CRÍTICA 'Quiz', la serie sobre el escándalo de '¿Quién quiere ser millonario?' que da lecciones de televisión

Escena de la serie 'Quiz'
Escena de la serie 'Quiz'

La ficción de AMC, protagonizada por Michael Sheen, Matthew MacFadyen, Sian Clifford y Mark Bonnar, cuenta los entresijos de la polémica ocurrida en Reino Unido sobre un concursante acusado de hacer trampas en el famoso programa

Si fuiste de los que disfrutaste como un niño al ver cómo se mueven los hilos de un reality gracias a Unreal, estás de enhorabuena porque este 28 de septiembre, Movistar+ estrena Quiz, el escándalo de Quién quiere ser millonario.

Se trata de la nueva serie de AMC que está basada en la famosa polémica protagonizada por Charles Ingram, un concursante de dicho formato que fue acusado en Reino Unido de hacer trampas para ganar el millón de libras.

Por lo que, una vez más, la ficción vuelve a contar una realidad que pocas veces vemos: la de detrás de las cámaras. Lo hace en tan solo tres capítulos, menos crudos y críticos que la comentada Unreal, pero hace las delicias igualmente de todos aquellos amantes del entretenimiento televisivo.

El acierto de narrar hechos reales que parecen de ficción

En septiembre de 2001 saltaba el escándalo en Reino Unido de que uno de los concursantes de ¿Quién quiere ser millonario?, el programa de más éxito del momento en su televisión, había logrado el mayor bote pero con trampas.

La polémica reunía todos los ingredientes para atraer la atención de un público que quería saber más y más sobre lo ocurrido: se hablaba del show de moda, con rostros famosos de por medio, pero lo había burlado un anónimo, por lo que muchos espectadores podían empatizar y provocaba un desconcierto en unas leyes que no habían contemplado tal situación.

Por lo que, si el juicio fue un absoluto show, también se convierte en ello la serie que lo relata con los mismos ingredientes sumando los de la ficción, que siempre mejoran cualquier realidad. Porque por poco que veas la televisión cualquiera conoce el formato y sabe cómo funcionaba, a eso se le suma la casi imposibilidad de hacer trampas (o eso creíamos) y la eterna aspiración de "robar" a la banca, quedarte el dinero del rico, que de alguna manera es lo que hicieron los concursantes ante la potente maquinaria del programa.

Un reparto de lujo para unos personajes con escala de grises

Todo ello nos lo hace vivir Quiz a través de unos personajes nada fáciles de interpretar ya que son personas de lo más comunes, y con la no menor dificultad que hacer atractiva la rutina.

Para eso, Stephen Frears (director de los 3 episodios) se rodeó de Michael Sheen, Matthew MacFadyen, Sian Clifford y Mark Bonnar que logran esa escala de grises en la que nos movemos la gente de a pie.

Dos de los protagonistas de 'Quiz'
Dos de los protagonistas de 'Quiz'

El matrimonio protagonista transmite la desazón de su vida diaria con sueños mediocres que se permiten para odiarse más mutuamente. Hasta que un día creen que pueden dejar atrás tal mezquindad y se cruzan en el camino de un presentador y un productor que juegan en otra liga.

Es ese ascenso a la división que no toca lo que consigue transmitir, irónicamente, un reparto de secundarios de lujo que, por fin, logran ser protagonistas.

La ficción perfecta para cualquier amante de la TV

Quiz hará las delicias de cualquier amante de la televisión al que le brillen los ojos al descubrir un nuevo formato favorito. Porque la serie transmite, desde sus inicios, la pasión por crear un nuevo programa de cero, la dificultad porque alguien lo compre y el entusiasmo que se vuelca cuando lo hacen.

En tan solo tres capítulos, nos trasladamos a la cuna de la productora que ideó ¿Quién quiere ser millonario?, que lo vendió y puso en marcha arrasando en audiencias y haciendo historia en la pequeña pantalla.

Momento del triunfo de Ingram en '¿Quién quiere ser millonario?'
Momento del triunfo de Ingram en '¿Quién quiere ser millonario?'

El segundo capítulo muestra cómo todo puede saltar por los aires cuando los propios fans de tu programa son los que pueden acabar con él. Con la veracidad que transmite, con sus valores y sus reglas.

Y todo para que en el tercer capítulo la televisión, una vez más, tenga que renunciar a su magia y de paso a la realidad. Hasta ahí podemos leer. Porque en este caso, lo mejor es ver.

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