentar hacerles recapacitar sobre algo serio como los refugiados fue completamente estéril.

Hoy se celebra el 50 aniversario de ACNUR y el Primer Día Internacional del refugiado. Por ello, cada uno de los concursantes debía sentarse en una especie de patera durante dos horas, sin agua ni alimentos para que reflexionaran sobre esta problemática. Después de experimentar en sus propias carnes lo que siente un refugiado, al final de la noche deberían debatir el tema.

-“Vale. ¿Pero podremos fumar mientras estemos en la balsa?” Fue su respuesta ante la propuesta. Lo dicho. Ellos no tienen la culpa. Los chicos son como son. Y tampoco es que quedara muy serio ver a Ángel sentado sobre la patera, mientras el resto se preparaban unos refrescos y sonaba por los altavoces el infumable tema “Yo quiero bailar, toda la noche”.

Así que mientras unos se estrujaban las sienes con tan comprometido tema, el resto se dedicó a echar al menos tres siestas, porque ver a Kaiet o a Fran levantados a las once de la mañana, fue todo un hito. Aunque hubo que esperar al debate de la noche para alcanzar el clímax de la reflexión y la introspección. Como son incapaces de sacar ideas propias, leyeron unos textos que les entregó la organización. El contenido debían ser los mejores chistes de Arévalo, porque les daba bastante risa. Y como corolario a tanta intensidad humana, pintaron un eslogan en la pared: “Antes que refugiados, somos seres humanos”. En definitiva, cualquier intento para revestir de seriedad a un tema tan profundo como éste quedó en chapuza y mamarrachada. Un diez para la organización por tan excelsa idea.

Paseo virtual

Entre tanto ambiente de solidaridad humana, apareció la prueba. Se trata de hacer un recorrido virtual por tres comunidades autónomas y, después, se convertirán en guías turísticos de aquellos lugares visitados para los demás. Si lo hacen bien, el premio será comida de la región explicada y tabaco. Vamos, que les falta dar palmaditas con las orejas y hacer “arf, arf” como un perrito que hace bien algo y le dan una galletita.

Y llegó el día de la expulsión. Las quinielas en los diferentes portales de la Red no dejan lugar a dudas de que Kaiet abandonará esta noche la casa. Aunque la última palabra la tiene el público. Y después tendrán que nominar nuevamente. Para que no haya empate técnico, nominarán a dos personas Y como fin de fiesta, la sorpresa esta noche llegará cuando les permitan hablar durante unos momentos con un familiar suyo.

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