Rueda de prensa "Las mujeres de la tribu están peor consideradas que cerdos"

"Son de verdad", defiende Cuatro sobre la nueva edición de su reality

"'Perdidos en la tribu' es el docu-reality más visto en la corta historia de Cuatro y, junto con 'Fama' y 'Callejeros Viajeros', está en el Top 3 del entretenimiento de nuestra cadena".

De esta forma ha presentado el director de Antena de Cuatro, Fernando Jerez, la segunda temporada del espacio que presenta Nuria Roca y que regresa este domingo a las 22:00 horas.

"Ésta es una edición mejorada de 'Perdidos en la tribu', aunque la primera ya tuvo una alta calidad. La nueva entrega ha tenido más días de grabación -un total de 30- y hasta 3.000 familias se han presentado al cásting", ha comentado Jerez en rueda de prensa a la que ha asistido Vertele.com.

"Veremos tribus con costumbres más sorprendentes e impactantes"

Producido por Eyeworks España, "Perdidos en la Tribu" enviará en esta ocasión a tres familias -dos valencianas y una malagueña- hasta tres enclaves repartidos en continentes diferentes: África, Oceanía y Asia. Además, cada una de ellas presentan tradiciones más llamativas que el año pasado.

"Ése era el reto que teníamos y será la clave de esta temporada. Hemos ido un paso más allá, y veremos tribus con costumbres más sorprendentes e impactantes", ha relatado, el director del reality, Hugo Tomás.

Entre ellas, ha destacado Tomás, "hay una que tribu sitúa a la mujer en una posición inferior a la de los cerdos", mientras que en otra, las mujeres "piden ser fustigadas por sus maridos".

Sobre este asunto, Jerez ha explicado que "hay tradiciones que no entendemos y que nos hemos limitado a retratar con mucho respeto".

"Mostramos lo que ellos quieren, y si hay tradiciones demasiado íntimas que no quieren enseñar, no lo hemos hecho", ha apuntado la producrora ejecutiva de "Perdidos en la Tribu", Isabel Durán.

"Son tribus reales que eligen vivir aisladas"

Sobre la realidad de la forma de vida de las tribus, después de la polémica del año pasado sobre la veracidad de las mismas, el director del programa ha recordado que "son de verdad, viven aislados y visten de acuerdo con sus tradiciones, porque ellos son los que deciden vivir así".

Además, Durán ha explicado que los responsables del programa "dedican tres meses a investigar estas tribus y un mes a vivir con ellas antes de que lleguen las familias españolas".

Nuria Roca conduce este viaje a lo desconocido

Fortaleza, tesón y una sólida unión familiar en los momentos más duros son algunas de las cualidades que este año tendrán que demostrar las tres nuevas familias que se enfrentan a la segunda edición de Perdidos en la tribu. El docu-reality de Cuatro regresa con tres nuevos y remotos destinos, que llevarán a tres familias españolas a adentrarse en la vida diaria de unas tribus inquietantes y renunciar a las comodidades a las que están acostumbrados.

Los terrenos más hostiles del planeta, los rituales tribales más extraordinarios y las condiciones naturales más desconocidas acompañarán día a día a unas familias que, a pesar de creer haberlo visto todo, ahora tendrán que vivirlo. El resultado: una aventura irrepetible en la que desafiarán a los elementos, descubrirán realidades que ni siquiera sabían que existían y vivirán la supervivencia de un modo desconocido.

Por primera vez en el programa, las tres familias se verán las caras antes de iniciar su particular periplo por el mundo, y serán conscientes en todo momento de que no sólo ellos luchan por conseguir la aceptación de la tribu para optar al premio de 150.000 € que se repartirá entre las familias aceptadas.

Además, en esta segunda edición serán 30, y no 21, los días que las familias tendrán que pasar junto con las tribus. Una estancia mucho más larga que se verá reflejada en el cansancio físico y el agotamiento psicológico de la mayor parte de los participantes.

Nuevos desafíos diarios, nuevas formas de entender la vida y nuevas maneras de alimentarse, convivir y enfrentarse a los problemas, en un docu-reality que el pasado año reunió a más de dos millones de espectadores cada domingo por la noche (13.5% share) y que se convirtió en uno de los programas revelación de Cuatro, como se pudo comprobar en el casting para esta segunda edición, al que se presentaron más de 3.000 familias.

Producido por Eyeworks España, Perdidos en la tribu es la adaptación del formato Ticket to the tribes, que se ha emitido con éxito en Bélgica, Alemania, Holanda, Noruega, Nueva Zelanda y Australia.

Los Hamer, los Kamoro y los Nakulamené

África, Papúa y el Pacífico más remoto son los tres destinos que Cuatro ha elegido en esta segunda edición para las arriesgadas familias. En ellos habitan tres extraordinarias tribus: los Hamer (en Etiopía), los Kamoro (en Papúa) y los Nakulamené (en una pequeña isla del archipiélago de Vanuatu, en el Pacífico), que sorprenderán a las familias con sus particulares gestos de bienvenida, los animales en los que se basa su dieta diaria o sus sangrientos rituales.

Unas formas de vida muy alejadas de las occidentales y que no siempre serán del agrado de los invitados. Pero también unas costumbres que, a pesar de lo diferentes, demostrarán que en muchas ocasiones todos somos más parecidos de lo que pensamos.

Familia Segura-Romero

Ana Mari y Rafael viven en Málaga. Ella es ama de casa y él militar en la reserva. A pesar del amor que se profesan siempre hay problemas de convivencia que esperan poder suavizar. La hija, Mila, tiene 17 años y apenas tiene relación con su hermano.

Cada uno parece hacer su vida sin tener en cuenta en absoluto lo que el otro pueda o no pensar. Por su parte, Rafael, el padre, es un hombre tan tranquilo que su carácter choca constantemente con el de Ana Mari, mujer de armas tomar que roza la hiperactividad y que resulta, para el resto de su familia, divertida y agotadora a partes iguales.

Los Segura-Romero son una bomba a punto de explotar, sobre todo Rafa, el hijo, que es consciente de que lo más duro de vivir con una tribu será para él tener que estar con su propia familia las 24 horas del día. ¿Será capaz Rafa de soportar tanta vida familiar con el handicap de estar, además, fuera de casa? ¿Empezarán los hermanos a conocerse más el uno al otro? ¿Se equilibrarán los caracteres tan opuestos del matrimonio?

Familia Rovira-Mezcua

En esta familia valenciana, hay una oveja negra y se llama David. Con su madre, Candelaria, discute constantemente, su hermana Raquel dice que su independencia es exagerada y su padre Salvador le intenta mantener lo más atado posible porque también él ha sido algo “calavera” en su juventud y teme que su hijo se meta en un lío. Su único cómplice es Raúl,el hermano pequeño, pero también él cree que David va demasiado a lo suyo.

Para los Rovira-Mezcua, Perdidos en la tribu es la oportuidad perfecta para que la oveja descarriada vuelva al baño y para que la familia regrese más unida y feliz que nunca.

Familia Moreno-Noguera

Miguel Ángel y Piedad, aunque no hace muchos años que se conocen, han encontrado juntos la felicidad, pero cada uno continúa viviendo en su casa. A los hijos de ella, Raquel y Marcos, todavía les sorprende ver a la pareja tan
enamorada como si fueran dos adolescentes.

Por eso, Raquel asegura que cuando lleguen a la tribu preferirá dormir sola a tener que soportar a su madre y a Miguel Ángel juntos por la noche. Todos están convencidos de que ganarán el premio sin problemas. Consideran que esta aventura es un capricho de Marcos y que por él, toda esta familia de Valencia se ha dejado llevar.

Así son las tres tribus

Los Hamer

Los Hamer viven en una apartada región al sur de Etiopía y son considerados como uno de los pueblos más tradicionales de su país. Cuando a un niño le duele el estómago, esta tribu mata a una cabra y le coloca los intestinos en la cara para que sane pronto.

Una de sus más destacados rituales tiene lugar en el paso de la juventud a la madurez. Para convertirse en hombre, el niño ha de saltar desnudo por encima de una larga fila de vacas, mientras los miembros femeninos de su familia reciben latigazos como símbolo de orgullo y devoción. Cuantas más cicatrices tenga una mujer hamer como consecuencia de este rito, más respetada será.

Una de las señas de identidad de este pueblo es el pelo de las mujeres: lo pintan de color rojizo con una mezcla de ocre y grasa animal. En cuanto a su gastronomía, no es extraño verles tomar sangre de toro.

Los Kamoro

La tribu de los Kamoro se asienta al sur de Irian Jaya, provincia indonesa de la isla de Papúa, tierra regida por las mareas. Tal es su influencia que, cuando salen a cazar, en numerosas ocasiones los Kamoro han de pasar días enteros en medio de la jungla porque las mareas no les pe miten regresar a su poblado.

Además de grandes guerreros, son un pueblo de hábiles cazadores. Los cocodrilos, tiburones o los cerdos salvajes son algunas de sus presas más habituales. En su dieta, nunca faltan las larvas ni los tambelos, una especie de gusanos que se reproducen en los árboles caídos que se pudren con la humedad. La ropa tradicional de los kamoro consiste en unas faldas de hojas superpuestas, tanto para hombres como para mujeres, y en multitud de ocasiones ambos se pintan el cuerpo de colores muy diversos y llamativos. Son además grandes escultores y creen con suma devoción en los espíritus de sus antepasados, a los que honran, cantan y homenajean en numerosas situaciones.

Los Nakulamené

El pueblo Nakulamené, situado en el archipiélago de las islas Vanuatu, es una de las tribus más amigables y acogedoras que pueblan el Pacífico. Construyen casas en los árboles y adoran que sus invitados se instalen en ellas durante su estancia. Se trata de una tribu llena de tabúes, secretos y prohibiciones cuyo incumplimiento ofende gravemente a toda la población.

Son, además, muy sensibles al desprecio. Viven por y para su comunidad y todo lo comparten entre sí. Los Nakulamené participan diariamente en la ceremonia secreta del kava, a la que sólo pueden acudir los hombres. Las mujeres de la tribu nunca han visto ni siquiera oído nada de lo que haya podido pasar en este festejo masculino. La vestimenta de los Nakulamené es muy simple: ellos tan sólo llevan un pequeñísimo taparrabos hecho de hierbas y ellas se protegen con una larga falda, también fabricada con hierbas.

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