Altered Carbon, el ciberpunk más explícito invade Netflix

Joel Kinnaman interpreta al tipo duro de siempre pero en el siglo XXV

Francesc Miró

En 2013, cuando se cumplían sesenta años de la publicación de esa obra culmen de la distopía que es Farenheit 451, Neil Gaiman escribió un prólogo de la obra de Bradbury que se ha convertido en todo un referente en el campo de la ficción especulativa. En él, el creador de The Sandman decía que para escribir sobre un mundo que todavía no existía solo teníamos que partir de tres sencillas frases: “¿Qué pasaría si…?”, “Si tan solo…” y “Si esto sigue así…”.

Con tres sencillas pinceladas, diez palabras y algunos signos de puntuación, el buen escritor de ciencia ficción era capaz de crear mundos absolutamente asombrosos que, al fin y al cabo, hablaban del nuestro. Porque en el fondo eso hacía el género: reflexionar y escarbar en nuestra condición humana, nuestras posibilidades y flaquezas como especie.

Bien parecía saberlo Richard K. Morgan cuando escribió Carbono alterado, novela publicada en España originalmente por Minotauro y reeditada como Carbono modificado por Gigamesh en 2016. Se trataba de la primera entrega de una trilogía protagonizada por un ex soldado de élite llamado Takeshi Kovacs, cuya secuelas aún siguen inéditas aquí: Broken Angels y Woken Furies. Su argumento, escructura y propósito parecían tener las tres cuestiones de Gaiman totalmente asumidas.

La nueva serie de gran presupuesto de Netflix parte de los mismos preceptos para ofrecer espectáculo de entretenimiento retorcido. ¿Qué pasaría si en el futuro, el cuerpo humano no fuera más que un recipiente que se pudiese cambiar y abandonar cuando quisiésemos? Si tan solo del dinero de tu bolsillo dependiese la inmortalidad... En fin, que si esto sigue así, la lucha de clases será aún peor en los siglos venideros. Bienvenidos al futuro más violento y punk de la televisión actual.

Nuevo tráiler y póster oficial de Altered Carbon, la inquietante serie cyberpunk de Netflix 360

Conspiraciones, noir clásico y tipos duro del futuro

noirEn el siglo XXV, la tecnología ha conseguido captar y almacenar la consciencia humana en un pequeño disco duro digital llamado ‘pila’. Estos objetos se pueden trasplantar de un cuerpo a otro -ahora los llaman ‘fundas’-, de tal manera que cuando morimos, nuestra pila se extrae y se vuelve a poner en otro recipiente más joven, más fuerte o del sexo que queramos. La muerte real solo sucede si se destruye la pila. No obstante, esta operación cuesta dinero y con la inmortalidad inventada, resulta que solo unos pocos pueden permitirse vivir durante siglos.

Un mal día -no hay días buenos en este universo-, Takeshi Kovacs despierta en una funda ajena tras haber muerto en un tiroteo 250 años atrás. Le han devuelto a la vida para resolver un caso de asesinato, el de Laurens Bancroft, una de las personas más ricas del mundo. ¿Quién lo ha contratado? El mismo Laurens Bancroft, que puede permitirse hacer copias de seguridad de su pila, y que quiere descubrir quien le asesinó.

Pese a que sobre el papel, el intrincado argumento de Altered Carbon parezca confuso, estamos delante de un noir en su más pura definición narrativa. La nueva serie de Netflix cumple con todos los esquemas del cine negro vestidos de neón, lluvia perpetua, callejones oscuros y futuros absolutamente derrotistas. De hecho, el misterio arranca entorno al archiconocido tropo de crimen perfecto: a Bancroft lo asesinaron en una habitación a la que solo tenía acceso él mismo, y el susodicho asegura que no se habría suicidado volándole la cabeza a su funda.

Es más, al igual que ocurre en el cine negro, los personajes de Altered Carbon raramente son buenas personas, casi todos albergan demonios y viven intentando escapar de una carga del pasado que les martiriza. En especial su protagonista, un tipo duro de los de partirse la cara primero y preguntar después que es incapaz de superar traumas plagados de alucinaciones de mercenario atormentado. Y sí, a él también le acompañarán arquetipos como el buscador de verdad -una policía llamada Kristin Ortega-, o la femme fatale -Miriam Bancroft, la mujer del multimillonario-. Objetos clásicos refundidos en una trama tan disimulada debajo de capas de apabullante iconografía visual, que nos hace olvidar su sencilla estructura. Algo que podría convertir su visionado en un juego de búsqueda de guiños que van desde Detour a Perdición pasando por Blade Runner.

Este último referente, el más esencial, marca una puesta en escena que ahonda en los bajos fondos, las cloacas, los prostíbulos y la bajeza moral de un futuro sórdido. Todo contribuye a construir una ficción criminal de violencia y sexo explícito que no por conocida, resulta menos adictiva de lo esperado.

Ciberpunk a raduales

Es difícil pensar que cuando en los ochenta, una nueva generación de escritores de ciencia ficción -como William Gibson o la gran Pat Cadigan- empezó a experimentar con conceptos del género, supiesen hasta dónde iba a llegar su ingenio. La literatura que había versado sobre le impacto positivo y futurista de la tecnología, estaba volviéndose más bien oscura: nacía el ciberpunk, rama del género para la que la tecnología era algo visceral, ubicuo, íntimo y se desarrollaba bajo nuestra piel.

Altered Carbon es la nueva prueba palpable de la influencia del ciberpunk en la ficción actual y no solo por su estimulante dosis de atmósfera viciada. La serie creada por Miguel Sapochnik también se nos muestra dispuesta a remover nuestro interior abordando temas complejos, partiendo de la idea del cuerpo como mera carcasa desechable.

De ahí, por ejemplo, que uno de sus mayores aciertos sea darle espacio a una subtrama religiosa que se plantea cuál es el papel de Dios en un mundo sin muerte. Si puedes no-morir... ¿por qué desear un más allá? ¿Para qué sirve la salvación? ¿Era el alma un código digital que podíamos descifrar y que no tiene misterio alguno?

De la misma forma, la diferencia entre la clase dominante y las clases bajas pasa por ser un debate a vida o muerte. Si no quieres morir pero quieres un cuerpo decente, vas a tener serios problemas de deudas cuando vuelvas a la vida, asegurando tu posición en el estatus más esclavizado del futuro. Y si quieres hacerlo pero alguien decide que no, pueden trasplantar tu pila a un cuerpo solo por diversión, para torturarte o como castigo por alguno de tus pecados. La vida y su durabilidad no están en tus manos sino en manos del capital. Otra moneda de cambio del poder.

A pesar de todo, algunas de las interesantísimas ideas que aborda Altered Carbon se ven perjudicadas por su perezoso y confuso desarrollo. Sapochnik prefiere el entretenimiento a la reflexión y opta por mantener a sus personajes como arquetipos sin cambios. Esto no va de hacer evolucionar a nuestros personajes sino de hacerles dar vueltas como peonzas vivientes de tal manera que, de tanto girar, uno termine mareado.

También se empeña en repetir su esquema episodio tras episodio. No hay capítulo en el que tras una escena de acción y sangre no venga una escena de sexo, seguida de un flashback (o alucinación) del protagonista con un par de mamporrazos dispersos aquí y allá, coronados por una pequeña revelación de la trama en el último minuto que nos obligue a consumir el siguiente capítulo cuanto antes mejor.

Aún con sus fallos, y su palpable exceso de testosterona, Altered Carbon tiene un encanto sucio y palpable. Ese tipo de atracción que produce ver algo errático empeñado en disimular sus aciertos y toques de originalidad. Puede que, al final, descubramos que la pila de su trama estaba atrapada en una funda envejecida y más pequeña de lo aparente.

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