'El Ministerio del Tiempo' 1x03: Cita romántica de Franco y Hitler con calabazas finales

Por Miriam Ortiz

Anoche 'El ministerio del tiempo' volvió a cambiar su horario para adaptarse al nuevo prime time, aunque algunos tuvimos que viajar al pasado para poder llegar a verlo a tiempo.

En esta ocasión la trama se centraba en 1940, cuando Franco y Hitler tienen una cita romántica en Francia, que acaba con calabazas.

Algo sucederá que podría trastocar la historia, no solo de España, sino del mundo. Evitar que los nazis se hagan con un arma más poderosa que cualquier otra será la misión de nuestro equipo Ministerial.

He de decir que, personalmente, para tratar los temas ocultos de la simbología nazi, el principio ha sido bastante flojo. Casi hasta el minuto 45/50 no ha comenzado a tener interés el episodio. Eso sí, el final ha sido bueno, pero comienzo a perder interés por la serie, y eso no es buen síntoma. Como no introduzcan más misterios en la trama argumental principal, esto decaerá.

Seguramente sea porque esta serie está concebida más allá de las pantallas televisivas. Muchas incógnitas escapan a nuestra percepción, y debemos acudir a la web para conocerlas, debatir sobre ellas. Pero si esto no se fomenta se pierde (en otro momento hablaremos de lo que es un producto transmedia como este).

Los chistes, en muchas ocasiones, son introducidos también sin sentido. No se si soy yo o es el capítulo, pero no me ha hecho gracia apenas nada. El costumbrismo típicamente español está bien solo en ocasiones.

(SPOILERS, si los lees habrás cruzado la puerta y ya no hay marcha atrás)

Cómo se reescribe el tiempo

Barcelona, 1880:
Amelia y su familia son retratados en un cuadro. Su voz en off nos relata su mundo interior. Ha pasado de ser una mujer normal, brillante, pero normal, a ser una viajera en el tiempo y conocer de cerca grandes hitos de la historia de España.

En el ministerio: ella misma ve un vídeo de historia, a Julián le enseñan a disparar, mientas Alonso ojea una revista de caballos motorizados (motos).
Velázquez cumple tropecientos años, Alonso pone cara extrañada, eso de las tartas, las velas y todo el paripé tiene que ser raro de cojones para él, lógico, menuda pantomima.

Cerbère, Francia, 1940:
Dos jóvenes huyen de soldados nazis, uno es alcanzado y lo matan. El otro logra zafarse confesando una valiosa información que puede interesar, y mucho, a Himmler “Se cómo viajar en el tiempo”.

París, 1940:
Himmler se siente pletórico al descubrir que, tras administrarle el suero de la verdad al jóven, este no miente. Con lo que le gustan los jueguecitos pseudocientíficos a él. Himmler fue quien llevó a cabo un sin fin de investigaciones nada científicas para dar valor a una mitología inexistente, la del pueblo alemán. Viajes en el tiempo, entre otras cosas, han llegado hasta nuestros días como armas que, en teoría, estaban en posesión de los nazis, a quienes gustaban mucho estas cosillas de las ciencias ocultas.

Abadía de Montserrat, 1940:
Otros dos jóvenes, ataviados con vestimenta de monjes, entran en una sala. Allí está Lola la traidora. Les da pasaportes nuevos y billetes a Brasil. Atraviesan una puerta y aparecen en el Madrid de 2015 (que bien me vendrían a mi estas puertas a veces).

Velázquez es un quisquilloso que se queja de las restauraciones de sus obras, lo siento majete en teoría estás muerto. El jefe recibe una llamada, algo grave ha pasado.
Los dos jóvenes de 1940 se alojan en una pensión, comen chino, algo nuevo para ellos.
El equipo es llamado al despacho del jefe. Les cuentan la historia del famoso encuentro en Hendaya entre Hitler y Franco, para tratar de que España entrase en la segunda guerra mundial, en la que no participaríamos finalmente. Pero, según han sabido, los alemanes han aceptado las propuestas del régimen español a cambio de su ayuda. ¿Qué ayuda? España no posee nada de valor...excepto una cosa, viajar en el tiempo.

Madrid, Hotel Ritz, 1940:
Un representante franquista da la bienvenida a los alemanes. Ernesto se ha infiltrado como camarero. Pone un micro en el teléfono para espiarles.
“Saber alemán es esencial para el futuro de nuestra juventud”, dice el anfitrión español, no se si reírme o llorar.
Les dan más peticiones de Franco a los alemanes. Están lamiéndoles el culo todo lo posible, ya se sabe, como Rajoy a Merkel, nada hemos cambiado.

Alguien se ha ido de la lengua

A uno de los viajeros de 1940 le ha sentado la comida china un poco mal. Está con fiebre, muy mal. Así que su compañero se va solo a Brasil. Él es ingresado en un hospital y, entre delirios, habla de unas puertas del tiempo. Esto llega hasta el ministerio y Amelia and company son enviados a verle para ver las conexiones entre esta trama y la de los alemanes.
Resulta que, como bien decía, el chino no le sentó bien. Era una alergia al marisco lo que padecía.


Los mandamases del Ministerio escuchan a Himmler. Que si los españoles están tarados por disfrutar de la tortura animal, y los alemanes por la tortura judía. Pues mire usted, tanto unos como otros tienen su lado psicópata, no pasaron a la historia como santos.
Recibe un telegrama, todo va como quieren así que aceptarán las condiciones de Franco. Irán a Montserrat a por el grial de los griales...
He de decir que los chistes están flojeando a marchas forzadas, porque forzada es su inserción.
Lola Mendieta está detrás de todo, por ello hay una puerta en Montserrat de la que el Ministerio no sabía nada.

Madrid, 1940:
El joven que logró escapar de la muerte a manos de los nazis se encuentra con Lola, le miente, le dice que escapó escondido entre unos matorrales. Ella piensa que Himmler irá a Montserrat a por el Santo Grial, lo que no sabe es el secreto de la puerta ha sido revelado al peor enemigo de la historia.
Nuestro trío se dirige a las puertas para hacer un viaje al pasado, los tres debaten sobre si es mejor presente, pasado, futuro....Alonso sabe que lo único que importa es el día a día.
Van hasta la Barcelona de 1940, donde Amelia se estremece al ver tanta pobreza. Ve en un escaparate el cuadro que le pintaban a su familia, pero prefiere no saber nada.
El cómplice de Lola le ha traicionado, ha llevado hasta la puerta a los alemanes.
En el ministerio vemos como el viajero de los 40 defiende a Lola, ella no contaría a los alemanes lo de las puertas. Pero lo saben de todas formas, y eso podría trastocar la historia para peor.
Mientras tanto en Barcelona unos guardia civiles, trabajadores del Ministerio, llevan a nuestro comando temporal hasta Montserrat. Uno de ellos charla con Julíán:
-¿en tu tiempo que tal? Aquí mucha miseria
-Nosotros camino de eso vamos, no te creas (no hace falta que lo jures...).
Aparecen unos maquis, y resultan ser también del Ministerio. Solo querían hacer la gracia de guardia civiles V maquis. Ja.

Irene y Ernesto (de quien seguimos sin saber de qué tiempo es) se infiltran en el tren que va a Francia. Ella de señorita de la cruz roja y él de capitán.
La gracia de Franco, que con el inglés se apaña, puede que sea de las pocas que me gustan de este capítulo. Si, todos lo hemos visto hablando inglés de puta madre.

Parece ser que para entrar al monasterio hay que disfrazarse de monje sí o sí. Lo de la cobertura, ejem, osea tienen cobertura en la edad de piedra y a día de hoy en mi casa me llega fatal. La lógica española escapa a todo raciocinio.
Para ser un lugar tan importante, la sala donde está la puerta está siempre abierta, ni cerrojos ni nada. El alemán persigue a Amelia, Julián y Alonso van tras él, pero este no está solo. Les encierran a todos. Lola logra convencerles para dejarle ver a Himmler, no hay solo una puerta, hay cientos.
Himmler llega a Montserrat. El abad le dice que allí no está el Santo Grial, su única reliquia es la Virgen de la Moreneta. “Antes tomaría cianuro que besar a una negra”, dice Himmler, tan nazi como siempre.
En la habitación de la puerta Lola le dice a Himmler que en el Ministerio tiene todas las que quiera.

Julián le cuenta a Alonso un chiste sin gracia, Alonso dice que no tiene sentido ninguno, Julián cree que no lo entiende por la diferencia entre siglos. Pero lo cierto es que no tiene gracia.

Nazis andan sueltos por Madrid

Mandan a un alemán a cruzar la puerta, es verdad, les lleva al futuro. Y todo un grupo de soldados nazis cruzan al otro lado. ¿Os imagináis al ejército nazi de repente en Madrid paseando? Seguramente pensaríamos lo mismo que el hombre que los ve: “Otra peli de guerra, que aburrimiento”.
El traidor que desveló el secreto a los nazis solo quiere viajar al futuro, como Marty McFly. Él y Lola se acusan el uno al otro, pero ambos tienen la culpa de todo lo que está sucediendo. El chico es asesinado, porque no necesitan a un mindundi para nada.
Los nazis llegan al Ministerio, no les da tiempo a evacuar al personal. Lo mejor de todo es ver como un alemán de 1940, que no ha visto un móvil en su vida, contesta al teléfono a la primera. ¡Si hasta a mi madre le cuesta cogerlo! Y eso que no lleva smartphone.

Himmler llama a Hitler para darle la buena noticia. Este último acepta todas las demandas de Franco. Todos contentos y felices. Ernesto está temblando, deciden llamar a Julián (no hay cobertura para llamar porque están en Francia, pero sí pueden llamar a un teléfono inexistente en la época)
Deciden llevar a cabo el plan B, ¡matar a Hitler! Chan chan chaaaan.
Lola, que ya sabemos que de tonta no tiene un pelo, ha engañado a los nazis. Alonso, que ha llegado junto a un grupo de ministéricos, la insulta. Ella solo les está ayudando. Los egocéntricos de los alemanes se ríen, ríete tontolaba, pero lo lleváis crudo.

En el ministerio todos los nazis van cayendo como moscas, aparece Ramón Langa, digo Espínola, con su ejército del tiempo y entra en acción. Llegan los que estaban en 1940 y acaban con los nazis. Amenazan a Himmler con evitar que nazca si no para el acuerdo entre Alemania y España.
Espínola comandó al ejército en Flandes, y precisamente, Diego Velázquez pintó 'La rendición de Breda', que se nombra en el capítulo (daros un paseo por el Prado de vez en cuando). Alonso se queda admirado de poder conocerle en persona, ya que él luchó en esa guerra.

Por su parte Amelia deja escapar a Lola, sabe que en el fondo es la buena de la historia, la que tiene razón. Es ese personaje que te gusta, porque sabe que impostar unos valores que luego no defiendes no sirve para nada.
Himmler llama a su compadre el del mostacho, ¡Malditos incompetentes de los cojones! Hitler estalla y manda a tomar por culo a Franco. Ale, ya no hace falta matarle, ya lo hará el solico.
Se hacen una foto de familia con Himmler arrodillado ante ellos, poniéndole los cuernos, y la suben a Instagram.
Julián hace una gracia sobre un grande de España, Luis Aragonés, algo que debió de gustar mucho a los futboleros, pero que a mi me la sopla bastante.

Y finaliza el episodio con la voz en off de Amelia, tal y como comenzó.

Juan, el viajero de los 40, quiere saber sobre su futuro. La secretaria Angustias le ayuda “Los Vázquez siempre pagamos nuestras deudas”, ni que fuesen los Lannister.

Va a ver a su hijo, no puede soportar verle así, prefiere volver a su tiempo y ver crecer a su hijo, aunque solo sea un día. No te preocupes será casi un año.

Por su parte, Amelia, también quiere indagar sobre su futuro, y eso que ante sus amigos dice que no, que ella no quiere saber nada. Es algo inevitable. Su casa está en ruinas, abandonada, y ella...en una tumba. Morirá en 1885 y sabemos que se casará y tendrá una hija. Puede que solo sea una lápida, que seguramente ella no esté enterrada allí y que tenga que quedarse para siempre en el futuro. Ya sabemos que, para poder pasar inadvertido entre tiempos, hay que dejar la identidad de uno mismo perdida en la memoria.

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