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Cuando el show en TV se malentiende: el caso Christofer fuera de ‘La isla de las tentaciones’

Christofer, en una entrega de La isla de las tentaciones
Christofer, en una entrega de La isla de las tentaciones Mediaset

El acoso que Christofer está sufriendo fuera de 'La isla de las tentaciones', el cual le ha obligado incluso a tomarse un tiempo de asueto en el trabajo, demuestra los peligros de vivir con una intensidad desmedida un programa de televisión

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Cuando aceptaron participar en La isla de las tentaciones, las cinco parejas protagonistas se expusieron a dos posibles escenarios. Por un lado, que su relación acabara por una infidelidad, una pérdida de confianza o una circunstancia de otra índole delante de una audiencia millonaria. Y, a raíz de esto, que se convirtieran en personas famosas de la noche a la mañana. Con todo lo que ello supone.

Lo que ninguna de ellas asumió, porque ninguna lo podía imaginar, es que se diera una situación como la que está sufriendo actualmente Christofer. En los últimos días han salido vídeos e informaciones recogiendo el acoso que el joven está sufriendo en su lugar de trabajo por parte de espectadores del programa, que se acercan a él para burlarse al grito de “¡Estefanía!”. Algunas de esas informaciones apuntan, incluso, que Christofer ha tenido que tomarse un tiempo de asueto hasta que pase esta marejada mediática, siendo su inactividad laboral la consecuencia última de un fenómeno televisivo mal entendido.

No cabe duda de que su '¡Estefanía!' se ha convertido en el momento viral de la temporada tras colarse en los Goya, en OT y en casi cualquier conversación a pie de calle. Repetir el grito tiene sentido ahora como parte del fenómeno, aunque pasado un tiempo perderá la gracia y caerá en el olvido. Sin embargo, lo que no olvidará Christofer es que que hubo gente que le acosó en el trabajo por llamar desesperadamente a su novia en un momento muy delicado. 

Christofer, en La isla de las tentaciones
Christofer, en La isla de las tentaciones Mediaset

Porque recordemos que ese '¡Estefanía!' se produjo en una situación tan dolorosa para Christofer como comprobar que su novia Fani, con la que llevaba siete años y a la que profesaba una devoción indiscutible, le había sido infiel con una tentación. Un riesgo que ambos asumieron cuando se embarcaron en una programa que, por otro lado, apela a la empatía de las parejas y de los propios espectadores.

Y es que La isla de las tentaciones, más allá de ser un reality del universo Mediaset, es un formato que invita a ponerse en el lugar de sus protagonistas. A comprender por qué unas personas deciden dejarse llevar y, con ello, echar por tierra su relación, mientras otras prefieren mantenerse firmes pese al entorno en el que están habitando.

Christofer se incluye entre estos últimos movido por el profundo amor que siente hacia Fani. De ahí sus reacciones en cada hoguera (grito de "¡Estefanía!" incluido) y de ahí que la falta de empatía de sus acosadores sea tan flagrante. Y más cuando no solo está sufriendo nuestro protagonista, sino también su propia familia, tal como reconoció hace unos días Allan, hermano de Christofer, en Sálvame. "Mi madre está mal", aseguró vía telefónica al programa de Telecinco. 

La falta de empatía, un mal presente en otros formatos

Sin embargo, la incapacidad de ponerse en el lugar del otro no es un mal que solo podamos asociar a un sector del público de La isla de las tentaciones. El domingo, sin ir más lejos, hubo espectadores de OT que pidieron al programa que desvelara el porcentaje de expulsión de Eli aún sabiendo que éste iba a ser altísimo por la animadversión que ha despertado la concursante entre la audiencia. Aunque el programa acabó publicando el porcentaje a la mañana siguiente, la decisión inicial respondía a una decisión deliberada en pos del bienestar de Eli, como así explicó el propio productor del programa, Tinet Rubira: "Gracias a los que mostraron comprensión a no hacerlos público y a los que lo pedían les hablaría de la empatía y del daño innecesario".

Más grave si cabe es el caso de aquellos que, incapaces de diferenciar entre realidad y ficción, la toman con actores que interpretan a los personajes más odiosos de sus series favoritas. Timoth Granaderos (Montgomery en Por trece razones), Josh McDermitt (Eugene en The Walking Dead) o Anna Gunn (Skyler en Breaking Bad) saben lo que es recibir insultos y amenazas de muerte por las decisiones de sus personajes. Decisiones que, cabe aclarar, en realidad tomaron unos guionistas que también han sufrido la ira del público. Y si no que se lo digan a Damon Lindelof, hoy venerado por Watchmen y repudiado 10 años atrás por el final de Perdidos, cuyos detractores se ensañaron con él como nunca antes se había visto en la industria.

La isla de las tentaciones y OT, como Perdidos y Breaking Bad, generan un fervor superior a la media entre sus fans. Vivirlos con intensidad no es malo siempre y cuando tengamos claro que hay límites que no podemos traspasar. Que ya sea ficción o telerrealidad, detrás de cada serie o programa hay un conjunto de personas que trabajan para entretenernos, sorprendernos y emocionarnos. Y como tal, merecen un respeto. Ese que ahora Christofer está echando tanto en falta.

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