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Ocho motivos de 'orgullo televisivo' para celebrar el Día Mundial de la TV

Ocho motivos de 'orgullo televisivo' para celebrar el Día Mundial de la TV

Como cada año desde 1996, este domingo 21 de noviembre se celebra el Día Mundial de la Televisión. Un día particularmente especial, como es lógico, para quienes nos dedicamos a informar del día a día de lo que se cuenta y se produce dentro de este electrodoméstico capital en nuestras casas, que nos permite asomarnos al mundo, al real, pero también a otros tantos como los que puedan crear y producir sus programas.

En 2020, en verTele nos adelantamos a la Navidad y pedimos siete deseos para el sector, teniendo en cuenta el complicado año que empezaba a quedar atrás, tras la pandemia del coronavirus. Este año, pretendemos ser algo más elogiosos y reconocer a este medio que nos aporta sus principales valores. Al menos, esos valores que nos hacen estar orgullosos de vivir para hablar de la televisión. Ideas del todo subjetivas que reflejan nuestra visión de la pequeña pantalla, pero que, en el fondo, sirven para definir sus fortalezas, por más que cambien los tiempos y entren nuevas formas de consumo.

El sentimiento de comunidad que es capaz de generar (Pedro Zárate)

Es innegable que el avance de las tecnologías nos ha convertido en una sociedad cada vez más individualista. Pero mientras el individualismo avanza a un ritmo frenético, ahí se mantiene la televisión lineal, la de toda la vida, para reivindicar la necesidad de ver contenidos al mismo tiempo que millones de personas. Debido a los nuevos hábitos de consumo, las series de ficción han quedado mayoritariamente fuera de la ecuación, y de ahí que sea muy difícil que volvamos a vivir “un nuevo Perdidos” o “un nuevo Juego de Tronos”, fenómenos que llegaron a serlo por la calidad de sus episodios, sí, pero también por habitar en un contexto que fomentaba la necesidad de verlos el día de su emisión si no querías quedarte fuera de la conversación (y nadie quería quedarse fuera de la conversación con estas series).

Ahora los ritmos de consumo son otros y la gente ve las series cuándo y dónde quiere, pero aun así hay otros contenidos que solo se disfrutan al máximo si se ven en comunidad. Al fin y al cabo, qué sería Eurovisión sin los comentarios de la familia o los memes en directo de Twitter, los partidos de la Selección si no los viéramos con los colegas o las finales de Supervivientes si las viéramos solos en diferido. Pues experiencias mucho peores, qué duda cabe. Y por eso hay que valorar la televisión como lo que es: una de las pocas herramientas que, hoy por hoy, consigue poner de acuerdo a millones de personas para reunirse en torno a un mismo evento.

La madurez y variedad de la ficción televisiva (Laura Pérez)

En un panorama televisivo y audiovisual en constante evolución, las series son el ejemplo perfecto de este paradigma. En lo que a la ficción patria se refiere, mientras en abierto han cedido protagonismo, en las plataformas se han convertido en sus auténticas puntas de lanza con el concepto de maratón como base. Pero por encima de todo, en este tiempo de cambios, y contra las etiquetas que muchos se han empeñado en ponerles, las series no han dejado de ser uno de los grandes orgullos de nuestra TV.

Este 2021, y tras un 2020 marcado por los grandes títulos, la industria de ficción nacional ha demostrado su madurez y su capacidad de lanzar al mercado proyectos interesantes y adecuados a todas las ventanas, tanto el abierto como el pago: desde series de una línea más clásica como Parot y Ana Tramel. El juego, hasta formatos experimentales y acertados como El tiempo que te doy. No olvidamos tampoco las ficciones de corte juvenil de Playz, las apuestas para nostálgicos como Los Protegidos. El regreso, el remake de Historias para no dormir y la continuación de Los hombres de Paco y las propuestas novedosas que están cautivando a crítica y público como Cardo. En definitiva, una lista enorme de series televisivas con la variedad por bandera, que siempre es importante seguir reivindicando.

Una ficción con cada vez más mujeres protagonistas (Lucía Ortega)

Un motivo de orgullo más de la televisión de estos tiempos es, sin duda, el crecimiento significativo de historias con mujeres protagonistas en las series. Parece mentira, pero que el género femenino tuviera un papel principal que no se apoyara por fuerza en un personaje masculino era algo muy poco común hasta hace relativamente poco. Por fin se está creando un abanico de variadas historias desde la perspectiva femenina con las que sentirnos identificadas nosotras en el día a día, no solo en casos aislados. Aunque todavía queda mucho que perfeccionar y pulir, lo cierto es que da gusto poder vernos reflejadas más allá de las clásicas historias de amor.

De hecho, uno de los puntos más positivos de esta tendencia, aparte de la necesaria representatividad femenina, es la diferencia entre los papeles mismos. De este 2021 podemos destacar algunos títulos que ponen en valor la representación plural de la mujer en la ficción: Mare of Easttown, una aclamada serie detectivesca con Kate Winslet al frente; Sky Rojo, donde las escenas de acción son protagonizadas por mujeres, y La Asistenta, uno de los ejemplos más recientes, un drama sobre la realidad femenina con una muy buena representación también del papel masculino en los temas que aborda. Estas se unen a otros ejemplos que se pueden encontrar en la televisión desde hace un tiempo y que permiten ser más que optimistas con el futuro.

Roberto Leal (Laura García Higueras)

Redactor en los Informativos Telecinco, reportero y presentador de España Directo, colaborador de Espejo Público y un largo etcétera. El currículum de Roberto Leal cuando en 2017 fichó –y revolucionó– Operación Triunfo, ya era digno de aplauso y admiración. El talent musical de TVE terminó por confirmar su enrome talento y profesionalidad como líder de formatos, su contundente carisma y su abrumadora naturalidad. Si se tiene que partir de la risa, lo hace. Si hay que bailar y rapear, también. Y, sobre todo, jamás esconde sus emociones. Su auténtica forma de ser traspasa la pequeña pantalla, genera una empatía única y le ha convertido en una de las personas más queridas de España.

Desde su regreso a Antena 3, ameniza las tardes con Pasapalabra, donde sigue derrochando su profunda humanidad -y batiendo récords de audiencia-. Su entusiasta y emotiva reacción al pleno de Pablo en El Rosco no tardó en hacerse casi tan viral como la del propio concursante. Esta misma semana, al recoger el Premio Ondas 2021 al Mejor Presentador, subió a su madre al escenario para agradecerle que la “bondad” por la que se le reconoce, se la debe a ella. Lo más bonito es saber que Roberto seguirá dando ejemplo y regalándonos momentos como estos. Por ello, hay que estarle agradecidos a la televisión por permitirnos 'conocer' a no solo un gran periodista, sino también a una gran persona.

El ilusionante reto de seguir formando (Gabriel Arias)

Entre los acontecimientos televisivos de este año 2021 hay uno que tiene entidad propia: la emisión de la serie documental Rocío, contar la verdad para seguir viva. El 21 de marzo se estrenó en Telecinco este monográfico sobre la vida de Rocío Carrasco en el que ella misma expuso el maltrato físico y psicológico que supuestamente sufrió por parte de su exmarido, varios miembros de su familia y los medios de comunicación. La docuserie rozó los 4 millones de espectadores, acaparó el debate en las redes sociales e hizo que aumentaran un 42% las llamadas al teléfono contra la violencia machista, un dato que corrobora el enorme impacto que tiene la televisión.

Sin embargo, en nada quedó la catarsis a la que se sometió Telecinco para redimir los pecados que cometió cuando contribuyó al linchamiento de Rocío. La cadena pretendía enmendar sus errores pero no hizo más que rentabilizar la gravedad de un drama que siempre se presentó ante el público como un show. Pero, dejando esto a un lado, la serie documental de Rocío Carrasco sirve para recordarnos que la televisión, que llega al 85% de los ciudadanos, es un medio que tiene capacidad suficiente para provocar la contestación de la sociedad. Hace unos días, Carlota Corredera recibió en Sálvame la llamada de una espectadora que le agradeció que luche contra la violencia machista desde los platós. Su testimonio debería ser un revulsivo para que en los despachos se reflexione sobre los valores que está fomentando nuestra televisión, porque cuántas buenas cosas podrían hacerse desde una ventana a la que se asoma casi todo un país.

Cuando la televisión es capaz de mejorar a la sociedad (Paula Hergar)

Y hablando del poder masivo de la televisión, me enorgullece escribir sobre ella, analizarla y, sobre todo, verla. Porque son muchas las veces que, tanto mis compañeros como yo, escuchamos la frase de: “Yo no veo la tele” en tono de menosprecio. Una pena porque están ignorando un medio capaz de mejorar la sociedad.

Como decía mi compañero Gabriel, con la docuserie sobre Rocío Carrasco aumentaron las llamadas al 016 por ser víctimas de una violencia vicaria que muchas no sabían detectar antes de su emisión. Un juzgado reabrió el caso del asesinato de la bibliotecaria Helena Jubany tras el movimiento de la audiencia al capítulo de Crims dedicado a ella en TV3. Lo mismo que logró el Equipo de investigación de laSexta con su programa sobre las niñas de Alcásser.

Las escuelas de ajedrez se han llenado de mujeres gracias a Gambito de Dama y cada capítulo de El Ministerio del Tiempo convertía en Trending Topic a alguno de nuestros personajes históricos despertando el interés por ellos. Gracias a talents como Operación Triunfo conocimos el feminismo de las nuevas generaciones como Amaia, Aitana y Alfred que ahora emulan los jóvenes y en programas como Got Talent siempre abren una ventana para romper estigmas sobre temas tan polémicos en la sociedad como los MENAS. La televisión es un medio como cualquier otro en el que podemos encontrar contenidos de entretenimiento, informativos y divulgativos. Pero tiene ese gran poder que conlleva una gran responsabilidad y que, bien usado, puede cambiar el mundo. Sería una pena perdérselo.

La sensación de compañía que sigue vigente (Lorenzo Ayuso)

Terminar el día agotado, hastiado y con necesidad de construir un cauce a través del que expulsar la frustración. Alcanzar el umbral de la medianoche, aun demasiado despierto, con las tripas aún digiriendo la cena, como para poder conciliar el sueño. Sintonizar Gol en el mando a distancia y encontrar la solución a todos los problemas: una sucesión continuada de combates de alto nivel de la UFC, de esos que quedarían al alcance de solo los adscritos a las mil y una plataformas de pago disponibles. Alcanzar una necesaria catarsis que te acompañe en la vigilia. O tal vez, consuelo. Encontrarte con el detective Monk pasando canales sin cesar en la guía de programación, impartiendo justicia y felicidad a quienes, como él, se sienten personajes imperfectos, raros. Sentirte acompañado y comprendido durante el par de horas en que se emiten sus capítulos, actualmente en Ten.

Frente a la oferta incuantificable que ofrece el nuevo panorama de streaming, de la ansiedad que genera es imposibilidad de escoger ante una oferta de tal magnitud, la televisión tradicional aún funciona como esa compañía, ese resguardo que te puede ofrecer lo que buscas, lo que necesitas, si sabes buscar. O mejor aún, si te dejas sorprender. En mi caso, ahora son la UFC y Monk, a cuyas emisiones llegué por accidente y que ahora son fijas; pero antes lo fueron Padre de familia, con sus emisiones en prime time en Neox, por ejemplo; lo siguen siendo las reposiciones continuadas de Friends en el mismo canal y que me acompañan siempre que se da la oportunidad, sin que importe cuántas veces los haya podido ver.

La dispersión de contenidos del mercado de TDT puede hacer complicada la empresa de significarse con un canal concreto, de dar con un contenido ideal que te permite sobrellevar la soledad o la incertidumbre. Pero ahí están, y cuando los encuentras, es difícil dejarlos escapar, no sentirse más comprendido, más acompañado. La capacidad de seguir respondiendo a estados de ánimo, de descubrir ofertas que parezcan hechas a medida para la ocasión, es algo que, más que orgullo, me genera satisfacción. Eso no se ha perdido. Y espero no perderlo, por mucha plataformas que haya.

Permite elegir en vez de odiar (Marcos Méndez)

El mando a distancia. Lo que más me gusta de la televisión, y lo que más satisfacción debería darnos a todos, es el mando a distancia. Pero no como objeto, que sin ir más lejos el del televisor de mi casa es bastante feo, sino por su poder de decisión. Ahora más que nunca, y aunque suene a tópico, podemos ver lo que queramos. Cadenas tradicionales, de pago o plataformas. Vivimos en una burbuja inabarcable de series y formatos que hace totalmente imposible verlo todo. Pero que permite elegir lo que vemos en cada momento.

Por eso no entiendo tantísimo odio hacia una cadena, hacia un programa, hacia una serie, hacia un presentador, hacia un actor... No son críticas, que en realidad siempre se agradecen y favorecen el desarrollo del sector, es odio. Insultos, amenazas y persecuciones en redes sociales, convertidas en esa “segunda pantalla” que nos acompaña mientras (no) disfrutamos de lo que (no) nos gusta en la televisión. Porque la televisión nos deja elegir. Si no somos capaces de criticar constructivamente, no seamos tan amargados como para ver lo que no nos gusta y así poder desahogarnos, que tampoco la televisión tiene culpa de nuestros males.

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