8M

Eva Santolaria: “La ficción no siempre admite que los cuerpos femeninos cambian con los años”

La actriz Eva Santolaria

Elisenda en Nissaga de poder, Valle en Compañeros y Vero en 7 vidas. Eva Santolaria comenzó su carrera televisiva en tres series que se convirtieron en auténticos fenómenos en una época -finales de los 90 y principios de los 2.000- en las que los actuales likes se traducían en “miles de cartas”. Desde entonces, continuó su trayectoria en proyectos de la pequeña pantalla como Los misterios de Laura, Citas y Sé quien eres; películas como Días de fútbol y Héroes; y obras de teatro como El Apagón.

Eva Santolaria, a los actores de 'Élite': "Soy vuestro futuro. Disfrutad del momento y preparaos para el fracaso"

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Su último trabajo, la ficción Todos mienten -disponible en Movistar+-, creada por su pareja Pau Freixas, reveló una faceta de la intérprete hasta el momento desconocida, como guionista. Porque, además de encarnar a diferentes personajes, Santolaria ha desarrollado camino paralelo leyendo libretos y aportando sus correcciones a proyectos de compañeros. No obstante, no ha sido hasta el citado título cuando por fin se le ha reconocido su labor en los créditos.

“Hemos aprendido sobre la marcha que lo que estaba haciendo es un trabajo que merece un reconocimiento y un sueldo. Parece una obviedad”, reconoce, “pero no lo habíamos vivido así. Ha sido una forma de decir 'llevo muchos años trabajando en esto y he puesto mi granito de arena en muchas series'”.

Preguntamos a la actriz sobre su trayectoria, que inició convertida en todo un icono para una generación de adolescentes. También por cómo le ha afectado haberse quedado embarazada en dos ocasiones, la preocupación porque la edad pudiera afectar a su carrera y el por qué del silencio que existe en la industria de nuestro país sobre los casos de abuso sexual. Por último, le pedimos una reivindicación de cara a este 8M, que tiene muy clara: “No tener que explicar que los hombres y las mujeres somos iguales”.

¿Por qué ha sido 'Todos mienten' la primera vez que has sido reconocida como guionista?

Hemos aprendido sobre la marcha que lo que estaba haciendo es un trabajo que merece un reconocimiento y un sueldo. Parece una obviedad, pero no lo habíamos vivido así. Quizás porque lo que haces por tu pareja o tu amigo te parece natural, el ayudarles. Me ha pasado tener que dar explicaciones porque parecía que llevaba tiempo sin hacer nada cuando sí lo hacía pero no se sabía. Esta ha sido una forma de decir, 'llevo muchos años trabajando en esto y he puesto mi granito de arena en muchas series'“.

En esta línea, ¿cómo has llevado tiempos de parones o de temporadas en proyectos que quizás no tuvieran tanta exposición?

Depende del momento. Es algo que ocurre por ejemplo cuando trabajas en teatro, porque tiene menos visibilidad, pero para ti continúas trabajando exactamente igual. Forma parte del oficio. Hay momentos en los que enlazas los trabajos y otros en los que estás en casa esperando a que suene el teléfono. Una montaña rusa en la que habrá momentos en los que estés arriba y en otros más parados. En parte por eso los actores, con los años, empezamos a escribir historias, a producir, a dirigir.

¿Qué recuerdo tienes de tus inicios, en los que participaste en series tan fenómeno como Nissaga de poder, Compañeros y 7 Vidas?

He tenido la suerte de estar en series muy importantes para la gente, que han marcado y a las que el público tiene mucho cariño. Con el paso de los años te das cuenta de que formas parte de su vida, es como si hubieran generado contigo una relación. Ahora las series son más cortas, pero antes sabías que si funcionaba podías estar hasta cinco años en una. Eso es mucho tiempo entrando en la casa de la gente.

Sobre todo con 'Compañeros' te convertiste en todo un icono y mito erótico para muchos. ¿Recuerdas cómo llevabas esto? ¿Te afectó de alguna forma?

Lo que vivimos con Compañeros fue tan heavy e inesperado porque no había un referente. No decías, 'si hago una serie se genera un fenómeno fan'. En España no había pasado. Hubo tres meses en los que compaginé Nissaga y Compañeros. En una me convertí en una especie de ídolo con la que la gente se forraba las carpetas y en la otra no. En el momento no eres consciente de la repercusión que estás teniendo ni te sientes ejemplo de nada. Nos lo estábamos pasando súper bien rodando y compartiendo muchas horas.

Nos protegimos del fenómeno fan porque tu vida cambia. Con 20 años todo lo que estabas haciendo, de repente era impensable. Tus amigos no iban a cambiar sus vidas porque estaban siguiendo lo lógico. Así que acabamos convirtiendo nuestros momentos de ocio en una extensión del trabajo. Quedábamos los mismos y en sitios donde podíamos pasar desapercibidos.

¿Crees que las actrices más jóvenes lo tienen más o menos fácil que cuando tú empezaste? Teniendo en cuenta la presión de las redes sociales que existe ahora.

Lo que para nosotros era algo manual, de recibir miles de cartas en cajas y cajas; ahora lo recibes con las redes sociales. Es una forma más sencilla de gestionar el trato con los fans, colgando una foto, escribiendo algo, contestar aparte. Es verdad que puede hacer que al mismo tiempo te llegue mucha gente mala, pero el efecto es un poco el mismo.

Con tu discurso en los Feroz hablando al elenco de Élite, aseguraste que eras “su futuro” y que tenían que “prepararse para el fracaso”. ¿Te hubiera gustado escucharlo antes en tu propia carrera?

A mí me lo dijeron. Que había más tiempo de comer bocata, cargar el coche e irte a hacer un bolo a un pueblo con poco público, que de luces y focos. Siempre digo que es un monólogo que escribieron unos guionistas, pero está bien que se diga. Estos mensajes llegan mucho mejor poniéndote a ti como ejemplo. Es muy importante fijarte en los actores y actrices que están a tu alrededor, sobre todo cuando eres joven. No sólo en lo que te está ocurriendo a ti en este momento. Habrá momentos en los que no vas a estar arriba y eso no querrá decir que estés fracasando.

La conciliación laboral es una de las luchas sobre las que se ha puesto el foco en los últimos años. ¿Existe en vuestro oficio y cuál ha sido tu experiencia como madre y actriz?

Complicada. En los dos embarazos tuve la oportunidad de trabajar en dos series distintas y a ambas tuve que decir que no, porque no sabían que estaba embarazada. En el primero a mí me daba igual pero en aquel momento mi jefe me planteó '¿cómo vas a decir que sí si vas a tener un barrigón? Tu personaje no está embarazada'. Es distinto si estás trabajando en una serie, donde si te quedas embarazada quizás si pueden buscar la manera de disimularlo. Cuanto estás en un proceso de casting o de tanteo para entrar en un proyecto es distinto.

Al plantearte tener hijos, piensas en la baja maternal una vez nacen, pero para nosotras la transformación física implica que no puedes trabajar, salvo que tengas la grandísima suerte de que encaje en el personaje. Cuando eres actriz y decides ser madre tienes que asumir, de la mejor manera posible, que habrá un momento en el que tienes que decir que no, que tampoco pasa nada. Que vas a estar un tiempo sin trabajar o que cuando te vayas a incorporar la logística va a ser más complicada.

¿Sientes que te ha podido perjudicar? ¿Estaba normalizado dentro de la profesión que las actrices podéis quedaros embarazadas cuando tú lo hiciste?

Cada vez hay más actrices que están teniendo familias, antes no era tan habitual. Da un poco más de miedo porque es evidente que tu físico va a cambiar. Aquí entramos en esto de aceptar que los cuerpos femeninos cambian con los años, evidentemente con la maternidad, pero también con otros procesos hormonales que te van ocurriendo de manera natural y eso a veces la ficción no lo admite.

Se necesitan cuerpos perfectos independientemente de la edad que tengas y de si has tenido o no hijos. Cuando en la ficción colocamos esta imagen perfecta estamos diciéndole a la gente que da igual si tienes tres hijos, treinta años o cincuenta, tienes que estar así de bien y de perfecta. A nosotras nos repercute porque dices, ¿ahora qué? Te da cosa querer estar súper bien para poder trabajar.

Es algo que deberíamos cambiar desde la ficción. Empezar a enseñar que la imperfección es maravillosa, que ocurre en la vida y que somos así. No mostrar una mentira o la especie de realidad que aparece en redes sociales. Me voy a hacer muchas fotos y subo la más estupenda. Y si no me ha salido, le voy a poner filtros para poder colgarla y decir “mira qué guay y feliz”. Si estamos constantemente enseñando estas fotos, esta parte de nuestra vida y esta ficción, nuestros hijos van a querer ser esa mentira. Somos responsables de lo que hacemos y enseñamos.

En el caso de las mujeres es aún más sangrante. ¿Hasta qué punto te ha preocupado la edad a la hora de pensar que ibas a poder encontrar menos papeles? De realmente pensar “me puedo quedar sin trabajo”.

Sí que tienes miedo porque cuando ves las experiencias de gente más mayor que tú sabes que a partir de una determinada edad ya no tienes tantas oportunidades para trabajar. Cada vez va a haber más probabilidades de que tú no vayas a ser la escogida. Y está el tema de la perfección constante.

Las cosas están cambiando y podemos hacer por cambiarlas. No ponernos esa súper presión a nosotras mismas de que no se nos vea el paso del tiempo, entender la arruga como algo malo y que no se puede notar que hemos sido madres. La menopausia hay que sacarla directamente del vocabulario porque es un tabú. La ficción tiene que contar esto porque hay mucha gente que ha tenido hijos y el físico le cambia.

Hay que dejar que contar que un hombre maduro con canas es maravilloso y súper guay, pero que con su misma edad, una mujer con canas está descuidada. La ficción entra en las casas y tenemos la oportunidad de interpretar a personajes con los que la gente se identifique y no que frustren porque sean imposibles de alcanzar.

Da miedo saber que a partir de una determinada edad no vas a tener tantas oportunidades para trabajar

Eva Santolaria

Igual el problema no está tanto en que los intérpretes queráis interpretar según qué papeles, sino en que existan.

Claro, por eso hay una parte de los actores en la que estamos vendidos. Los que generan las historias, pensando los personajes, femeninos en este caso, tienen un poder muy grande de cambio.

Con el #MeToo se pusieron de relieve los casos de acoso sexual sobre todo en la industria estadounidense. Han pasado cinco años y aquí en España continúa siendo un tema prácticamente tabú y sin nombres. ¿Por qué es algo tan silenciado en nuestro país?

A veces los abusos son difíciles de asumir y de reconocer uno mismo. Cuando es un abuso consumado con un acto violento físico contra ti no consentido, como una violación, es muy evidente. No genera dudas, aunque se necesite dar los pasos y que todo te acompañe para denunciar; ya que está el miedo a que no te crean y sentirte señalado.

Cuando hablamos de situaciones en las que no hay violencia, pero donde hay un abuso de poder a través de gestos, donde te has sentido intimidado, coaccionado o violentado... puede que tú mismo lo niegues porque lo has interiorizado. Todavía es muy complicado ponerle nombre y decir “a mí me ha ocurrido tal caso en tal rodaje”. Entender tú mismo que eso que estás teniendo no es una relación de tú a tú, que ha habido un abuso de poder con connotaciones sexuales es muy difícil aún.

"Todavía es muy complicado decir 'a mí me ha ocurrido tal caso en tal rodaje'"

Eva Santolaria

En los últimos años se ha hablado sobre ello precisamente para que las víctimas puedan identificarlo. ¿Piensas que el problema está en que ha de pasar más tiempo?

Ahora todo está cambiando mucho. Cada vez estamos más concienciados, hay cosas que no van a pasar y no se van a consentir. Aun así, tengo la sensación de que todavía tenemos mucho que aprender cada uno, a la hora de identificar. Hay cosas que las teníamos por costumbre.

Hay situaciones que has asimilado como normales, con el clásico “qué se le va a hacer”. Y de eso nada, no se puede consentir esa palmadita en el culo, el sexualizar las relaciones... No tienes por qué aguantarlo ni consentirlo. Queda mucho camino, especialmente en la gente que tenemos cierta edad porque hemos vivido en una sociedad que lo permitía. Nos tenemos que reeducar.

¿Es algo sobre lo que has reflexionado a posteriori? ¿Has pensado en situaciones que tú misma has podido sufrir y que en ese momento no te plantearas?

He tenido la suerte de no encontrarme con que se me insinúen en una prueba por ejemplo. Pero sí te das cuenta de que te han hecho muchas bromas sexuales que no sabes por qué has tenido que aguantar. Comentarios fuera de lugar que te incomodan. El no sé por qué te tomas esta libertad. Es mano que dices “eh”. No te están obligando a hacer nada o coaccionando pero te incomodan. A todas nos está pasando el ser conscientes de que hay cosas de las que nos hemos podido reír y en ese momento ya no nos hacían gracia.

Aprovechando que estamos en el 8M, quería pedirte alguna reivindicación que te gustara hacer, ya sea por la situación de la mujer en tu profesión o a nivel general.

Me gustaría no tener que explicar que los hombres y las mujeres somos iguales; y que tenemos los mismos derechos. Que se dé por hecho.

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