Protección al menor Los padres confían más en las calificaciones por edad que en el chip antiviolencia

Aunque el 40 por ciento de los televisores en EEUU tienen este sistema instalado, menos de la mitad de los espectadores lo utilizan

Un estudio realizado por la Keiser Family Foundation señala que sólo un 7 por ciento de las familias encuestadas confían plenamente en las virtudes de este sistema que bloquea los contenidos no aptos para el público infantil.

Creado por el baptista Carl Elam, el V-Chip fue introducido en todas los aparatos receptores de TV en EEUU hace ahora un año y medio a través de una ley dictada por la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC). Este polémico instrumento ya venía debatiéndose desde 1996, cuando el Congreso encargó a la FCC un proyecto, promovido por el presidente Bill Clinton para defender a los menores de contenidos peligrosos.

Pero parece ser que los padres confían más en las calificaciones por edad que en este sistema. En Estados Unidos, las clasificaciones para la pequeña pantalla se designan “TVG” para todos los públicos, “TV-Y7” para mayores de siete años, “TV-14” para mayores de 14 años, “FV” para violencia de fantasía (fantasy violence), “V” para contenidos violentos y “D” para diálogos escabrosos.

Resulta curioso que el 53 por ciento de personas que habían comprado un televisor con ese chip, desconocían por completo que viniera incluido. Y entre aquellos que lo sabían, sólo uno de cada tres lo programó.

Aunque el 92 por ciento de los padres consultados por la Keiser Family Foundation señalan que estos índices les son útiles, también hay un 40 por ciento que avisan que estas calificaciones no son siempre adecuadas. En cuanto a quién debía asumir el control de los contenidos, si los propios padres o las instituciones, el informe apunta un empate entre ambas partes. En lo que sí se ponen de acuerdo es que los niños están expuestos a demasiada violencia en la televisión.

Anteriores encuestas

Los resultados de este estudio no han mejorado en demasía respecto a los obtenidos por la misma institución hace algo más de dos años. En aquella ocasión, tres de cada cuatro padres no estaban interesados en adquirir un receptor que incluyera este sistema. Y además se constató el hecho de que, a pesar de la confianza en las clasificaciones por edad, muchos de los adultos desconocían sus significados.

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