Balance de opinión "La contraprogramación ha disminuido de modo significativo en los últimos años"

Hoy, las opiniones de Jesús Sánchez Tena, subdirector general de GECA

Finalizada la temporada 2004/05, Vertele ha consultado a los directivos de las principales productoras y consultoras del país, a quienes nosotros consideramos los auténticos “sabios de la tele”, sobre los grandes temas que han marcado el debate televisivo en este curso.

Hoy, las opiniones de Jesús Sánchez Tena, subdirector general de GECA:


1. Academia de Televisión (ATV):
¿Se siente representado por la Academia de Televisión? ¿Cuál cree que debería ser el futuro de esta institución?

Sin respuesta

2. Regulación de contenidos televisivos: ¿Defiende la creación de un Consejo Audiovisual estatal (con o sin poder sancionador) o prefiere la autorregulación?

Parece necesario crear una autoridad reguladora, de carácter independiente, que garantice los intereses generales, por encima de los intereses puntuales de los gobiernos y de las empresas privadas. Y que vele por la función de servicio público con la que queda definida jurídicamente la televisión en España -tanto pública como privada- y en casi toda Europa.

Las voces contrarias a la creación de un Consejo Audiovisual en España han puesto el acento en el control e intervencionismo de los poderes políticos en el sector, con lo que implícitamente dan por supuesta la dependencia gubernamental de este tipo de órganos reguladores. Nada más lejos de la realidad europea, donde los Consejos Audiovisuales tienen asegurada su independencia. No deja de sorprender la postura de aquellos que aluden constantemente a Europa como la referencia que debe seguirse y que, al mismo tiempo, esgrimen que se atenta contra los principios democráticos y la libre competencia cuando se dan pasos que acercan España a los países de su entorno. Así ha ocurrido en el debate sobre las autoridades reguladoras y, sin ir más lejos, con el dictamen del Comité de Sabios sobre el modelo de televisión pública.

La puesta en marcha de un Consejo Audiovisual no obedece a intereses ocultos e intervencionistas. Se trata de una vieja recomendación del Consejo de Europa, que insta a los Estados miembros a la creación de autoridades de regulación del sector de la radiodifusión. La palabra independencia aparece especialmente subrayada y se insiste en que “los reglamentos y procedimientos que regulen su funcionamiento tendrían que establecer con claridad su independencia y protegerla”, según se recoge en la Recomendación Rec(2000)23, aprobada el 20 de diciembre de 2000 por el Comité de Ministros del Consejo de Europa.

Los organismos de regulación del sector audiovisual son una realidad no sólo en Europa, sino también en Estados Unidos, país que siempre se ha puesto como ejemplo de cómo las cosas pueden funcionar sólo a partir de las leyes del mercado, sin necesidad de mecanismos reguladores. Pues bien, Estados Unidos fue el primer país del mundo que puso en funcionamiento una autoridad reguladora en el sector audiovisual y de las telecomunicaciones, la FCC (Federal Communications Commission), que nace en 1934.

Si se creara un organismo de este tipo, España se equipararía, al igual que ocurre con el nuevo diseño de los medios públicos de comunicación, a los principales mercados europeos y, en el caso de las autoridades reguladoras, también a Estados Unidos. En ninguno de estos países se cuestiona la existencia de un órgano independiente que garantice el respeto y cumplimiento de las normas y que medie entre los distintos intereses del sector, primando el interés general por encima de cualquier otro.


3. “Telebasura”:
¿Qué opina sobre el debate de la “telebasura”?

Lo cierto es que nadie se pone de acuerdo en qué es exactamente la “telebasura” y, sin embargo, todo el mundo parece compartir su significado. La palabra se utiliza de forma indiscriminada e, incluso, se aplica a programas que, antes de esta generalización, sólo recibían el simple calificativo de “malo”.

Si el término se vincula al gusto particular de cada espectador (“no me gusta lo que veo; por tanto, es ‘telebasura’”), el debate resulta estéril. Se trata de una vieja discusión, que ha acompañado al medio prácticamente desde sus orígenes y que ha consolidado la apreciación de que la televisión, haga lo que haga, convierte en “tontovisivo” a todo aquel que la vea. Es la visión apocalíptica del medio, según la terminología de Umberto Eco.

En un nivel más concreto, podría entenderse por “telebasura” aquellos contenidos que vulneran los derechos fundamentales del individuo y que quiebran los principios del periodismo. En este caso, el debate acaba allá donde empiezan los mecanismos de control, incluidos los judiciales, que garantizan el respeto y cumplimiento de un código básico. Tampoco habría lugar para el debate en esta ocasión, pues todo pasa por el perfecto funcionamiento de estos mecanismos.

Ahora bien. Algo pasa cuando presidentes de gobierno, ministros y los distintos agentes sociales y culturales aluden con insistencia a la “telebasura”. Tal vez hacen referencia a la línea de programación imperante hoy día en la televisión española y que consiste en la explotación intensiva de determinados contenidos, vinculados a ciertos programas de telerrealidad y a la crónica del corazón. Estos contenidos se diseminan a lo largo y ancho de la parrilla, en numerosos programas y bandas, varias veces al día y muchas veces a la semana. Para garantizar su vigencia en el tiempo, se genera sobre ellos una espiral de ruido, en la que se van incorporando noticias derivadas, terceros personajes implicados, una secuencia interminable de réplicas, contrarréplicas y desmentidos, demandas judiciales… y un largo etcétera. El paso por cada programa amplía la capacidad de impacto de ese contenido, que se retroalimenta mediante diferentes técnicas y recursos (el rumor, el corrillo, el comentario no contrastado, la polémica, el escándalo, la discusión acalorada, la alusión a terceros…). A ello se añade el protagonismo desmedido que adquieren los tertulianos y comentaristas, convertidos en noticias en sí mismos, y la elevada presencia mediática de personajes, cuyos méritos profesionales no van más allá de haber provocado una polémica en televisión.

Si ésta es la acepción de “telebasura” que se debate actualmente, las razones para la crítica son varias. No tanto porque se cuestione la legitimidad de su existencia (es una línea más de programación, otra forma de hacer televisión), sino porque empobrece la oferta televisiva. Se trata de una técnica invasora, que se expande de franja a franja, que tiende a homogeneizar las rejillas y que obstaculiza la entrada de nuevos públicos al medio. No sólo la programación de las distintas cadenas se parece cada vez más, sino que, dentro de un mismo canal, no hay diferencias sustanciales entre un programa de entretenimiento y otro, entre una banda y otra. Constantemente se están repitiendo los mismos contenidos. Para el espectador, este efecto constituye una severa limitación de su capacidad de elección y, para la industria, pone cerco a la innovación televisiva, al desarrollo de nuevas ideas creativas y a la experimentación de formatos, estilos y géneros.


4. Protección infantil:
¿Ha solucionado el problema de la “telebasura” en horario infantil el Código de Autorregulación firmado por Gobierno y cadenas en diciembre de 2004?

Si el debate genérico sobre la “telebasura” puede caer en un discurso difuso, ante la ausencia de una normativa y la dificultad de poner límites claros, la controversia sobre los contenidos televisivos en horarios infantiles se explicita de modo rotundo, principalmente porque existe una legislación al respecto, de plena vigencia mucho antes de la entrada en vigor del Código de Autorregulación. La Ley de la Televisión sin Fronteras, de 1994, consagra el Capítulo IV a la protección de los menores frente a posibles excesos del medio televisivo. En el artículo 17, titulado “Protección de los menores frente a la programación”, se concreta además que el período protegido va desde las 6:00 a las 22:00 horas.

Sin embargo, esta ley apenas se mencionó en el debate previo a la firma del Código de Autorregulación de diciembre de 2004 y todo el acento se puso en la presunción de un intervencionismo desmedido por parte del Gobierno en la televisión. Once años después de la citada norma y seis meses después de la firma del Código, no parece que haya cambiado mucho la situación. Las cadenas mantienen una actitud conservadora en el diseño de sus parrillas de daytime y siguen apostando por los mismos ejes temáticos que suscitaron el debate. A falta de un estudio definitivo, que profundice en aspectos como el tratamiento y tono empleados a la hora de abordar esos temas, la primera impresión es que ni siquiera se observan progresos en las bandas que el Código contempla como de protección reforzada (en especial, de 8:00 a 9:00 y de 17:00 a 20:00 horas, de lunes a viernes).


5. Manipulación informativa:
¿Había más manipulación informativa en TVE cuando gobernaba el PP o ahora que gobierna el PSOE?

Resulta difícil concretar el término manipulación informativa en la cuestión que se plantea. Pero sí parece claro que las cosas han cambiado y que los informativos de Televisión Española distribuyen los tiempos de los partidos políticos con criterios no muy distantes a los de las cadenas privadas.

En un estudio de GECA sobre las declaraciones de políticos en los informativos de prime time de TVE1, Antena 3 y Telecinco (a partir de una semana estándar del curso 2004/05, del 31 de enero al 4 de febrero), el Telediario 2 no sólo es el que incorpora el mayor número de partidos en su escaleta, sino también el que más tiempo dedica a cada uno de ellos, en términos absolutos.

Si los tiempos se traducen a porcentaje, no se observan excesivas diferencias entre los tres noticiarios, al menos en lo que respecta al partido más presente. Es el PSOE, sobre el que recae la responsabilidad del gobierno, el que arroja los máximos porcentajes, en torno al 40% del tiempo total de declaraciones políticas de cada informativo (un 42,3% en Antena 3 noticias 2, un 40% en el Telediario 2 y un 39% en Informativos Telecinco 20:30).

En relación al Partido Popular, Antena 3 se desmarca con un 34,2%, mientras que Telecinco (un 28,4%) y TVE1 (un 24,4%) ofrecen cifras más parejas. Estas dos últimas cadenas vuelven a aproximarse en referencia al resto de fuerzas políticas, que, agrupadas, suponen un 35,6% en TVE1 y un 32,6% en Telecinco. En el caso de Antena 3, la cifra se reduce a un 23,4%.

6. Futuro de TVE: ¿Le parece acertado el dictamen del Comité de Sabios para la reforma de RTVE que va a aplicar el Gobierno?

Sí, en su concepto y planteamiento general, aún a falta de conocer en qué medida se va aplicar. El documento redactado por el Comité de Sabios marca el camino que debe seguirse para lograr la equiparación de la televisión pública española con los modelos europeos que mejor han representado la esencia del servicio público. Este informe apuesta claramente por una televisión alejada del control partidista, como demuestran propuestas como la de elección del Consejo de Dirección de RTVE, que pretende garantizar una designación alejada del tradicional sistema de cuotas políticas que ha marcado la composición del Consejo de Administración en RTVE. La elección del Director General mediante un concurso público aparece como otra solución novedosa, transparente y alejada del sistema actual, en el que el Gobierno es el que designa directamente al máximo responsable de RTVE, sin que éste tenga que reunir ningún requisito en especial.

Desde el punto de vista de la financiación, el Comité de Sabios apuesta por un modelo mixto: ingresos procedentes del Estado, de la publicidad y de la venta de derechos y productos audiovisuales. Este modelo, similar al de otras cadenas públicas europeas, permitirá a RTVE disponer de unos recursos económicos que posibiliten su viabilidad financiera, respetando las directrices de la Unión Europea.

Por otra parte, y en cuanto a la participación de RTVE en el mercado audiovisual español, el comité descarta una televisión pública testimonial, como la PBS en Estados Unidos, y apuesta por un modelo europeo, en el que las cadenas públicas más representativas cuentan con al menos dos cadenas analógicas en abierto, canales temáticos específicos que se pueden ver a través del cable o satélite y una fuerte presencia en la nueva televisión digital terrestre.

Por lo tanto, y pese a las críticas que este informe ha recibido, lo cierto es que su propuesta no va más allá de trasladar a España lo que ya existe en los modelos públicos de televisión en Europa, que siempre se han tomado como referencia. Lo que parece razonable, y defiende el informe, es que RTVE se equipare lo más posible a televisiones públicas europeas como BBC, France Télévisions, ARD o ZDF.

7. Más televisiones en abierto: ¿Cómo afectará al sector la concesión por parte del Gobierno de nuevas licencias analógicas (entre ellas la de Canal Plus en abierto) y la futura transición a la TDT?

La concesión de nuevas licencias se convierte en un factor dinamizador del mercado desde todos los ángulos y perspectivas. En lo que respecta a los espectadores, se amplía la oferta de canales y, con ello, aumentan sus posibilidades de elección y pluralidad. Los beneficios se extienden también a la industria de la producción audiovisual: la incorporación de nuevos canales no sólo incrementará el número de horarios, sino que constituirá un revulsivo para la experimentación de nuevas ideas televisivas. En las últimas temporadas apenas ha habido cambios sustanciales en las parrillas de programación, apegadas a viejas fórmulas, a partir de las cuales surgen variantes y programas derivados, cuya única aportación a la creatividad es una vuelta de tuerca más a lo ya conocido.

La falta de innovación del mercado español puede explicarse por la carencia de un tipo de canales, dirigidos a targets concretos y específicos, que se han consolidado eficazmente en los principales países europeos. En España, se pasa de una oferta absolutamente generalista (TVE1, Antena 3, Telecinco y los primeros canales de la FORTA), con parrillas cada vez más homogéneas, a otra muy minoritaria (La 2 y los segundos canales autonómicos). La aparición de nuevos canales puede cubrir el vacío existente entre estos dos extremos y consolidar el modelo de negocio de las televisiones de target, al estilo de la M6 francesa, la Channel 4 británica o la Pro 7 alemana. Se trata de cadenas muy innovadoras y, en cierto sentido, alternativas, que dirigen sus esfuerzos a grupos juveniles, tal vez los públicos más desatendidos por el actual modelo televisivo español.

La apertura del mercado también puede satisfacer las actuales necesidades de los anunciantes. Las cadenas españolas, tanto públicas como privadas, se encuentran entre las más saturadas del continente europeo. La publicidad ya no cabe en la televisión española y numerosas órdenes de publicidad quedan fuera de los horarios comerciales, que bordean –e incluso exceden- los límites legales de ocupación. La disminución de la eficiencia de la publicidad es tal vez la principal consecuencia de esta situación.

El argumento de que no hay tarta publicitaria en España para nuevos operadores no se sostiene. La inversión publicitaria en la televisión convencional refleja, en términos históricos, una tendencia ascendente y esta trayectoria es firme a pesar de que la cuota de audiencia de las cadenas generalistas no ha dejado de bajar año tras año, como consecuencia del empuje de los canales no convencionales.

Hay que señalar, además, que el modelo actual no puede garantizar las demandas de segmentación que precisan los anunciantes. Un mayor número de canales y la consecuente aparición de televisiones de target no sólo permitirían segmentar a la audiencia, sino que se daría entrada a segundas y terceras marcas, que hoy día no tienen cabida en el medio. Por no hablar de las infinitas posibilidades tecnológicas que abre la TDT y que consolidará nuevas fórmulas publicitarias.


8. Asociaciones de espectadores:
¿Son creíbles las asociaciones de telespectadores en España? ¿Deben las cadenas hacerles caso?

A diferencia de los países desarrollados, España no posee tradición asociacionista, no sólo en referencia a los telespectadores, sino en términos generales (usuarios, consumidores, vecinos, etc.). Se trata de una carencia de la democracia española, que ofrece pocos mecanismos de expresión social. La mayoría de las asociaciones existentes, sea cual sea su ámbito de actuación y no sólo en lo que respecta a la televisión, tiene poca fuerza y capacidad de influencia. La escasa presencia de los movimientos asociacionistas españoles sobredimensiona el papel de los medios de comunicación y de los partidos políticos como vehículos de opinión social.


9. Contraprogramación:
¿Se deben endurecer las multas a las televisiones por contraprogramar, o por el contrario, debería darse más libertad a las cadenas para que puedan modificar cómodamente sus parrillas de acuerdo a los gustos de la audiencia?

La contraprogramación es un principio básico en televisión y surge como la lógica respuesta de un competidor ante alguien que toma una decisión determinada. Nada nuevo, por otra parte, en cualquier otra actividad industrial y en los modelos de competencia, que se basan también en la secuencia de que a toda iniciativa le sigue una reacción por parte del rival. Sin embargo, esta lógica se difumina cuando se habla de televisión y se limita esa capacidad de respuesta obligando a las cadenas a anticipar su rejilla de programación con el tiempo suficiente para que las revistas especializadas en el medio puedan publicarla.

Constituye también una limitación para los espectadores. Si bien se le garantiza un conocimiento previo de la programación, a cambio se le obliga a elegir entre ofertas que se han dispuesto a ciegas, sin el principio básico de que, cuando se programa, no sólo se distribuyen productos, sino que se buscan públicos diferentes con gustos diferentes y esto sólo es posible si se conoce de antemano a qué target se dirige la competencia. Puede suceder así que en la parrilla coincidan, en el mismo día y a la misma hora, programas similares entre sí, en cuanto a perfil de audiencia, género, formato e, incluso, tema. No parece que esto amplíe las posibilidades de elección de los espectadores. Por el contrario, se limita la capacidad de las cadenas de afinar su oferta a última hora y, al final, aumenta la probabilidad de que queden públicos desatendidos en un determinado horario, en los que ninguna cadena había pensado cuando configuraba a ciegas su parrilla.

Tampoco parece razonable que un producto ubicado en un horario fallido no pueda recolocarse en otra banda, donde tal vez pueda encontrar un mayor potencial de audiencia, hasta que no concluya el plazo legal de publicación de la programación.

En cualquier caso, la práctica de la contraprogramación ha disminuido de modo significativo en los últimos años. Las propias cadenas han asumido que son ellas las primeras perjudicadas cuando deciden cambios de ultimísima hora, a veces, como ha llegado a ocurrir, sin apenas tiempo para realizar la oportuna autopromoción. Se trata de una situación extrema, que no justifica que se pase al polo opuesto y es la obligación de hacer pública la parrilla con al menos once días de antelación. Un término medio podría poner fin al debate.

10. Producción propia/externa: ¿Deben las cadenas abrir la cuota de pantalla a las productoras independientes o apostar más por la producción con recursos propios?

La producción propia, la independiente y la ajena son los tres pilares sobre los que se articula la programación de las cadenas más importantes del mundo, incluidas las españolas.

En lo que respecta a la producción independiente, en concreto, se trata de una pieza clave en la industria audiovisual de cada país. El desarrollo y madurez de un mercado televisivo no sólo está en función de los operadores, sino que depende, en muy alta medida, de la capacidad, solidez y potencial creativo de las productoras. De ahí que algunos países europeos, caso del Reino Unido, hayan establecido legalmente cuotas que garanticen la presencia de esta línea de producción en las parrillas de programación.

La creación y puesta en marcha de una obra audiovisual exige el mantenimiento de una infraestructura técnica y de un equipo humano altamente cualificado, cuyos costes no siempre pueden ser asumidos por una cadena. No sólo desde un punto de vista estructural, sino principalmente en términos de posicionamiento. La batalla televisiva ha alcanzado tal grado de competitividad, que su resolución pasa por la adquisición de un alto nivel de especialización, el know how y la acumulación de experiencia, aspectos, todos ellos, difícilmente abordables en el día a día de un operador.

Prueba de ello es que, en los principales países de Europa, la innovación creativa y la experimentación de nuevos formatos residen sobre la producción independiente, artífice también de los principales éxitos de cada mercado. Según un estudio de GECA, este tipo de producción domina las listas europeas de audiencia en el curso 2003/04: en lo que respecta a las veinte primeras posiciones, supone el 95% del ranking francés, el 90% del italiano, el 80% del británico, el 75% del alemán y el 60% del holandés. En el caso español, el porcentaje se cifra en un 75% en la citada temporada y en un 85% en la que acaba de concluir, la de 2004/05 (el 25% y 15% restantes corresponden a la producción ajena y, en menor medida, a la propia).

Parece quedar claro que, de cara al correcto funcionamiento de todo el engranaje televisivo, la producción independiente debe ocupar un lugar destacado en las rejillas de programación de las cadenas.


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En Vertele queremos seguir trabajando en la misma línea que nos ha convertido en el punto de encuentro de toda la industria de televisión implicando cada vez más a los profesionales que nos siguen regularmente (personalidades, directivos de cadenas, productoras, consultoras, asociaciones, etcétera). Por ello, animamos a todos los profesionales relacionados directamente con el medio a que nos envíen sus reflexiones sobre estas cuestiones o cualquier otro debate que suscite en el futuro el mundo de la televisión a la dirección mailto:redaccion@vertele.com.

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