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Los 7 deseos de Vertele en el Día Mundial de la televisión

Los 7 deseos de Vertele en el Día Mundial de la televisión
Los 7 deseos de Vertele en el Día Mundial de la televisión VERTELE / GTRES

Este 21 de noviembre se celebra el Día Mundial de la Televisión, y desde la redacción de Vertele queremos poner en valor la evolución y fortaleza del medio con siete deseos para que pueda mejorar aún más en el futuro más próximo

Este 21 de noviembre se celebra el Día Mundial de la Televisión. Un día siempre especial, que esta vez llega en un año señalado por la pandemia del coronavirus y el confinamiento que ha convertido a la pequeña pantalla en una imprescindible compañía para informar, formar y entretener.

Sin olvidar de dónde venimos y valorando la evolución del sector, pero prefiriendo situar el foco en el futuro hacia el que vamos, desde la redacción de Vertele queremos resumir cuáles son nuestros siete deseos para el mundo de la televisión, con la esperanza de que si es demasiado pronto para que el espíritu navideño los convierta en regalos, sí al menos puedan ser considerados para celebrar y mejorar la importancia de este medio.

Racionalización de horarios en todas las cadenas (Laura Pérez)

El mayor poder que tiene la televisión es el de reunir a los miembros de una unidad familiar ante una oferta que les encaje a todos, o a la mayoría de ellos. Un ritual que no solo se va perdiendo por la explosión de las plataformas y sus múltiples ofertas, sino también por el incesante retraso del prime time televisivo que ha acabado aplazando el inicio de las apuestas principales de las cadenas hasta las once de la noche. 

Aunque TVE ya ha eliminado la franja del access en beneficio del descanso de sus espectadores (con la excepción de MasterChef), y también Atresmedia se ha sumado al compromiso aunque no siempre es su principal prioridad (como acaba de demostrar con Mask Singer), lo cierto es que las televisiones generalistas obligan a su público a retrasar su sueño: bien sea porque el reality, programa o serie de turno no empieza hasta que termina El Hormiguero, o bien porque su duración los alarga hasta (muy) pasada la medianoche como La Casa Fuerte, ya que Mediaset ni tan siquiera ha hecho el intento de racionalizar sus horarios.

El deseo es que, como ya han pedido múltiples asociaciones, todas las televisiones de España se unan en favor de sus espectadores y adelanten su franja del prime time para garantizar un descanso imprescindible para todos.

Mayor paridad entre los presentadores de entretenimiento (Paula Hergar)

Eva González cumplía, a inicios de noviembre, un nuevo año siendo el principal referente de un selecto grupo de presentadoras al que realmente en la actualidad sólo pueden añadirse Sandra Barneda con La isla de las tentaciones y ahora La casa fuerte 2Raquel Sánchez Silva con Maestros de la costura, y Lara Álvarez como copresentadora en Supervivientes y también La casa fuerte 2: el de las presentadoras femeninas en prime time. 

Meses antes, Tinet Rubira también compartía su deseo de que la próxima edición de Operación Triunfo fuera conducida por una mujer. Algo que llamó la atención y que arrancó las quinielas por la que podría ser la sustituta de Roberto Leal

Y es que la triste realidad transmite la sensación de que el entretenimiento solo puede tener un maestro de ceremonias masculino, como vemos en un prime time repleto de rostros de hombres y en un late night con aún más testosterona. Algo que llama la atención, sobre todo, en un año el que hemos tenido cómicas revelación, como Susi Caramelo, y hasta divas del confinamiento que acumulaban miles de visualizaciones con sus historias, como Ana Milán

Por todo ello, nuestro deseo es que en las próximas producciones estelares de entretenimiento se apueste también por presentadoras, para que nuestra televisión demuestre que la diversión y el talento ante la cámara en el horario estelar no está sólo reservado a ellos. 

Eva González en 'La Voz'
Eva González en 'La Voz' GTRES

Que se acabe definitivamente el complejo de las series respecto a las películas (Pedro Zárate)

Históricamente se ha visto a la televisión como la 'hermana pequeña' del cine, pero las series han crecido tanto y tan rápido en los últimos años que cada vez son más los profesionales que no hacen distinciones entre uno y otro medio. Si años atrás era la gente de la tele la que quería hacer cine, ahora es la del cine la que se deja seducir por la televisión gracias a un notable incremento de los niveles de producción, a una ingente demanda por parte de compañías y espectadores y a la libertad creativa que, por lo general, conceden las plataformas a sus guionistas y directores. 

Todos estos factores han contribuido a elevar el estatus de las series como nunca antes, pero aun así no han conseguido evitar que algunos de sus responsables sigan promocionando sus últimos trabajos con frases como "esta serie es como una película de 6 horas", "cada capítulo es como una película en sí misma" u omitiendo directamente la palabra 'serie' para referirse a su producción como una 'película' cuando en realidad no lo es. Opiniones que pretenden poner en valor el crecimiento de la calidad de las series, pero lo que acaban demostrando es que todavía queda trabajo por hacer para acabar con el menosprecio histórico que aún persigue a la ficción televisiva. Una industria que, con sus virtudes y sus defectos, se merece un respeto.

Primero, porque mientras la mayoría de películas se han visto obligadas a cancelar este año sus estrenos por culpa de la pandemia -o han acabado estrenándose en plataformas de streaming para al menos poder ser vistas, sí, en televisión-, las series han seguido ahí para abastecer de novedades a los espectadores semana tras semana. Segundo, porque antes de que las miniseries o series limitadas se pusieran tan de moda como ahora, la ficción televisiva giraba -y se sigue girando en el caso del abierto- sobre la meritoria capacidad de construir historias exageradamente más extensas que una película sin que dejen de interesar al público. Y tercero, porque al final, hablar de prestigio y diferencias entre un medio y otro resulta un ejercicio fútil cuando el objetivo de ambos es el mismo: entretener, emocionar y hacer reflexionar a esa audiencia que está al otro lado de la pantalla, sea ésta grande o pequeña. 

Verdadera independencia de RTVE (Gabriel Arias)

Han pasado más de tres años desde que empezaron los primeros movimientos políticos para establecer una fórmula que garantizase la independencia de RTVE. El consenso inicial entre las principales fuerzas parlamentarias hacía suponer que sería posible el acuerdo y que, por fin, la radiotelevisión pública estaría dirigida y controlada por una serie de personas que no hubieran sido directamente elegidas por el Gobierno de turno y sus socios parlamentarios.

Pero la agenda política se complicó por las numerosas citas electorales que se han celebrado en poco tiempo, y la desidia y la burocracia han acabado por desnaturalizar el concurso públiconinguneando al Comité de Expertos– que podría haber garantizado un mayor blindaje a RTVE frente a los intereses partidistas y gubernamentales, aunque esta misma semana por fin el Parlamento haya desbloqueado el concurso público tras resolver los recursos pendientes.

Hartos están los espectadores –y contribuyentes– de que no cesen las sospechas sobre la manipulación más o menos sutil de los Telediarios. Y hartos están los trabajadores de RTVE –es de suponer que así se siente la mayoría– de que su trabajo pase por la criba de una edición torticera o sea injustamente criticado.

En un momento en el que muchos espectadores parecen contentarse con la opinión que se les traslada desde los informativos de las cadenas privadas, sometidas a un duopolio editorial que es plural sólo hasta cierto punto, urge que Televisión Española y Radio Nacional de España puedan ser el medio de comunicación público, riguroso, independiente e imparcial, que se requiere para el buen funcionamiento de la democracia.

Vista parcial de Torrespaña
Vista parcial de Torrespaña RTVE

Recuperar el cine como evento y no como relleno de programación (Lorenzo Ayuso)

Hablábamos recientemente de cómo el cine de terror había quedado desterrado de la programación televisiva de las cadenas generalistas, que antes le otorgaban un espacio propio que abría la puerta al descubrimiento de títulos y a la divulgación en sí misma del séptimo arte. El resto de géneros tienen mejor acomodo en las parrillas, pero más allá de los grandes estrenos que ocupan hueco en La película de semana o El Peliculón (habría que considerar cuántas de esas películas emitidas pueden gozar de tan excelsa consideración), la emisión del cine ha perdido su valor, convirtiéndose a menudo en mero relleno.

Porque, mientras son muchos los directores que parecen tener problemas para reconocer que están haciendo una serie y no una película como si fuera una degradación, las películas han pasado a ser moneda de cambio barata para las cadenas: reposiciones incesantes, catálogos de escaso tirón y poca promoción... El mercado de las plataformas ha ampliado la oferta cinematográfica a disposición del suscriptor, pero también ha dejado incontables largometrajes fuera de su cobertura. Cine clásico, pero también cine contemporáneo difícil de encontrar incluso para el más completista de los usuarios de portales de streaming. Ahí es donde la televisión puede marcar una diferencia, ofreciendo un tratamiento especializado, como prescriptor, en lugar de reproducir morralla fácilmente accesible a través de otros servicios.

Comentábamos ejemplos como los dedicados al cine de terror de los noventa -Noche de lobos, Alucine-, pero no tenemos que irnos tan lejos en el tiempo para comprobar cómo otra manera de ver cine en la televisión es posible: ahí está Días de cine clásico en La 2, que se ha hecho notar recuperando títulos de décadas pasadas, desde La muerte tenía un precio a El apartamento, pasando por El gran dictador, por citar solo algunos ejemplos que han reportado buenas audiencias a la segunda cadena pública. Programar cine es también una labor que exige atención al detalle. El objetivo no deja de ser el mismo que con cualquier otro formato: atraer la atención del espectador, reunir al público. Para ello, nada mejor que ofrecer algo más allá, y cuidar su presentación.

Que los avances cosechados en igualdad y diversidad solo vayan a más (Laura García Higueras)

Hay caminos que solamente deben ser de ida. El de la igualdad y la diversidad es uno de ellos. Por ello, al tiempo que celebramos que en la última década nuestra televisión haya dado pasos agigantados en estas cuestiones, especialmente en cuanto a representación, no podemos bajar la guardia. Todavía hay mucho camino por recorrer, y precisamente por ello adoptar una actitud conformista frenaría en seco un avance que merece seguir en movimiento. Solo así conseguiremos que los restos de machismo, racismo, homofobia, transfobia y demás tipos de discriminación sean erradicados de nuestras pequeñas pantallas. Actitudes que deben seguir siendo una excepción. 

Muchas veces ponemos el foco en lo negativo, y excedernos en ello nos puede llevar a olvidar que tenemos motivos por los que ser optimistas y entender que las luchas tienen sentido, que sirven para algo y que hay que valorarlas. Igual que los referentes son fundamentales para tener espejos en los que mirarnos, en cuanto a logros sociales ocurre de la misma forma. ¿Qué mejor aliciente para confiar en el cambio que ser consciente de los que ya se están produciendo? Nada de relajarse, pero celebremos con la cabeza bien alta el presente alcanzado.

Y para conseguir una televisión aun más diversa, es necesario que sigamos mirando por todos. Con un 2020 especialmente criminal con nuestros mayores, es importante que no nos olvidemos de ellos. Que las cadenas sigan teniendo en cuenta que formatos como Cine de barrio, documentales y concursos son fundamentales para ellos. Como ejercicio de responsabilidad, deben seguir estando presentes para que ellos, para quienes los televisores son más que para nadie la ventana al mundo, les sigan ayudando a respirar aire fresco. 

Paca la Piraña en el último episodio de 'Veneno'
Paca la Piraña en el último episodio de 'Veneno'

Ser competencia no tiene por qué suponer ser enemigos (Marcos Méndez)

En este 2020 marcado por la pandemia del coronavirus se ha apelado más que nunca a la solidaridad, a la unidad, al apoyo mutuo y a la compañía que no podíamos disfrutar más que telemáticamente. Como todos los sectores de la sociedad, la televisión ha tenido que adaptarse, y lo ha hecho de manera brillante para convertirse en un necesario acompañamiento que ha recibido el premio de audiencias millonarias para reconocer el esfuerzo sobre todo informativo y de entretenimiento. 

Aunque la frase hecha que decía "de esto saldremos mejores" parece ya olvidada, lo cierto es que ese espíritu no tiene por qué desaparecer. Y en un sector como la televisión, puede demostrarse. TVE reivindicó hace poco a la hora de programar que "la ficción no necesita competencia entre ella". Esta misma semana, y con motivo precisamente de este Día Mundial de la Televisión, Antena 3 ha querido felicitar a todos los que hacen la televisión, sin querer olvidarse de TVE ni de su archienemigo Mediaset.

Es cierto que son gestos, y que probablemente sean una simple forma de quedar bien. Pero igual que desde Vertele podemos felicitar y alabar el trabajo que se realiza en Fórmula TV, en Bluper, en Ecoteuve, en El Televisero, en ElConfiTV y en tantos otros medios que nos permiten vivir y estar informados de la televisión, el enconado enfrentamiento entre las cadenas podría rebajar su tensión. Aunque sólo fuera para que la pequeña pantalla no parezca otro campo de batalla siempre con dos bandos. Aunque sólo sea porque las nuevas formas de consumo abren la puerta a una coexistencia que reduce la importancia de la emisión lineal tradicional. 

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