Artículo de ABC Los "triunfitos" del Corán

Con el formato de OT como gancho, los finalistas leían los versículos vestidos con impolutas chilabas

Por su interés, reproducimos a continuación un artículo de Luis de Vega que publica hoy ABC:

Ni Bisbal, ni Bustamante, ni Rosa. Ni meneos de cadera, ni duetos sensuales, ni discos «best-sellers». Marruecos acaba de revivir a su manera las grandes noches de la academia televisiva con un programa que ha logrado, según sus responsables, aunar tradición y modernidad.

De entre 3.000 aspirantes menores de 20 años se ha elegido a los mejores recitadores del Corán, el texto sagrado de los musulmanes. Con el formato de OT como gancho para la audiencia y un plató de lo más colorido, los finalistas leían los versículos vestidos con impolutas chilabas, sentados en el suelo y con el libro apoyado sobre un atril.

Un jurado debía elegir ganadores a un niño —finalmente empataron dos— y una niña. El tercer agraciado saldría de los miles de telespectadores que, desde sus casas, votaran a través de los sms con sus teléfonos móviles. El director general de la cadena 2M, Mustafa Benali, reconoce orgulloso que se recibieron más de 100.000 mensajes.

La gran final de este «show místico» contó como estrellas invitadas con un conocido predicador iraquí, un grupo de derviches turcos y una orquesta sufí de Siria. Todo ello, aliñado con las lecturas de los jóvenes recitadores de los versículos coránicos, logró atraer al 90 por ciento de la audiencia en la noche del último viernes del mes sagrado de Ramadán. Cifras similares sólo se habían logrado hasta entonces con espectáculos como «Star Academy», que es como se conoce a la Operación Triunfo tradicional.

El objetivo, según Benali, es descubrir «la verdadera imagen del islam de paz, de tolerancia y de solidaridad». Uno de los ganadores es el niño de 12 años Abderrahman Zirig, que vive en Temara, ciudad cercana a Rabat. Aun sin comprender lo que canta y en la frialdad del salón de su casa, para este corresponsal resulta agradable escucharle.

Su voz se acerca a veces a algunos de los palos más severos del flamenco. «Prefiero el Corán que jugar en la calle con otros niños», reconoce en presencia de Ahmed, su orgulloso padre, que ha citado al periodista en domingo para que el desbordamiento mediático no distraiga a este nuevo «ruiseñor» de sus obligaciones cotidianas.

Comenzó a los cinco años instruido por su progenitor, continuó con la afición en la medersa (escuela coránica) y ahora es fiel seguidor de los recitadores más famosos del mundo. Llega incluso a decir que, bajo su humilde opinión, el famoso y joven imán que estos días levanta pasiones en la gran mezquita Hasán II de Casablanca, no es de sus favoritos. Quién sabe si no ocupará pronto su lugar.

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