Informe Los niños ven la televisión durante 17 meses antes de cumplir 15 años

Por su interés reproducimos el artículo de Angel Fernández publicado en el diario El Mundo, en su edición del domingo, sobre el consumo de televisión en la infancia

El informe Situación social de la infancia en España, encargado por el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales a la Universidad Pontificia de Comillas y dirigido por el sociólogo Fernando Vidal, contiene un apartado dedicado a la infancia y la televisión que subraya la preocupación social que existe por el tiempo que los niños pasan ante la pequeña pantalla. Los datos que aporta son preocupantes.

Fernando Vidal centra su trabajo en estudios y análisis realizados por otras instituciones. Así, uno del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) constata que los niños comienzan a ver la televisión en torno a los dos años y medio y le dedican, según ellos mismos, dos horas en los días laborables y tres en los festivos. Con estos datos se calcula que un niño, cuando cumple 15 años, habrá visionado aproximadamente 12.000 horas de televisión: 17 meses viendo la televisión día y noche.

niños, más severos

La razón mayoritaria para ver la televisión, según hijos y padres, es la función de entretenimiento y diversión que ésta cumple.Más del 80% de padres e hijos señalan esta causa. Al nombrar el segundo motivo hay una diferencia significativa: mientras un tercio de los padres valora que sus hijos ven la televisión porque los programas son buenos, sólo respalda esa opinión el 20% de los niños. Ellos confiesan que la segunda razón para ver la televisión es que no tienen ninguna otra cosa que hacer o porque no tienen con quién hablar o jugar. Cuando en la encuesta se pide que se enjuicie cuánto se ve la televisión, la mitad de los padres cree que sus hijos la ven poco (44%) o muy poco (6%). Los hijos se muestran más severos consigo mismos: el 17% cree que ve la televisión mucho y el 41% estima que bastante.

Existe un pequeño desajuste entre las respuestas paternas y las de los niños. Este desfase también es detectado en la investigación recogida en el estudio El tercero ausente (INCE) y que aborda el papel de los adultos en la relación entre niños y televisión.En él se pone de manifiesto «que los padres desarrollan un discurso agudamente crítico contra el excesivo tiempo de visión infantil, pero raramente asumen que sus hijos forman parte de este fenómeno que critican». Por ello, entre otras razones, «en la familia apenas se adoptan estrategias para intervenir a propósito de la influencia de la televisión». Las principales demandas públicas de los padres se dirigen a la rebaja en el tiempo de publicidad para los niños, disminución de violencia y sexo en los contenidos y diferenciar un horario especial infantil con contenidos bien articulados y pensados. A los padres, sin embargo, «en el discurso doméstico, la televisión les preocupa casi únicamente como pérdida de tiempo, mientras que en el discurso social preocupan sus contenidos».

La distancia entre discurso público y práctica privada también se demuestra en el mal juicio que merece la violencia cuando los padres hablan entre ellos y «la intervención en el ámbito doméstico que exclusivamente se realiza con contenidos eróticos».La relación del niño con la televisión es bilateral, no interviene nadie más, ningún adulto que la filtre o le acompañe. «Los padres simplemente son vistos como co-espectadores que tienen el poder (mando) sobre la televisión, nunca como mediadores».

contenidos

El uso que los padres hacen de la televisión como herramienta de sanción, regalo o castigo, refuerza «la representación de la televisión como un bien propio, logrado por parte del niño como una gratificación». El estudio insiste en que en casi todo momento la preocupación es el uso temporal de la televisión más que la intervención sobre sus contenidos.

La revista Consumer analizó 103 horas de programación con contenidos para niños de 11 canales españoles de televisión. Su conclusión fue decepcionante: la gran mayoría de los contenidos son técnicamente pobres, artísticamente lamentables y transmiten valores poco adecuados para los niños. Este exhaustivo estudio denuncia que, además, en las parrillas se ha desarrollado una fórmula de programación infantil basada en contenedores. En ellos, se insertan programas de calidad variable sin continuidad argumental ni común valor artística, cuya inclusión se debe más a una intención puramente comercial que a una lógica artística, educativa y de real entretenimiento.

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