Crítica

'Sentimos las molestias', el placer de ver juntos a “viejos” como Rellán y Resines

Miguel Rellán y Antonio Resines en 'Sentimos las molestias'

Marcos Méndez


Sentimos las molestias, la nueva serie de Movistar+, iba a estrenarse en el mes de febrero. Pero a mediados de diciembre uno de sus dos protagonistas, Antonio Resines, tuvo que ser ingresado por complicaciones derivadas del Covid-19 y permaneció en el hospital hasta principios de febrero. La plataforma tuvo el alabable gesto de esperarle y reorganizó su calendario de estrenos, adelantando las segundas temporadas de Nasdrovia y La Unidad. Y ahora por fin ha llegado su momento.

Resines, de vuelta con Miguel Rellán para presentar 'Sentimos las molestias': "Que la muerte te pille viviendo"

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Este viernes 8 de abril, Movistar+ lanza completa esta ficción grabada antes del mal trago por el que ha pasado el actor, pero que después de él sirve para volver a verle en acción. Atrás quedan su denuncia por suplantar su identidad, su carta de agradecimiento a los sanitarios, y hasta su reaparición vía telemática en El Hormiguero en la que explicó: “Tengo una atrofia del 80% y ando con andador pero me recuperaré”. En la presentación de la serie este lunes, ya se le pudo ver tan bien como en su papel. Y eso es mucho decir.

No hay por qué negarlo: el regreso de Antonio Resines hace especial a Sentimos las molestias. Le aporta un punto de emoción y de alegría por ver de nuevo al actor, y aunque fuese rodado antes de su lucha contra el coronavirus, por saber que él mismo presenta esta apuesta. Pero la serie no es sólo eso, ni mucho menos. Y es que su improvisada “pareja artística” con Miguel Rellán da mucho juego donde debe darlo, episodio tras episodio, y sirve de punta de lanza al principal punto a favor de la ficción.

En verTele ya hemos podido ver los seis capítulos de unos 27 minutos que componen la primera temporada de Sentimos las molestias. Y el regusto general es el de un agradable dramedia que representa la realidad de “hacerse mayor” desde dos extremos muy diferentes, y que sobre todo pone en valor el trabajo de actores y actrices más veteranos. Porque ese es su principal punto a favor.

Ni envejecer ni hablar de ello debería ser un tabú

En España se considera que la “tercera edad” arranca a los 65 años. A nivel social seguramente habría que actualizar esa barrera, puesto que la esperanza de vida y las condiciones generales hacen que habitualmente sea entonces cuando somos capaces de vivir una segunda juventud con el descanso de la jubilación (que de hecho sí se retrasará a los 67). Sin embargo, al nivel de la ficción parece que lo que habría que actualizar es el sector, porque ¿cuántas de las series más vistas de España están protagonizadas por actores y actrices “mayores”? Como mucho se integran en repartos corales, pero es prácticamente imposible encontrar un nuevo proyecto encabezado por intérpretes de más de 65 años.

Seguro que cuando Juan Cavestany y Álvaro Fernández-Armero crearon Sentimos las molestias pensaron en ello. De hecho, la sinopsis oficial de la serie la presenta en ese sentido: “Hay grandes amistades que se hacen eternas… Sentimos las molestias nos habla en tono de comedia dramática sobre lo que supone 'hacerse viejo' hoy en día. Rafael Müller (Antonio Resines) es un aclamado director de orquesta que mantiene una amistad de décadas con Rafael Jiménez (Miguel Rellán), una vieja gloria del rock, líder del grupo Cuidado con el perro, que se resiste a colgar la guitarra”. Y tanto Resines a sus 67 años como Rellán a sus 78 dejan claro que los que pierden más al no ver a intérpretes liderar proyectos a esas edades somos nosotros, los espectadores.

No lo decimos solo por ellos, que son los protagonistas, sino también por la práctica totalidad de personajes que les rodean: Fiorella Faltoyano (72), Luisa Gavasa (70), Tito Valverde (70) y la “benjamina” de ese grupo María Casal (64) demuestran la riqueza que aporta basar una historia en carreras asentadas, en actores y actrices con experiencia, para contar sin reparos “lo que supone 'hacerse viejo'”, como cita su sinopsis. Y también quita hierro a cómo a todos nosotros, incluidos los periodistas, nos da tanto miedo preguntar o a hablar sobre ese envejecimiento por temor a que parezca que estamos minusvalorando o apuntando a una merma de las capacidades de nuestro interlocutor. No, todo lo contrario. En realidad, es que a veces el respeto nos lleva a autocensurarnos para que no parezca que el 'hacernos viejos' es sinónimo de estar en decadencia.

Así lo demuestra Sentimos las molestias, que convierte en disfrutables cada una de las escenas en las que se miden sobre todo Resines y Rellán, pero también Rellán y Casal, Resines y Faltoyano, o los dos con Gavasa y Tito Valverde. Las interpretaciones, que ponen en valor el trabajo de esos actores y actrices más veteranos (por no decir 'viejos', ya que el temor sigue ahí), son como incidimos su principal punto a favor.

Nada de 'Vergüenza' por hacerse viejos

En Sentimos las molestias, lo bien que funcionan sus intérpretes, y especialmente sus protagonistas, hace que todo sea cómplice y rápido, y respire realidad. Un sello que ya tenía Vergüenza, de los mismos creadores para la misma plataforma, y que ahora demuestra también esta ficción pero girando en torno a una reflexión sobre la edad, y sobre la percepción de la edad, tanto la propia como de los demás hacia uno mismo.

Lo hace sin apostar por una comedia exagerada (lo que quizás no contente a los que acudan a ella al verla categorizada como “comedia”), sino desde una cotidianidad casi costumbrista, esa que “nos podría pasar a todos”. Aunque sí recurre a los dos extremos: por un lado el síndrome de Peter Pan de Rafael Jiménez (Miguel Rellán), que sigue siendo un rockstar por el que no pasa el tiempo, ni tiene ni quiere pareja estable, y sólo piensa en volar libre; y por otro lado la rectitud del exitoso Rafael Müller (Antonio Resines), director de orquesta premiado a nivel internacional que intenta “volver al mercado” al ver cómo su mujer de toda la vida le deja por su obsesión con el trabajo, mientras padece un cierto cansancio vital. Amigos de toda la vida, distintas circunstancias les llevan a convivir juntos. Y es en su diferencia, como del rock a la música clásico, donde se abre hueco la comedia.

La propia serie juega con el relevo generacional, para lo que son importantes personajes como los de Victoria (Melina Matthews) y Lombardo (Peter Vives), intérpretes y papeles más jóvenes que permiten a la ficción no sólo reflejar que los tiempos cambian, sino también ser valiente.

Es valiente porque su trama no duda en abordar temas complicados como la gentrificación de los barrios y las presiones para abandonar pisos y edificios con los que luego poder especular (late motiv, por cierto, de otra serie de Movistar+ como Antidisturbios). O como la forma en que “aparcamos” a nuestros mayores en residencias. O como la normalización actual de la homosexualidad y el contraste con generaciones ahora “mayores”. O como las consecuencias de mezclar realidad y ficción, algo con lo que también bromea con cameos como el de Mara Torres, clave para que Sentimos las molestias no lo sienta tanto al pisar otro charco profundo: el abuso de la posición de poder de un famoso director, que capta señales donde no las hay de una de las miembros de su orquesta, e incurre en un acercamiento físico y sentimental que la serie resume en un irónico mensaje de “Enhorabuena, Plácido”, en referencia a Plácido Domingo.

Mensajes y guiños valientes a la actualidad, a la realidad diaria, que hacen que Sentimos las molestias se convierta en un agradable acompañamiento sin buscar la risa, por lo que incidimos en esa categorización más como “dramedia”. Un acierto que compagina también con cameos y participaciones como los de Guillermo Montesinos, María Miguel o Pedro Miguel Martínez, casi todos ellos de intérpretes veteranos para profundizar aún más en su principal punto a favor, que la propia serie resume en una frase a modo de moraleja: “Si vas a dejar que tu ego esté por encima de hacer las cosas que más te gustan, entonces es que definitivamente eres un viejo”.

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