CRÍTICA

'Dime quién soy', una serie que viaja con pasión por la historia de una mujer libre de jaulas

'Dime quién soy'

Que la vida de una persona sea tan apasionante como para que alguien entregue un libro narrándola, es el primer y mejor indicativo de que lo que está por venir será extenso, trepidante y complejo. Una advertencia que en Dime quién soy, la serie que Movistar+ estrena este viernes con un doble episodio, se queda corta para adelantar el frenesí de viajes, ciudades, luchas e ideales que acabará por ofrecer. La protagonista de esta ficción, que adapta la novela de Julia Navarro, es Amelia Garayoa. Una mujer encarnada por Irene Escolar con una elegancia y abanico de matices que permite, nada más conocerla, aliarse con su ansia de aventuras. Así como entender su mirada más allá de la vida que la España de los años 30 tenía preparada para ella: casarse, tener hijos y por supuesto, no trabajar.

Oriol Pla reivindica que "quien no tiene memoria, no tiene futuro" en 'Dime quién soy': "No es un panfleto"

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"Es como encerrarse en una jaula", opina sobre el matrimonio en el arranque de la producción. Una concepción que, pese a que su criada Edurne (Itsaso Arana) le apunta que será "de oro", sigue sin convencerle por los "barrotes" que igualmente va a implicar. La presentación de su personaje permite embaucarse de su lado pese a que pronto dejará atrás a sus posteriores marido e hijo, para cumplir sus sueños. Eso sí, una de las armas más efectivas de la serie es que bajo cualquier argumento aparentemente simple, se abre un cofre de complejidad que torna las decisiones en imprevisibles. Y no porque utilice "trampas" para generar intriga, sino porque realmente lo que cuenta es en sí una odisea de idas y venidas, luces, sombras, celebraciones e injusticias.

Bajo la dirección de Eduard Cortés, Dime quién soy consigue no ser un atropello de cambios de época y localizaciones, si no que ha logrado que el vertiginoso ritmo sea perfectamente entendido, con un uso acertado de las elipsis que permiten centrarse en los momentos de pausa o velocidad, dependiendo de cuál sea más coherente con el periplo de su protagonista. Misión ayudada por cómo esta mujer recorre algunos de los acontecimientos más importantes del siglo XX, incluido el auge de la Segunda República en España, el estallido del Franquismo hasta alcanzar su clímax en la caída del muro de Berlín.

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Y se preguntarán, ¿cómo conseguirá saltar de uno a otro, siendo además mujer? La solución la dio Navarro en su texto, que muchos habrán leído ya, y para los que todas estas notas les resultarán familiares. No obstante, la ficción no solo ha sido pensada para ellos, y ha trasladado el universo de sus ricas páginas a la pequeña pantalla, en forma de entretenida y rica huida hacia adelante; sin mantener su estructura de viaje en paralelo presente en la novela.

La importancia de la cultura, los ideales y las contradicciones

El despliegue de medios es palpable desde el arranque de la ficción, tanto por la cantidad de localizaciones -no en vano su rodaje se prolongó durante casi un año-, como por el casting internacional y la factura que hace lucir la producción. Una ficción en la que los ideales, los principios y la cultura se erigen como fundamentales en su despegue. Inmersos en el auge de la Segunda República y con el Frente Popular que terminaría ganando las elecciones como círculo en el que Amelia intenta introducirse, la ebullición y la ilusión por su fe en la cultura entusiasma en su visionado.

La protagonista pertenece a la clase burguesa, vive en el madrileño Barrio de Salamanca y tiene que esforzarse el doble por ser aceptada en entre los más humildes. Aun así, pronto su conocimiento y apuesta por la educación se hará notar entre los más intelectuales. Entre ellos, el carismático Pierre (Oriol Pla), que le tenderá la mano. Asistir a su complicidad funciona como una inyección de energía mental y pasional, por cómo entienden "la palabra, la poesía" como elementos fundamentales de la revolución.

Y sí, la revolución no será siempre justa con ellos, ni ellos lo serán en todos los momentos de su vida. El amplio recorrido abarcado por Dime quien soy, que culmina con una Amelia de 80 años, permite conocer al personaje atravesado por las experiencias, las luchas, derrotas y victorias. Además de empaparse de sus contradicciones y humanizar a una mujer cargada de verdad. ¿Acaso no forma parte la contradicción del alma humana, nos hace sufrir, reflexionar, mejorar e incluso empeorar a partes iguales? Este sentimiento es clave a la hora de forjar la personalidad y tomar decisiones más o menos acertadas; con las que escribir capítulos de nuestras propias historias en las que, como a ellos les ocurre, pueden o no tener como meta "crear un mundo mejor". Este es su punto de partida, pero los contextos históricos se irán imponiendo con mayor o menor atino en permitirles llevarlo a cabo.

Dime quien soy navega entre ellos dejando mucho espacio a la vida y al amor, pero también a la intriga. El espionaje, hasta cuando no se sabe que se está ejerciendo, imprime en las escenas un potente interés por conocer el devenir de esta mujer tan aparentemente adelantada a su tiempo, que sin embargo reivindica a todas las que realmente lo fueron, pese a que apenas sepamos sobre ellas. Amelia pronuncia por muchas, se equivoca por otras y reclama por todas.

Con la historia del siglo XX como telón de fondo, la serie fascina al abrir las puertas de las casas de otras épocas, explorar las mentes de, entre otros, defensores de la Unión Soviética, periodistas, políticos, amas de casa y estrellas internacionales. Todo ello a través de una mujer en la que diferentes hombres serán fundamentales como piezas para ir encajando más que su puzzle, su rompecabezas, luchando contra viento, ideales y marea en busca de un futuro que se alcanza lejano por lo complejo de su presente.

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