Crítica
'Bienvenidos a Edén', un cóctel de ingredientes 'puro Netflix' creado para gustar al público de masas

Poster de 'Bienvenidos a Edén'

Una isla secreta. Un grupo de jóvenes atractivos con presencia activa en redes sociales. La fiesta de sus vidas. No, no estamos hablando del enésimo viaje de influencers organizado por una marca para su última campaña, sino del punto de partida de Bienvenidos a Edén, la nueva serie española de Netflix que se estrena este viernes 6 de mayo en el catálogo nacional e internacional de la plataforma.

Netflix muestra la distópica comunidad de 'Bienvenidos a Edén' en el tráiler definitivo de su serie

Netflix muestra la distópica comunidad de 'Bienvenidos a Edén' en el tráiler definitivo de su serie

La ficción, ideada por Raimon Masllorens y creada por Joaquín Górriz y Guillermo López, debuta en el streamer con un cartel de conocidísimos actores y actrices y precedida de una oportuna campaña promocional. Y no es para menos, puesto que si hay algo que queda claro tras el visionado de los ocho capítulos de su primera temporada, a los que ha tenido acceso verTele, es que es un proyecto que aúna todos los ingredientes 'puro Netflix' que gustan y mucho al público de masas.

Amaia Aberasturi, Amaia Salamanca, Belinda, Lola Rodríguez, Sergio Momo, Begoña Vargas, Ana Mena, Berta Vázquez, Tomy Aguilera, Albert Baró y Guillermo Pfening encabezan el reparto de esta producción de Brutal Media. Una serie que no inventa nada, pero que sabe explotar sus recursos para servir un acertado cóctel de géneros que cumple con creces su misión de entretener.

“¿Eres feliz?”. Con esta pregunta, Zoa (Aberasturi) y otros cuatro jóvenes son invitados a la fiesta más exclusiva organizada en una isla secreta por la marca de una nueva bebida. Pero lo que comienza siendo un viaje excitante pronto se transforma en la experiencia que les cambiará la vida, y no precisamente para bien. Lejos de lo que parece, el prometido Edén no es el paraíso, sino una comunidad centralizada que esconde secretos que no imaginan, y que amenaza con atraparles aún sin haber mordido la manzana.

La líder de ese micromundo de estética futurista y controlado por drones es Astrid (Salamanca), una especie de madre espiritual que busca ampliar su comunidad con un objetivo poco claro. El personaje, tan enigmático como desconcertante, es la principal cabeza visible de una historia muy coral en la que el peso de cada rol está compensado, y en la que el engranaje general funciona... pero no de manera lineal.

De su arranque prometedor a un 'cliffhanger' bien traído

Bienvenidos a Edén arranca su aventura en Netflix con un primer capítulo que tiene todo lo que debe tener un piloto: una buena presentación de los personajes y la historia, un ritmo óptimo y un planteamiento que avanza lo justo pero que a su vez proporciona toda la información necesaria para atraer y enganchar desde el principio.

Tras ese prometedor inicio, la serie se preocupa por desarrollar la llegada de los nuevos miembros de la comunidad y su integración con el resto de personajes, ahondando en los primeros nexos personales y en aspectos sociales que si bien funcionan como complemento de otras tramas, no son tan potentes para llevar el peso de los capítulos como ocurre esencialmente entre el segundo y el tercero.

La ficción vuelve a carburar a partir de los acontecimientos ocurridos al final del episodio tres, donde empieza a producirse un giro hacia el thriller que aunque se intuye desde los primeros compases de la serie, se hace de rogar. Desde ese momento, y esencialmente tras el quinto capitulo, Bienvenidos a Edén prospera en clara línea ascendente hasta un clímax final que satisface, y que lo deja todo abierto de cara a una segunda temporada que, por trama, está asegurada.

Precisamente, y pese a que el cliffhanger del capítulo 8 funciona a la perfección, esa concepción de la serie como un relato de -al menos- dos temporadas es la responsable de algunos agujeros de guion que pueden desconectar al espectador, puesto que ofrece más preguntas que respuestas y presenta ciertas incongruencias que deberían ser resueltas en la próxima tanda.

Producto comercial con ingredientes 'puro Netflix'

Como ya hemos comentado, y como también asumió la misma Amaia Salamanca en una entrevista con verTele, Bienvenidos a Edén no inventa nada que el público no haya podido ver antes en otras series. “Con la cantidad de contenido que hay, hoy por hoy resulta muy difícil hacer algo totalmente novedoso”, admitió la actriz protagonista. Tampoco lo esconde Netflix, que ya desde el tráiler muestra las semejanzas de su nueva apuesta distópica con otros títulos exitosos de su catálogo como Los 100 y la brasileña 3%.

No, Bienvenidos a Edén no es igual que esas dos series, pero sí las tiene como clara referencia de un género en el que por mucho que intentes innovar, todo pinta parecido. Estéticamente, como se vio desde las primeras imágenes publicadas, y también en lo que respecta a algunas tramas personales, en las que integra los mecanismos que mejor funcionan en los títulos arriba mencionados y los presenta con su propio estilo.

A su favor juega que es de las pocas ficciones españolas que se ha atrevido a probar con la distopía, y que dentro del nutrido catálogo patrio de la plataforma sí es una rareza y una serie que destaca por sí misma. Pero lo que verdaderamente hace a este proyecto atractivo para el gran público es que es una mezcla de elementos 'puro Netflix' que juntos, consiguen funcionar.

Uno de los principales y más llamativos es el uso de un color identificativo. Como ya se ha comprobado en proyectos como La casa de papel o El juego del calamar, cualquier distintivo con gran presencia en una serie “comercial” de Netflix tiene altas probabilidades de convertirse en algo icónico y retroalimentar la posible condición de fenómeno de la misma. En el título que aquí nos ocupa, el azul identifica a todos los habitantes de Edén, y representa a la serie desde el primer capítulo hasta el último.

También es importante la condición de aislamiento de sus protagonistas, y su presentación como una comunidad alejada del mundo real y con sus propios roles y particularidades. Otro punto en común con los títulos más exitosos, que en esta ocasión sucede en un entorno abierto y paradisíaco como una isla, aunque igual de claustrofóbico que otros entornos que sí están cerrados. Y entre lo más significativo cabe hacer alusión al cóctel de géneros que presenta, y que le hace pasar del drama al thriller, del juvenil al psicológico y del romance a la intriga con solvencia.

Un reparto hecho a medida del proyecto

Pero para marca de la casa, el reparto. Como en cada serie destinada a generar cierto fenómeno fan, más aún cuando hablamos de títulos juveniles, el cartel es básico como efecto llamada para captar a un público fiel y entregado. En este caso, no hay duda de que Bienvenidos a Edén está creada con ese propósito, y ha logrado completar un elenco que incluye desde caras conocidas y con amplia trayectoria en series, hasta nuevos descubrimientos y también cantantes.

Belinda y Ana Mena son una buena representación, ya que además de su carrera musical, cuentan con trayectoria en el mundo de la interpretación y están a la altura del reto. A su lado, destacan sobre los demás Amaia Salamanca en el papel principal, Amaia Aberasturi como la líder de los jóvenes y una Lola Rodríguez que asume un desafío muy diferente al que la encumbró en Veneno, la serie de Los Javis.

En definitiva, Bienvenidos a Edén es la serie que promete: un producto comercial que entretiene y que explota bien sus recursos para aspirar a convertirse en uno de esos fenómenos efímeros que encajan con la naturaleza de Netflix y que la mantienen viva como plataforma.

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