Análisis Los famosos en reality shows, un atractivo que no siempre garantiza el éxito

Les hemos visto pasar hambre en La Isla, vivir a todo lujo en el Hotel Glam o ponerse en la piel de profesiones de riesgo en El día que vivimos peligrosamente. Pero, ¿es su presencia suficiente para revitalizar un formato? Además, ¿qué tipo de famoso atrae más al espectador, el consagrado o el denostado?

Representan el actual giro de tuerca de los espacios de telerrealidad. El género televisivo de moda solicita su presencia y participación desde hace ya algún tiempo con el objetivo de conseguir un mayor atractivo para sus respectivos espacios. Una vez testados con concursantes anónimos, los reality shows han comenzado a “tirar” de los famosos, con mayor o menor fortuna, por temor a que el género pueda sufrir cierto desgaste “sirviéndose” únicamente de gente de la calle. En otras ocasiones, ellos, los famosos, ha hecho de “conejillos de indias” en algunos formatos.

En La Isla de los FamoS.O.S., versión VIP de Supervivientes, la presencia de rostros populares compitiendo no ha conseguido mejorar la audiencia de su original con personas desconocidas. Tanto el reality show de Antena 3 -esta temporada- como el de Telecinco -hace dos- se han movido en torno al 22% de cuota de pantalla. Junto al “famoso”, La Isla contó también con otro elemento muy del gusto del público, el denominado “Factor humillación”. Ver a Paola Santoni acribillada por los mosquitos o a Paco Vegara escondiendo plátanos en sus partes íntimas -debido al hambre que pasaba- ayudó seguro a subir los índices del programa.

Por su parte, el polémico Hotel Glam de Telecinco, versión VIP de Gran Hermano, tampoco ha tenido mayor acogida que su predecesor. El Hotel de los líos se ha movido alrededor del 26% de share mientras que el padre de todos los reality shows, que en octubre estrenará su quinta edición, sigue sin bajarse del 30%. Aquí no hubo humillación y sí mucho lujo, pero también muchas dosis de paranoia, excentricidad y hasta un debate nacional sobre la supuesta “telebasura” que destilaba.

Sea como fuere, la presencia de famosos ha conseguido que tanto El Hotel como La Isla se mantuvieran sin agobios en la parrilla.

En profesiones de riesgo, los famosos no seducen

Precisamente, dos formatos que contaron con famosos antes que con gente anónima no han podido seguir la estela de los anteriormente citados. Uno de ellos es El Día que vivimos peligrosamente en TVE-1, que este pasado junio situaba a famosos en la piel de profesiones de riesgo. Jorge Sanz o Cayetana Guillén Cuervo las pasaron de verdad canutas, el primero como reportero en la zona caliente del conflicto entre palestinos e israelíes, la segunda como misionera en el país más pobre del planeta, Sierra Leona. Pese a ello, el docushow ha congregado en sus cuatro emisiones una escueta media alrededor del 13% de share.

En la televisión autonómica andaluza, Canal Sur, el último experimento con famosos que ha llegado a nuestras pantallas tampoco ha conseguido cuajar. Se trata de Un canguro muy famoso, donde rostros populares como Máximo Valverde –éste repite experiencia de riesgo- o Juan Y Medio se meten a niñeras por un día. Estrenado el pasado 1 de julio, obtiene hasta la fecha una media del 15,9% de share.

Un último ejemplo que también nos puede servir es el de Vivo cantando: los años dorados, aproximación a la exitosa Operación Triunfo pero con viejas glorias de la música española. Mientras Rosa, Bisbal, Ainhoa y Carrasco ha reportado a los creadores de este formato beneficios incalculables, con registros de audiencia estratosféricos, Karina, Micky y sus compañeros de viaje van camino de perder la poca cuota de popularidad que les quedaba, con un seguimiento cada lunes que ya baja del 17% de share.

Famoso Vs. pseudofamoso

Pero, ¿qué clase de famoso triunfa en los reality shows? A muchos de ellos esta tendencia les ha venido de perlas para cargar las pilas de una popularidad venida a menos. El famoso del que hablamos no es el de alto caché –tipo Antonio Banderas o Ronaldo- y, tal vez por ello, la mayoría estén dispuestos a todo. Son los denominados pseudofamosos, cutrefamosos, famosos B, o famosos de medio pelo pero, al fin y al cabo, famosos. Su origen, el mundo rosa, la farándula o la propia televisión, que les ha dotado de ese estatus. En el otro lado de la baraja, son famosos reconocidos por su trayectoria profesional, siempre mejor considerados que los anteriores.

Paradójicamente, pese a que la presencia de estos últimos podría representar un mayor reclamo para el espectador, el caso es que en nuestro país son los primeros los que se han llevado el gato al agua en cuanto a audiencias. En la Isla y en el Hotel, las peripecias de Daniela Cardone, Marc Ostarcevic, Yola Berrocal o Dinio han enganchado más que las aventuras de Florentino Fernández en su lucha contra las mafias del Este o las de Mercedes Milá en el papel de una canguro. Hecho que no viene a demostrar otra cosa que el formato, siempre, está por encima de los nombres.

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