Crítica

'Furia', la nueva serie de Filmin que refleja el peligro del auge de la extrema derecha en Europa

'Furia'

Marcos Méndez


Filmin sigue demostrando tener una capacidad especial para reunir historias que no sólo entretienen, sino que permiten comprender un poco más diferentes países, especialmente de Europa. La plataforma estrena este martes 15 de febrero Furia, una ficción noruega (coproducida con Alemania) que se estrenó en septiembre en la cadena Viaplay, que Filmin ya señaló como una de sus grandes bazas para este año al presentarla (y ser premiada) en el Serielizados Fest, y que ahora llega a España para demostrar lo mejor de la tradición de “thrillers nórdicos”.

Filmin repasará la trayectoria de Manuel Campo Vidal en un documental que ya tiene fecha de estreno

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Esta serie creada por Gjermund Eriksen, ganador de un Emmy internacional por Mammon, consta de ocho episodios de unos 50 minutos que están dirigidos con destacable acierto por el noruego Magnus Martens (Banshee o Good Behaviour en EE.UU.) y con menos tino por el alemán Lars Kraume (Tatort o Bauhaus). Una “doble nacionalidad” que se traslada tanto a su localización, que arranca en un pequeño pueblo noruego para acabar en pleno Berlín, como en su trama, que también lleva a los protagonistas a realizar ese viaje.

Protagonizada por Ine Marie Willman, de matrícula de honor en el papel de la policía infiltrada Ragna, y por un también destacado Pål Sverre Hagen como el perseguido policía Asgeir, Furia supera cualquier exigencia que podamos pedirle a un thriller escandinavo y la combina de forma magistral con un compendio de asuntos de actualidad que dan como resultado una verdadera joya de ficción que, como decíamos, además de entretener permite comprender y plantearse riesgos reales que acechan a toda Europa.

Su historia arranca, en un principio, con la llegada de Asgeir a un pequeño pueblo de Noruega huyendo con identidad secreta de la mafia rusa, a la que se enfrentó en su etapa en las fuerzas especiales, y que le provocó una pérdida personal irreparable. En ese pueblo se asientan migrantes refugiados que escapan del horror en sus países, que reciben el ataque de una (aparentemente) pequeña célula de extrema derecha, a la que el agente tendrá que investigar.

Es entonces cuando se descubre que la historia, en realidad, viene de antes. Ragna está infiltrada desde hace años en esa célula, pero sus planes son mucho más ambiciosos de lo que podría imaginarse. Entre “topos”, filtraciones, traiciones, amenazas y asesinatos; con sus pocos apoyos policiales de verdadera confianza, tendrán que colaborar para escalar a lo más alto de una organización que acaba siendo internacional, para descubrir sus planes e intentar desbaratarlos. El futuro de Europa está en juego.

'Furia' pretende (y consigue) no ser “un thriller más”

Furia tiene todos los elementos que se le deben exigir a una apuesta de este género. Abundan los giros de guion incluso recurriendo a “engaños” al espectador, sabe mantener una tensión constante, y sitúa convenientemente diferentes momentos de clímax en los que la acción se dispara de forma controlada para saciar al espectador. También juega con su localización, que se convierte en un personaje más y sabe variar entre el silencio y la cercanía del pequeño pueblo de Noruega, y la grandiosidad y los problemas “burocráticos” de la capital de Alemania. El del thriller es un género tan amplio y trabajado que resulta difícil señalar referentes, pero por su sello y localización puede recordar a Bron/Broen (El puente), y a nivel nacional a Hierro, sobre todo por su tratamiento del entorno.

Pero una de sus grandes virtudes es no conformarse con ser “un thriller más”, y atreverse a crear una historia que introduce muchísimos asuntos de actualidad que permiten al espectador reflexionar y ser consciente de peligros que nos acechan. Furia demuestra por qué no es conveniente normalizar a la extrema derecha, profundiza en el peligro de su auge en toda Europa mediante partidos y asociaciones ultraderechistas que luego se relacionan entre sí, pone de manifiesto la importancia que éstas le dan a las redes sociales, los bulos y la desinformación para fomentar la polarización política y social en torno a su ideología, señala el apoyo de países y mafias como Rusia para desestabilizar el proyecto de Europa, y hasta da pinceladas de sus métodos utilizando las criptomonedas, cuya naturaleza encriptada las hace difíciles de rastrear y pueden servir para financiar al terrorismo de cualquier ideología.

El gran fuerte de la serie es saber combinar todos esos elementos, incluyéndolos en un género tan utilizado como el thriller, para intentar superar heridas que azotaron en la realidad a Noruega. Porque en el fondo, Furia sirve de espejo a la sociedad noruega y europea.

De la masacre de Utoya a la utilización de la tragedia

El 22 de julio de 2011, Noruega sufrió una profunda herida que aún no ha podido cicatrizar. Ese día Anders Breivik, un militante de extrema derecha obsesionado con el fundamentalismo cristiano, el nacionalismo, el anti-multiculturalismo, su islamofobia y su admiración por el Tea Party estadounidense, radicalizó su postura hasta el terrorismo. Asesinó a ocho personas mediante un coche bomba situado en el distrito gubernamental de Oslo -junto a la oficina del primer ministro- y acto seguido se hizo pasar por policía para asesinar a tiros a 69 adolescentes que participaban en el campamento juvenil del Partido Laborista Noruego -el PSOE noruego-. 77 muertos y más de 100 heridos en un suceso que pasó a la historia como “La masacre de Utoya”.

La tragedia, como se escucha en la propia serie, afectó de forma directa a uno de cada cuatro noruegos, un país con “apenas” 5,3 millones de habitantes. Y 10 años después, ya en 2021, el que por entonces era su primer ministro Jens Stoltenberg ha reconocido que “el odio sigue presente”. Furia no sólo incluye esa tragedia en su trama, con un suceso clave para su protagonista Ragna, sino que se convierte en heredera de su dolor para alertar cómo ese odio puede ser ideologizado y utilizado para generar el caos.

“De ello depende el futuro de Europa”, llega a decir en la ficción uno de sus personajes (que encarna a una especie de 'Profesor' de La casa de papel con un fin mucho más avieso que Álvaro Morte), como culmen ficcionado que demuestra cómo las tragedias pueden politizarse, ideologizarse, y acabar siendo inspiradoras para pensamientos islamófobos, antifeministas, anti-multiculturalistas y ultranacionalistas. Y lo que sus estructuras son capaces de orquestar, ante el “bienquedismo” político que se malinterpreta de la democracia.

Furia es, sobre todo, un gran thriller. Una serie que engancha, que te mantiene en tensión y que al acabarla te hace desear que tenga una posible segunda temporada. Pero también aspira, y consigue, ser más que eso, abriendo los ojos sobre la polarización ideológica que sufre Europa, la radicalización de su derecha, y los apoyos que encuentran en las fake news. Ojalá, en este caso, la realidad no supere a la ficción.

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