El poder de la imagen La televisión, la mejor arma de un político

Entre los asesores de Bush hay varios ejecutivos de TV que saben cómo conseguir que su Presidente luzca en la pantalla y tratan cada acto público como un programa de TV. En un discurso, llegaron a pedir a la gente que se quitara la corbata para parecer “americanos corrientes" a los que beneficiaría una reducción de impuestos

Desde que existe la televisión, los políticos han sabido utilizar el poder de este medio para ensalzar su imagen y, en consecuencia, ganar votos. Hace poco en un confidencial de Internet se hacía referencia a la supuesta victoria de Alberto Ruiz Gallardón en su primer debate televisado con Trinidad Jiménez atribuyéndola, en parte, a que el candidato del PP a la alcaldía de Madrid no dejó de mirar al objetivo de la cámara durante todas sus intervenciones, lo que le hacía quedar en clara posición de superioridad frente a la candidata del PSOE, que se dirigía siempre a él y no al público para exponer su programa electoral.

En Estados Unidos, el país del “show business”, el gobierno de Bush está utilizando el poder de la televisión y las nuevas tecnologías para promocionarse como nunca lo había hecho antes un presidente americano, ni siquiera Reagan y su famosa “técnica escénica”, según apunta un artículo del New York Times del que ofrecemos un resumen a continuación.

A muchos políticos americanos, democráticos o republicanos, han llamado la atención los escenarios perfectamente diseñados e iluminados en los que se exhibe el Presidente en todos sus actos públicos. La Casa Blanca cuenta con el asesoramiento de un equipo de ejecutivos de televisión expertos en iluminación, en ángulos de cámara, y que conocen de sobra la importancia del “telón de fondo” para conseguir llegar a la gente.

Conscientes del poder visual

En un reciente discurso que Bush dio en Indianápolis, los representantes de la Casa Blanca llegaron a pedir a la multitud que se agolpaba detrás del Presidente que se quitaran sus corbatas, para que se parecieran más al “norteamericano corriente de clase media" al que Bush estaba prometiendo una reducción de impuestos.

“Son conscientes del poder visual; vieron cómo lo hicimos nosotros, han aprendido de los errores cometidos después por el primer Bush y por Clinton, y lo han convertido en un arte”, explica Michael K. Deaver, asesor de imagen de Ronald Reagan.

Este “arte” no le sale barato a la Casa Blanca. Para el discurso que dio en horario de máxima audiencia, con motivo del aniversario de los ataques del 11 de septiembre (en la foto), Bush quiso tener como telón de fondo a la Estatua de la Libertad. La Casa Blanca tuvo que alquilar un sofisticado equipo de luces -similar al que se utiliza en los estadios de fútbol-, para que el icono más patriótico de EE.UU. quedara perfectamente iluminado.

Los "artistas" de la imagen

Tres personas son las responsables de esta “operación imagen”. Uno de ellos es Scott Sforza, un antiguo productor de la ABC que ahora trabaja para el director de Comunicación de la Casa Blanca. Sforza diseñó el escenario de 250.000 dólares que utilizaba el Pentágono para sus ruedas de prensa en Doha, Qatar, durante la guerra de Irak.

Sforza trabaja con Bob DeServi, un cámara de la NBC considerado como un “maestro de la iluminación”. En noviembre pasado, para un discurso de Bush en Bucarest, DeServi mandó alquilar en Gran Bretaña un espectacular equipo de iluminación y trasladarlo a Rumanía a través del Canal de la Mancha. El objetivo era conseguir un impresionante efecto de iluminación en la plaza de la Revolución.

La tercera persona clave en la imagen de Bush es Greg Jenkings, un antiguo productor de informativos de la Fox, ahora coordinador del montaje de escenario en todos los actos públicos de Bush.

Hasta ahora el evento mejor planificado -y también más criticado- ha sido el discurso que dio Bush en la cubierta del portaviones Abraham Lincoln para anunciar el final de los combates en Irak. Los estrategas mediáticos reconocieron posteriormente que Sforza y sus ayudantes habían preparado cuidadosamente toda la coreografía del evento, incluida la colocación de los miembros de la tripulación -según el color de su camiseta- y la perfecta ubicación de la pancarta “Misión cumplida” hasta conseguir que el presidente y esas dos palabras cupieran en un solo plano. Además, el discurso fue programado específicamente para que se produjera justo en un momento del día que los expertos en imagen llaman “la hora de luz mágica”, responsable del tono en la piel ligeramente dorado que favoreció a Bush aquel día.

"Lo que rodea a la cabeza es tan importante como la cabeza"

Según concluye el New York Times, la Casa Blanca tampoco descuida la imagen de Bush en otros actos menos relevantes, y cita como ejemplo la rueda de prensa que dio conjuntamente con José María Aznar al término de la guerra. Como se recordará, había grandes columnas de mármol en la sala, y al fondo podían apreciarse varios ramos de flores de color crema iluminadas. El resultado era una imagen muy fastuosa. “Ellos saben que dar profundidad a la imagen hace lucir más al candidato o presidente”, explica Deaver, que aprendió con Ronald Reagan lo siguiente: “lo que está alrededor de la cabeza es tan importante como la misma cabeza”.

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