Crítica Vertele (sin spoilers)

'La materia oscura', ambiciosa propuesta a la conquista del fan de 'Harry Potter'

Dafne Keen, en una escena de La materia oscura

Pedro Zárate

La trilogía de La materia oscura (His dark materials) es coetánea de la saga Harry Potter. De hecho, la primera entrega de la obra de Philip Pullman, Luces del Norte (1995), vio la luz dos años antes de que lo hiciera La piedra filosofal (1997). En los cinco años que compartieron estantería en las librerías británicas, los universos de Pullman y J.K. Rowling supieron convivir sin problema alguno, elevándose a la categoría de best-seller gracias a su acogida entre el público juvenil. En términos de popularidad, sin embargo, la balanza cayó definitivamente del lado de Rowling a partir de 2001, cuando su joven aprendiz de mago llegó al cine y se convirtió en todo un fenómeno mundial. El boom por Harry Potter no impidió que La materia oscura dejase de ser una de las obras más queridas y aclamadas de la literatura fantástica juvenil de su época, pero sí demostró la conveniencia de tener una buena adaptación audiovisual para llevar el alcance su historia a otro nivel.

No fue hasta 2007, con Harry Potter habiendo sumado ya hasta cinco taquillazos, cuando Hollywood le echó el guante a La materia oscura y se propuso convertirla en su próxima gran superproducción. Así, ese mismo año se estrenó La brújula dorada, primera de las tres películas pensadas para acercar la obra de Pullman al gran público. Con Chris Weitz (American Pie) en la dirección y Nicole Kidman y Daniel Craig como las caras más conocidas del reparto, la cinta se puso en marcha con un presupuesto de 180 millones de dólares. Una cifra aún mareante a día de hoy y que evidenciaba la envergadura de la apuesta. Sin embargo, el dinero no garantizó nada y el primer acercamiento de La materia oscura al mundo audiovisual acabó pronto y mal. El filme recaudó 372 millones de dólares en todo el mundo, pero solo 70 en Estados Unidos. En parte por la Liga Católica, que inició una campaña contra la película al considerar que incitaba a los niños al ateísmo, y en parte por la calidad de la propia película, que no entusiasmó ni a crítica ni a público.

Adaptar La materia oscura quedó, por tanto, como una deuda pendiente que BBC se propuso saldarla en 2015, cuando anunció que convertiría la trilogía en una serie de televisión de la mano de Jack Thorne, precisamente el director y guionista de Harry Potter y el legado maldito, aquella obra de teatro que expandía el universo Potter a través de Albus Severus, el hijo de Harry.

La elección de Thorne como showrunner no parecía casualidad, ni mucho menos. Como tampoco que BBC uniera fuerzas con HBO para sacar adelante el proyecto en 2018, pues la cadena americana necesitaba títulos potentes para sobreponerse al adiós de Juego de Tronos y la británica una compañera de viaje que ayudara a sufragar los elevados costes de producción que exigía la serie. Un Win-Win en toda regla que ahora ha terminado de ratificarse.

Y es que el primer episodio de La materia oscura es lo que uno puede esperar de HBO y BBC. Un producto visualmente cautivador que envuelve una historia cargada de ambición y buenas intenciones. Y sí, que también tiene reminiscencias a la saga Harry Potter. Porque al igual que ésta, La materia oscura sabe ser una propuesta accesible y siniestra a la vez. Una mezcla que se apoya en un mundo cargado de misterios y particularidades. Entre ellas, la existencia de los daimonion, el nombre que reciben las almas cuando se separan del cuerpo y cohabitan con los humanos adoptando la forma de un animal. Su existencia es lo primero que llama la atención dentro del vasto universo que Thorne, a partir de su guion, se molesta en introducir a los neófitos en la obra de Pullman.

Es por ello por lo que el primer episodio funciona como una carta de presentación de este mundo similar al nuestro, pero a la vez diferente, en el que habita Lyra (Dafne Keen), una niña que pasa los días en el Jordan College de Oxford, un centro educativo que, como tal, funciona al margen del Magisterio, una institución similar a la Iglesia que pretende controlarlo absolutamente todo. Esto incluye al tío de Lyra, Lord Asriel (James McAvoy), que en su última exploración por el Norte ha descubierto algo que amenaza con poner en jaque al Magisterio: la existencia de Polvo, una misterioa sustancia que demuestra la existencia de otros mundos.

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Para hacer valer esta información sin poner en riesgo a su sobrina, Lord Asriel decide que Lyra se quede en Oxford. Pero lo que no sabe es que Oxford ya no es un lugar seguro, pues en Oxford los niños han empezado a desaparecer en masa misteriosamente. Entre ellos Roger (Lewin Lloyd), el mejor amigo de Lyra, cuya desaparición hará que la joven deposite en Marisa Coulter (Ruth Wilson), a la postre villana de la función, todas las esperanzas de encontrar a su amigo. Con ella emprenderá un viaje lejos del amparo del Jordan College que promete cambiar su vida para siempre. Y con ella, la de la propia humanidad.

Con estos puntos de partida, La materia oscura aterriza en la pequeña pantalla como una propuesta sobrada de ambición y presupuesto que, en lo que respecta a su primer episodio, aprueba el exigente examen al que se enfrentaba. El guion de Thorne dedica los 50 minutos de metraje a colocar las piezas principales sobre el tablero, por lo que hay que más información que acción. Esto no deja de ser un 'mal' necesario para introducirse de lleno en el universo que aquí se nos presenta. Y sobre todo, para querer quedarse en él. No solo por la historia que aquí se nos plantea, fascinante sin ser especialmenre revolucionaria, sino también por la forma en que se nos presenta. Con una factura visual imponente y una elección de casting acertadísima, donde James McAvoy y Ruth Wilson complementan a una Dafne Keen que es el alma de la serie. Y esto, en una producción de tal enjundia, es decir mucho.

* El primer capítulo de La materia oscura ya está disponible en HBO España.

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