Crítica

El 'Apagón' de Movistar Plus+ promete luz pero la pierde capítulo a capítulo

Escena de 'Apagón' de Movistar+

Este jueves 29 de septiembre, Movistar Plus+ estrena Apagón, su serie más ambiciosa del último año. Inspirada en el podcast El gran Apagón y con resquicios del Colapso francés, llega como la primera gran serie postpandémica.

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La plataforma no escatima a la hora de promocionarla: “Una serie única. 5 episodios 5 directores 5 guionistas. De los creadores de Antidisturbios, Tarde para la ira, Maixabel, La isla mínima y Entre dos aguas, comparte en redes.

Premisas que deberían ser suficientes para que los amantes del audiovisual se asomaran a ver lo que ocurriría si una tormenta solar dejara al planeta sin energía ni tecnología. O, como mínimo, cómo lo vivirían las cinco grandes firmas escogidas para contárnoslo. Porque esta es una serie de autor(es), que firman cada capítulo con su mejor sello distópico.

Pero aunque en el papel todo sean buenas intenciones, el producto final no acaba de quedar redondo. Porque hay grandes nombres detrás, pero dejan lo mejor de cada uno en su entrega, no en el total. Y aunque haya un hilo conductor con los grandes dilemas morales, no es lo suficientemente atractivo para enamorar, y menos sin unas subtramas potentes que mantengan el interés por un universo tan oscuro que en ocasiones dudas si está encendida la pantalla.

Lo bueno y lo malo de tener directores y guionistas distintos en cada capítulo

El Apagón de Movistar Plus+ ve la luz a través de los ojos de Rodrigo Sorogoyen (Antidisturbios), Raúl Arévalo (Tarde para la ira), Isa Campo (Maixabel), Alberto Rodríguez (La isla mínima) e Isaki Lacuesta (Entre dos aguas), cinco de los mejores talentos audiovisuales de nuestro país.

Por lo que la serie se ha construido con unos pilares envidiables, pero en vez de lograr un único edificio perfecto, cada uno ha diseñado la casa de sus sueños para habitarla en el apocalipsis. Son envidiables por separado, pero no funcionan en conjunto.

Así, nos encontramos con capítulos que beben del western, de la serie 24, de thrillers políticos y hasta del terror o el drama social. Con moralejas que se repiten y grandes dilemas morales en cada uno de ellos.

Y a sabiendas de que son palabras mayores, se podría comparar al atrevimiento de The Wire al cambiar el foco en cada una de sus temporadas. Mientras que en Apagón ocurre en cada una de sus entregas. Lo que no la convierte en una apuesta fallida, pero sí difícil y arriesgada.

El aprendizaje audiovisual tras nuestro confinamiento

Apagón llega cuando el planeta atraviesa una crisis de suministro energético y plantea eso mismo: lo que ocurriría si nos quedáramos sin él. Llega también tras haber vivido una pandemia, una crisis sanitaria y un confinamiento de forma reciente.

Y si algo hemos aprendido tras haber vivido en primera persona tales dramas es cuando la realidad supera la ficción: la ficción siempre es insuficiente para plasmarla. Por eso nos aburren las series sobre el confinamiento, porque nada que nos puedan contar nos puede sorprender más de lo que hemos vivido.

La carga emocional de los últimos años ha sido tal que aún estamos en estado de shock, de asimilar las consecuencias que aún estamos pagando y de entender que el mundo ha cambiado. Por lo que situar al espectador en otras distopías, con más dilemas morales y moralejas finales no es como antes.

Cuando se estrenó El Cuento de la Criada en 2017 todos agradecimos que nos abrieran los ojos al posible futuro que nos espera. Cinco años después estamos más preocupados por mejorar nuestra realidad que por explorar otros mundos. Y es que los “tempos” en las series también son clave.

Por eso Apagón deja un regusto a quedarnos “a medias”, porque si hubiera llegado antes de la pandemia, quizá habría sido más impactante. Y si llegara en unos años podríamos asimilar mejor su mensaje. Pero al llegar justo después aún estamos rebozándonos en una realidad que supera a la ficción.

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