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Magia, elfos y duelos épicos: 'The Witcher' es más que el 'Juego de tronos' de Netflix

Magia, elfos y duelos épicos: 'The Witcher' es más que el 'Juego de tronos' de Netflix
Magia, elfos y duelos épicos: 'The Witcher' es más que el 'Juego de tronos' de Netflix

La serie basada en la saga de Geralt de Rivia no es perfecta, pero ofrece grandes dosis de entretenimiento incluso para aquellos ajenos al universo creado por el escritor polaco Andrzej Sapkowski

Es casi imposible no comparar Juego de tronos con cualquier serie que aspire a convertirse en el siguiente bombazo. Desde que terminó, las principales plataformas de streaming han iniciado una carrera en busca de la nueva gallina de los huevos de oro. No es gratuito que HBO ya tenga en marcha una precuela ni que Amazon Prime Video vaya a adaptar El señor de los anillos. Tampoco que Netflix haya echado el lazo a otro universo fantástico de características similares: la saga de Geralt de Rivia creada por el escritor polaco Andrzej Sapkowski.

A priori podría parecer otra franquicia de fantasía medieval al uso con los conflictos que estamos acostumbrados a ver en el género: batallas entre reinos, caballeros de armaduras de plata, lúgubres cantinas y demás características de lo épico. Y The Witcher es todo eso, pero también ha conseguido tener identidad propia más allá de los clichés.

Así lo demuestra el amplio abanico derivado de las aventuras de El Brujo: historietas, juegos de cartas, de mesa… No obstante, quizá el más popular sea la adaptación realizada al mundo de los videojuegos realizada por la empresa CD Projekt, en la cual se podía manejar a Geralt a través del vasto mundo imaginado por Sapkowski. Las expectativas de los fans, por tanto, estaban altas. ¿Sería un Juego de tronos con otra apariencia? ¿Es necesario haber leído los libros o haber jugado al título? La respuesta a ambas preguntas: no.

Geralt de Rivia (Henry Cavill, conocido por interpretar a Superman en El hombre de acero) es un cazador de monstruos que sobrevive aceptando encargos de los aldeanos. No tiene muy buena fama, pero es la persona a quien recurrir cuando hay que eliminar rápidamente una amenaza que, a veces, no suele ser lo que parece.

Uno de los méritos de The Witcher es su capacidad para subvertir el arquetipo clásico del viaje del héroe. Es lo que ocurre en el segundo capítulo (probablemente el mejor de los cinco ofrecidos a la prensa), el cual cuenta con un inesperado giro de guion que nos hace reinterpretar sobre a quién ponemos el apelativo de "monstruo".

No vamos a entrar en grandes spoilers. Pero en el episodio, Geralt recibe el encargo de acabar con un demonio que estaba devorando campos de trigo. Una vez llega a la zona, se encuentra con el culpable: Torque el silván, una criatura inteligente con aspecto de carnero. Pues bien, finalmente descubrimos que ni es un demonio ni roba comida por placer, sino para ayudar a unos elfos que fueron expulsados de su hogar por los humanos.

Y es que la serie no nos trata especialmente bien a nosotros. Fuimos los responsables de La gran purga que llevó casi a extinguir a los elfos, muchos de ellos ahora ocultos en bosque por negarse a aceptar las exigencias de la especie dominante. Estamos acostumbrados a que los invasores siempre sean otros, ya sean aliens u orcos, pero quizá a lo largo de la historia hemos demostrado que somos los colonizadores por excelencia de todo “lo ajeno” (aspecto también marcado por la xenofobia). Es lo mismo que ocurre en Distrito 9, película que muestra cómo los extraterrestres fuero apresados y metidos en guetos.

Más allá de Geralt de Rivia: Ciri y Yennefer

Yennefer
Yennefer

El Lobo Blanco no es único protagonista de la serie, sino que es solo un pilar más de los tres en los que se sustenta. Los otros son Ciri, la Leoncilla de Cintra, y Yennefer, una poderosa maga que evoluciona de forma increíble (y quizá algo exagerada) en pocos minutos.

Es una pena, porque uno de los factores por los que resulta tan interesante el capítulo dos es precisamente por Yennefer y su progresión. Inicialmente se nos muestra como una persona con el cuerpo deforme que es tratada por su padre como un animal. De hecho, la vende a una hechicera por una cantidad ridícula de dinero. Ese es precisamente el inicio de su progreso: acaba interna en una escuela de aprendices de magia para desarrollar unas habilidades que, como descubrirá con el tiempo, están muy por encima de las de cualquiera.

Quizá sea por no romper la historia trazada por Sapkowski en los libros, pero resulta algo chocante comprobar cómo la única prioridad de Yennefer acaba siendo convertirse en la persona más bella y poderosa del planeta. Es como si Quasimodo no luchara en realidad por hablar con alguien más que con sus gárgolas, sino por parecerse al príncipe y al final lo consiguiera. Por eso al final el mensaje de este clásico de Disney cala tanto: porque explica que conseguir la aceptación social no pasa por tener un rostro bonito.

Aun así, la serie sí que intenta desligarse de la masculinidad tóxica frecuentemente arraigada a este género de fantasía medieval. Es verdad que hay desnudos innecesarios (casi todos femeninos) y que muchas de ellas son hechiceras mientras ellos son caballeros que cazan bestias. Pero también existen mujeres fuertes y poderosas que no están en la trama para ayudar a El Brujo, sino que siguen sus propios instintos.

Calanthe
Calanthe

Además, el guion parece ser consciente del machismo habitual en esta clase de historias, algo que quizá sea gracias a la mano de Lauren Schmidt en cada episodio. “Porque soy una chica y no podemos ser brujos. Es lo más estúpido que he oído”, le dice el personaje de Marilka a El Lobo Blanco en la primera entrega. La reina de Cintra, Calanthe, también es una buena muestra de esta independencia. Es ella la que elige su futuro, la que gobierna e incluso la que elige a su pretendiente, bromeando de paso con que “todo sería mucho más fácil si fuera un hombre”.

Por el momento ya podemos confirmar que The Witcher tendrá una segunda temporada, así que tocará esperar para comprobar por qué clase de derroteros lleva a sus personajes. No es una serie carente de fallos, pero al menos tiene ideas, escenas de lucha bien dirigidas (las coreografías con espadas son brillantes) y nombre propio como para hacer que aquellos huérfanos de Juego de tronos tengan otro nuevo objetivo.

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