TV Internacional Una telenovela "gitana", ficción del año en Argentina

Canal 13 emite desde el pasado enero Soy gitano, culebrón que comenzó su andadura con mala audiencia y peores críticas, pero que poco a poco ha llegado a convertirse en la serie de la temporada

Se llama Soy gitano. Se estrenó en enero en la franja de las 21.00h de Canal 13 (la segunda cadena de mayor audiencia), con la presión de tener que sustituir con garantías durante su descanso veraniego a Son amores, el éxito argentino de ficción de la temporada pasada y que en nuestro país fue adaptada sin excesiva fortuna este verano por Telecinco con el nombre de Tres son multitud. Pese a tener un reparto de actores con experiencia (Osvaldo Laport, Julieta Díaz y Juan Darthés, entre otros), Soy gitano (producida por la misma responsable de Son amores, Pol-Ka), no contó en principio con el respaldo del público ni tampoco con el de la crítica.

Acusaban a la serie de fomentar un estereotipo gitano de ladrón, de regodearse en tramas excesivamente melodramáticas y de mostrar personajes con acento "raro" e ideología machista. En marzo, cuando regresó Son Amores, los conflictos entre las familias gitanas se mudaron a las 22 hs. En su nueva ubicación, la serie comenzó progresivamente a sumar hasta arrebatarle audiencia a Resistiré, serial de éxito de Telefé –la cadena líder argentina- que, para contrarrestar este hecho, introdujo un mayor número de escenas de sexo entre sus protagonistas (los atractivos Pablo Echarri y Celeste Cid).

Pese a ello, Soy gitano resistió y se volvió imparable. Entonces, aquella historia en la que sus personajes vivían con el cuchillo en la mano, el veneno servido y la boca llena de venganzas o besos, escaló hasta la cima en el ranking de las series más vistas y
se animó a ir más allá y mostrar escenas aún más osadas. La apuesta dio sus frutos: en el último mes, 16 veces fue el programa más visto de la televisión argentina (llegando a permanecer nueve días seguidos con el rating más alto).

El secreto de su éxito

Además de una intrincada trama de secretos, traiciones y amores apasionados y de los cuerpos trabajados que se exhiben sin pudor, esta telenovela explota un elemento que las cámaras nunca dejan de destacar con planos de auténtico detalle: el poder de las manos. Son las que acarician y las que arrancan botones de camisas y desabrochan cinturones. Pero también portan las velas para los embrujos y preparan las pócimas con venenos o sus antídotos. De manera directa son las encargadas de disparar los revólveres, empuñar los cuchillos o dagas o ahorcar a algún enemigo de turno al que haya que eliminar.

Y esas mismas palmas se baten al ritmo del flamenco golpeándose suavemente entre ellas para lograr un sonido agradable y "bailaor", aunque también lo suficientemente fuertes como para abofetear a quien se tenga enfrente y ubicar alguna desobediencia, no importa si el rebelde es una dama o un caballero. Porque en Soy gitano no hay lugar para las contemplaciones con los débiles, porque tampoco hay "débiles", todos comparten la fortaleza de hacer un producto que "manoteó" las cimas de las audiencias.

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