Doble capítulo de estreno Así triunfó 'El jefe infiltrado': Lágrimas, vómitos y regalos sorpresa

Así triunfó 'El jefe infiltrado': Lágrimas, vómitos y regalos sorpresa
Así triunfó 'El jefe infiltrado': Lágrimas, vómitos y regalos sorpresa

Jesús Navarro, director de operaciones de Domino’s Pizza y Diego Trinidad, el Jefe de Departamento de Control de Gestión de Limasa, se pusieron anoche en la piel de sus empleados para conocer de primera mano cómo se trabaja en sus empresas. Algunos rompieron a llorar tras descubrir su identidad, el "asco" al limpiar basura y excrementos de caballo, sorpresas para los eficientes y 'regañinas' ante las decepciones...

El jefe infiltrado arrancó anoche con éxito de audiencia en laSexta. Jesús Navarro, director de operaciones de Domino’s Pizza y Diego Trinidad, el Jefe de Departamento de Control de Gestión de Limasa, se pusieron en la piel de sus empleados para conocer de primera mano cómo se trabaja en sus empresas.

El primero se convirtió en repartidor, se coló en la cocina o se disfrazó de muñeco promocional. Navarro se llevó agradables sorpresas al conocer personalmente a muchos de los que trabajan en sus tiendas... pero también decepciones.

Animó a Mónica, que no pudo evitar las lágrimas al conocer la verdadera identidad del 'jefe', a tener más confianza en sí misma como responsable de uno de los establecimientos: “Solo falta que te lo creas”. Para ayudarle en su formación le regaló un curso completo de inglés y un viaje a Londres.

No quedó tan satisfecho con sus dos motoristas Jesús y José. “Corre en la tienda, no en la moto es nuestro lema”, sentenció. Si quieren seguir en la compañía, deberán acatar las órdenes de su jefe, que les instó a hacer un curso de seguridad vial antes de volver a ser repartidores.

El 'jefe' de la oficina a la basura

Diego Trinidad, jefe de Departamento de Control de Gestión de Limasa, vivió más de un momento desagradable en su misión. Recogió excrementos de caballo al limpiar, con la mayor rapidez posible, la basura de la Romería de Málaga, vació cubos de basura, y acabó vomitando y sintiendo como se le irritaban la garganta y los ojos en una de sus tareas.

La experiencia también le sirvió para darse cuenta de los peligros que corren sus empleados al trabajar en plena carretera. Tras su experiencia premió a aquellos que demostraron su capacidad para su puesto. Tanto fue así que uno de ellos será su asesor personal para la renovación de los equipamientos del trabajo.

Las historias personales, protagonistas de El Jefe infiltrado, también tuvieron su recompensa. El amor y responsabilidad familiar se premió con un viaje a Disneyland Paris para todos sus seres queridos.

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