ESPECIAL VERTELE Cinco maratones de terror para morirse de miedo en Halloween

Cinco maratones de terror para morirse de miedo en Halloween
Cinco maratones de terror para morirse de miedo en Halloween

La noche del 31 de octubre se antoja como el momento ideal para sumergirse en la oscuridad de un género tan vasto y fértil como el del horror, para alimentar las pesadillas y, quizás, para enfrentarse al mundo real con otros ojos. Ya sea en familia o con niños, entre amigos o en pareja, o disfrutando de la más absoluta soledad, proponemos para cada caso distintas sesiones de películas con las que enfrentarnos a nuestros temores. Y, además, pasar un estupendo mal rato

Según el ya fallecido crítico Robin Wood, la clave en la génesis del cine de terror es "la lucha por reconocer todo aquello que nuestra civilización reprime u oprime". El género pone de manifiesto el Mal, la lucha (inútil) por enfrentarlo, superarlo y hasta reírnos de él. Nos enfrenta a nuestros miedos más recónditos, nos sobresalta lo suficiente como para sentir que los hemos vencido, aunque sea temporalmente; en otras ocasiones, nos sumirá en el más aterrador de los desconciertos, dejando trastocados nuestros sentidos al retomar el contacto con lo real, sin saber si lo que vemos es lo que aparenta.

El terror no tiene forma, y tiene a la vez todas las que le queramos dar. Por eso, para esta noche del 31 de octubre, ofrecemos un plan de visionados personalizado a cada situación vital o a cada problemática. Una selección de películas que, a juicio de quien escribe, quizás nos hagan mirar con otros ojos lo que tenemos alrededor. Que disfruten del mal rato.

En familia | Apología de la oveja negra

Una niña devorando al padre, ante la sobrecogida mirada de una madre que no será capaz de reaccionar ni cuando la pequeña escarbe en su pecho hasta matarla también, para alimentarse de ella. Estamos en 1968, y con con aquella escena icónica de 'La noche de los muertos vivientes', George A. Romero enfatizaba una idea fundamental: la familia como origen último del horror, y la desintegración de dicha estructura social como un acontecimiento inevitable y cruento.

Entre los parentescos que nos descubre la genealogía genérica de un vistazo superficial, podemos enlazar fácilmente tres linajes como los iniciados por Jack Hill, Tobe Hooper y Rob Zombie. Sus rasgos físicos los delatan: Sid Haig, último varón vivo de los Merrye en 'Spider Baby' (1964), asumirá la condición de cabecilla de 'La casa de los 1.000 cadáveres' ('House of 1,000 Corpses', 2003); mientras su hijo en esta última, Bill Moseley, ya luciría su temperamento en 'La matanza de Texas 2' ('The Texas Chainsaw Massacre 2', 1986). Pero esta hemofilia cinematográfica también permite la pervivencia de ese gen anómalo que sobrevive y aniquila a cada generación.

También comparten una cierta idea de ostracismo, que las hace, si cabe, más virulentas: 'Spider Baby', debut del nunca suficientemente ponderado Jack Hill, tardó décadas en ganarse su sitio a la mesa del terror, y quedó recluida en un cuarto oscuro, por más que anticipara ciertas facciones que serían habituales en la cara del terror moderno. En las antípodas de la insuperable 'La matanza de Texas' ('The Texas Chainsaw Massacre', Tobe Hooper, 1974), su satírica secuela se configuró como la indigesta y sobresaturada pesadilla de un demente en lo más recóndito de la América rural (ese concurso de embutidos...), e hizo méritos suficientes para ser desterrada por algunos de los obituarios dedicados al guionista L. M. Kit Carson. Finalmente, en la estela de las anteriores, la primera pica en la carrera fílmica de Rob Zombie es un tren de la bruja psicodélico y enfermizo, a mitad de camino entre Kenneth Anger y Wes Craven, que vería su estreno retrasado dos años y sería retratado como un capricho del roquero.

Juntas, su resonancia se amplifica y su discurso se completa: tres familias a las que la sociedad, con sus vicios, tradiciones y podredumbres, ha creado y luego escondido, avergonzada. En sesión continua, este tridente puede mandar un mensaje directo. Parientes, apechugad, esto es culpa vuestra.

'Spider Baby' (ídem, Jack Hill, 1964)
Los Merrye son una extraña familia que vive aislada del mundo. Sus últimos miembros vivos (Beverly Washburn, Jill Banner, Sid Haig) padecen una rara alteración genética, una regresión mental y física que comienza en la pubertad y degenera hasta alcanzar un estado prehumano de brutalidad y canibalismo. La aparente paz que les procura Bruno (Lon Chaney, Jr), el amoroso y compasivo chófer de la familia, se verá alterada cuando unos parientes lejanos hagan acto de presencia en su hogar reclamando la propiedad...

'Masacre en Texas 2' ('The Texas Chainsaw Massacre', Tobe Hooper, 1986)
Dos insoportables yuppies comienzan a incordiar por teléfono a Stretch (Caroline Williams), una locutora de una pequeña emisora de radio, interfiriendo en la programación. Los jóvenes son de pronto atacados y reducidos a fosfatina por Leatherface, quedando grabados sus gritos en cinta. El atormentado teniente Lefty (Dennis Hopper), que lleva años buscando a la familia de asesinos caníbales, decide usar como cebo la grabación, y a la propia joven...

'La casa de los 1.000 cadáveres' ('House of 1,000 Corpses', Rob Zombie, 2003)
Dos parejas de jóvenes de la gran ciudad viajan por las carreteras secundarias de Texas, investigando sobre leyendas urbanas y asesinatos en la América profunda. Movidos por ese interés, acaban topándose con una propiedad aislada, una casa ocupada por una familia de psicópatas deseosos de recibir invitados y hacerles partícipes de su particular galería de los horrores...

En grupo | De la distancia a la entraña

Las reuniones con amigos se perfilan como terrenos propicios para sacar la artillería posmoderna. 'Scream. Vigila quién llama' ('Scream', Wes Craven, 1996) y 'La cabaña en el bosque' ('The Cabin in the Woods', Drew Goddard, 2012) establecen un diálogo con sus espectadores: se reconocen en el interior de ambos dispositivos, participan de manera directa en el juego propuesto, avistando y señalando una turba de referencias a clásicos del susto.

Tanto una (con sus respectivas secuelas) como la otra vienen a hablar de eso último, de sus productos y de su público. La cuadralogía de Wes Craven/Kevin Williamson saca la cara por el slasher, largamente demonizado por una sociedad hipócrita que reprueba y hasta criminaliza la transgresión de sus fantasías sanguinolentas, con tal de eximir su responsabilidad sobre las carnicerías que acontecen en el plano de lo real. Un conocimiento profundo de los cánones –con 'La Noche de Halloween' ('Halloween', John Carpenter, 1978) sentando cátedra– posibilitará la supervivencia una secuela más. Por primera vez, el género existe dentro del género, reflexiona sobre sí mismo y sobre la experiencia de su visionado.

De forma análoga, el artefacto pergeñado por Drew Goddard y Joss Whedon estudia la necesidad de una reformulación del terror cinematográfico partiendo de sus clichés y lugares comunes y fácilmente identificables. Además de elevarse en su visionado como delirio orgiástico, su interés radica en su representación del género como un mastodóntico cubo de Rubik de incesantes combinaciones. En tiempos de descreimiento como los actuales, con espectadores resabiados y con complejo de superioridad, nada mejor que dinamitar dicho mecanismo, esparcir todas las piezas y hacer un sano ejercicio de limpieza, que permita volver a los postulados de raíz.

El discurso metalingüístico de 'Scream' o 'La cabaña en el bosque', al exponer las miserias de este cine, permite hacertábula rasay retornar a los estadios primordiales, sin ambages ni distanciamientos irónicos o posicionamientos políticos, y preservar su pureza. Véase el tono asilvestrado, nada cáustico, de la nueva 'Posesión Infernal' ('Evil Dead', Fede Álvarez, 2013), entregada al loable oficio de las delicias de casquería; o de 'La casa del diablo' ('House of the Devil', Ti West, 2008), con su dilatación máxima del tiempo previo al estallido definitivo de la violencia, propiciando así una atmósfera insostenible aun en la (nada) aparente normalidad.

Liquidar un maratón cinéfago con una propuesta en esta línea volverá a colocarlos en la senda del miedo esencial. Ideal para cuando toque que enfrentarse de nuevo con el mundo exterior y sus espacios cotidianos. Eso sí que acongoja.

'Scream. Vigila quién llama' ('Scream', Wes Craven, 1996)
Un asesino enmascarado siembra el terror en la apacible localidad de Woodsboro. Mientras el recuento de muertos aumenta, Sidney Prescott (Neve Campbell), una joven de trágico pasado familiar, y su grupo de amigos comienzan a pensar en los paralelismos de su situación con las tramas de las películas de terror. Todos permanecen a la expectativa, con el temor de que el verdugo decida hacerles una llamada telefónica...

'La cabaña en el bosque' ('The Cabin in the Woods', Drew Goddard, 2012)
Cinco estudiantes universitarios se preparan para pasar el fin de semana en una cabaña situada en un remoto bosque. Y hasta aquí se puede leer...

Con niños | Peligro: menores sueltos

Mia Farrow cruza el salón, con la hoja de un cuchillo temblando entre sus manos. Tras sortear a las huestes del diablo, avanza hacia el carrito de bebé donde reposa su recién nacido. Lo hace con determinación, pese a su frágil estado tras el parto, pues sabe que el fruto de sus entrañas desciende también del mismo Satán. Sin embargo, al encararlo, acepta el instinto protector. Será un engendro, pero es su engendro, su responsabilidad.

El adeudo que contraemos con nuestra prole, los lazos de sangre que nos unen a ellos determinaba que Rosemary acabara por anteponer su instinto maternal a cualquier otra apreciación. Los que ya han llegado alguna generación antes han de reconocer su parte, tal vez su culpa, en alumbrar al mundo una nueva criatura. Si no, habrán de atenerse a funestas, merecidas, consecuencias.

Pensemos en Frank Davis (John P. Ryan), renegando de la monstruosidad salida del útero de su mujer, renunciando a su papel como padre y a cualquier ligazón genética, en '¡Estoy vivo!' ('It’s Alive!', Larry Cohen, 1974). Se afanará en exterminar al neonato asesino, antes incluso de haberlo contemplado con sus propios ojos, con igual candor al que lucía en su rostro al observar a los bebés incubados en los primeros minutos de metraje. Todo sea por superar el estigma de la opinión pública, por salvaguardar los pilares morales y fingir una mal entendida estabilidad de puertas para afuera (ante la dilatación de la imagen del aberrante ser, de nuevo el interior del hogar como auténtico germen de las pesadillas, con sombras profundas y cortantes).

Y del miedo a la paternidad a la dejación de funciones. Los créditos iniciales de '¿Quién puede matar a un niño?' (Narciso Ibáñez Serrador, 1976) modifican la retórica del propio título y nos recuerdan, precisamente, los crímenes cometidos hacia la infancia, convenientemente documentados. Y para cada crimen, un castigo, una reacción en su justa medida. Los muchachos, desarrollada su conciencia colectiva, son en esta ocasión quienes repudian a los padres, tal vez por haberse visto desarropados, porque sus miradas no se hayan cruzado con las de los mayores.

'¡Estoy vivo!' ('It’s Alive!', Larry Cohen, 1974)
El matrimonio Davis va a tener su segundo hijo. La felicidad que les inunda al romper aguas ella se vuelve horror durante el parto: sin explicación aparente, la mujer da a luz a un monstruoso bebé hidrocéfalo que mata a todo el que encuentra en su gateo. Mientras las fuerzas del orden tratan de aniquilar al extraño ser, sus padres son estigmatizados por la opinión pública.

'¿Quién puede matar a un niño?' (Narciso Ibáñez Serrador, 1976)
Tom (Lewis Fiander) y Evelyn (Prunella Ranome) son una pareja de turistas ingleses que viajan a la costa española en su luna de miel. En busca de algo de tranquilidad, deciden visitar una pequeña isla en la que él había estado durante sus años mozos. Al llegar, se encontrarán una sorpresa: los únicos habitantes del lugar son niños, que por alguna extraña razón, han comenzado a matar a sus adultos.

En pareja | Relaciones de ultratumba

"No, por favor, solo está comiéndome", suplica una joven a Franceso Dellamorte, mientras el zombi de su amado muerto, un motero de nombre Claudio, limpia el cúbito de la chica a dentelladas. El sepulturero de Buffalora (Ruper Everett) y su ayudante Gnagui habían percibido la presencia de la pareja intervital por los equívocos jadeos de ella, retumbantes por todo el cementerio, y desoyendo el argumento, enviarán una bala a la cabeza del retornado, con tan mala suerte que rebota y se incrusta en la sesera de la extasiada viva.

La petite morte, expresión francesa atribuída al desvanecimiento orgásmico, alcanza altas cotas de literalidad en esta secuencia de la lóbrega 'Mi novia es un zombi' ('Dellamorte Dellamore', Michele Soavi, 1994), así como en los repetidos encuentros del enterrador y la fantasmagórica Anna Falchi, "la mujer viva más hermosa que haya visto", que acaba siempre exhalando su último aliento, como en un bucle inevitable e imprescindible. La erótica del dolor, la seducción por la muerte, por la amante moribunda que fenece y regresa, manteniendo su hermosura aun en la descomposición.

Similares sensaciones se mecen en 'Marea nocturna' ('Night Tide', Curtis Harrington, 1961), cinta que entronca con ese imaginario, con la presentación de una etérea muchacha, supuesta sirena, a la que se rinde un Dennis Hopper enfundado en traje de marinero, pese a los advertencias de otros. La atracción por esta bella mujer es demasiado poderosa como para dejarse influenciar; no obstante, será ella quien no pueda evitar el efecto de las leyendas sobre ella, con resultados trágicos.

Pese a todo, aún queda la esperanza del amor aun en el último extertor. Ahí tenemos la orgiástica y berlanguiana '[REC]3: Génesis' (Paco Plaza, 2012) como una celebración del amor eterno en la salud pero sobre todo en la enfermedad y la pústula. Leticia Dolera, acompañando su vestido nupcial no con una corona de flores sino con una motosierra; y Diego Martín, acudiendo al espíritu de San Jorge con la espada de bodas; sorteándose aguerridos entre parientes enrabietados, con el 'Gavilán o Paloma' de Pablo Abraira como guía. Hay que ver cómo es el amor...

'Mi novia es una zombi' ('Dellamorte Dellamore', Michele Soavi, 1994)
Francesco Dellamorte (Ruper Everett) es el cuidador del cementerio de Buffalora, un pueblo del norte de Italia. Desde hace un tiempo, los muertos enterrados en el lugar retornan a la vida, obligando al sepulturero y a su fiel ayudante Gnaghi a restablecer el orden natural.

'Marea nocturna' ('Night Tide', Curtis Harrington, 1961)
En un pequeño pueblo costero, el joven marinero Johnny queda prendado de una enigmática mujer, que trabaja como "sirena" en la feria. Motivado por algunos sucesos extraños y por las habladurías de diversos personajes, Johnny empieza a creer que la chica pudiera ser en verdad una sirena, que mata a sus amantes en las noches de luna llena.

'[·REC]3: Génesis' (Paco Plaza, 2012)
Hoy es el día más feliz para Koldo y Clara, el día de su boda. La pareja celebra el enlace rodeados de familiares y amigos, ajenos a que el infierno está a punto de desencadenarse apenas corten la tarta.

A solas | Abócate al abismo

Con los eventos en la noche del 31 de octubre plenamente instalados en el calendario comercial, convertida la víspera de todos los santos en una fiesta desposeída de significado para la multitud, la alternativa de la soledad se presenta como opción socorrida para enfrentarse uno a sus verdaderos demonios, para reafirmarse en la indiferencia a lo mundano y lo humano y tomar conciencia de nuestro frágil, efímero y hasta minúsculo lugar en el mundo.

Que el responsable de la poderosa 'Cadena perpetua' ('The Shawshank Redemption', Frank Darabont, 1994) se responda y se cuestione en 'La Niebla de Stephen King' ('The Mist', Frank Darabont, 2007) puede validar tan descorazonadora tesis: no hay redención ni esperanza posibles, el entendimiento y convivencia se destinan a quebrarse. Simplemente deambulamos y nos abastecemos, esperando a que la leche acabe por derramarse. Y tarde o temprano lo hará.

Alcanzado este idóneo estado de misantropía, las miradas de John Carpenter y Lucio Fulci se antojan ideales para ser asumidas en esta noche de lobos. Culminando su sublime Trilogía del Apocalipsis –tras 'La Cosa' ('The Thing', 1982) y 'El príncipe de las tinieblas' ('Prince of Darkness', 1987)– el lacónico estadounidense nos sumerge 'En la boca del miedo' ('In The Mouth of Madness', 1994): un bellísimo descenso a los infiernos de la mente, a partir del fanatismo desatado por un novelista de éxito.

Por su parte, 'El más allá' ('E tu vivrai nel terrore - L'aldilà', 1981) –que conforma junto con la previa 'Miedo en la ciudad de los muertos vivientes' ('Paura nella città dei morti viventi', 1980) y la posterior 'Aquella casa al lado del cementerio' ('Quella villa accanto al cimitero', 1981) la Trilogía del Terror de su autor– como la repulsiva, a veces insoportable, crónica del cataclismo de su cruel director, un destino que está también escrito (o pintado, en este caso) y se hace inevitable. Acierta de lleno Daniel Ausente al definirla (y por ende, en caracterizar así todo ese segmento de la filmografia fulciana) como una "película maldita", pues su propio visionado parece destinado al obstinado menester de desatar un infierno, sino en la tierra, sí en las mentes de sus espectadores.

Con Lovecraft en la mirilla, ambas películas logran plasmar las texturas y sensaciones de las lecturas del primordial autor. Valiéndose de su perfecto uso del scope, de una planificación y composición sin fallo el primero; y con su estilo, tosco y deliberadamente repugnante, sí, pero tremendamente sugestivo, casi hipnotizante (la secuencia de la autopsia); estadounidense e italiano se asoman al abismo del terror total, atávico e insondable. Aquel que no deja lugar para la bondad, donde uno no puede exterminar la maldad, pues es esta inherente al mundo y emana de sus adentros, intoxicándolo.

Quizás las paredes del hogar tampoco nos libren de ese Mal en constante acecho, mas puedan ofrecernos un confortable asiento en la oscuridad de la proyección, para contemplar su acción inevitable, antes de que la ceguera nos asista.

'La Niebla de Stephen King' ('The Mist', Frank Darabont, 2007)
Los habitantes de un pequeño pueblo de Maine se ven sorprendidos por una fuerte tormenta, de la que surge después una densa niebla que esconde un horror inasible para la imaginación. Refugiados en el supermercado local, surgen las tensiones entre los vecinos...

'En la boca del miedo' ('In the Mouth of Madness', John Carpenter, 1994)
El éxito de Sutter Cane (Jürgen Prochnow), famoso escritor de novelas de terror, no tiene parangón. Pero poco antes de entregar su última novela, desaparece sin dejar rastro. A la vez, algunos de sus fans se están volviendo inexplicablemente violentos. Para encontrar a Cane, su editor (Charlton Heston) contrata al detective John Trent (Sam Neill), que está convencido de que todo es un montaje publicitario para promocionar el próximo libro del novelista.

'El más allá' ('E tu vivrai nel terrore - L'aldilà', Lucio Fulci, 1981)
Liza (Catriona MacColl) acaba de heredar un viejo hotel en Louisiana. Allí, comienza a ser testigo de una serie de sucesos sobrenaturales en la casa, que resulta haber sido levantada sobre las mismísimas puertas del infierno.

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