CRÍTICA

'Por H o por B': lo obvio es enemigo de lo auténtico, pero evidencia las ridículas redes del postureo

Fotograma de 'Por H o por B'

"No encajas en el perfil que estamos buscando" solía ser la frase estrella de cualquier entrevista de trabajo que no llegaba a buen puerto. Sin embargo, en la era del postureo, de las apariencias y de la necesidad de hacerse notar (de más) son muchos los ambientes en los que semejante exigencia es requisito imprescindible para encajar. Ya sea para compartir piso, poder acudir a una determinada fiesta o pertenecer a según qué "selecto" grupo de personas. Las protagonistas de la serie Por H o por B, producida por Globomedia (The Mediapro Studio) y Lacoproductora, que HBO estrena este miércoles, lo comprueban en primera persona; cuando una de ellas busca habitación para mudarse al madrileño barrio de Malasaña.

Llega 'Por H o por B' a HBO: "Lo que en 2015 era una choni de manual en 2020, con el trap y Rosalía, es cool y moderno"

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Dos amigas a las que conocimos en el premiado cortometraje Pipas que su directora, Manuela Burló Moreno, ha convertido ahora en ficción acompañada de las que fueron sus dos actrices: Marta Martín y Saida Benzal. En pantalla, han pasado cinco años desde que ambas se separaran por un malentendido, y se reencuentran en la capital. Allí darán una segunda oportunidad a su amistad, en un relato que, si bien lucha por inundar de autenticidad sus diálogos y acciones; termina por evaporarse por el exceso, en ocasiones, de obviedades, exageraciones y estereotipos que le restan credibilidad.

Los choques culturales y los conflictos que estos generan son un recurso manido que hemos visto en otras tantas producciones y, precisamente por ello, sabemos que son ingredientes potenciales para generar empatía, entretenimiento, diversión y ternura. En este caso, el que existe entre las dos chonis de Parla que lideran la ficción y la Malasaña a la que llegan se ha llevado tan al extremo que hay secuencias en las que cuesta situarse en un lado u otro de la falla, porque ni la gente que vive en un lugar es tan vulgar ni la otra tan repelente.

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Es cierto que colocando el relato en esta tesitura lo señalado es más evidente, lo sitúa en una posición de incomodidad con la que generar humor, y en gran parte lo consigue. No en vano, claro que está bien reírse de lo ridículos que podemos llegar a ser según la moda de turno; o lo ridículos que son los mismos cánones y las normas que dictan qué es "lo guay" y qué no. Burló Moreno lo explicó en su entrevista con Vertele alegando que "lo que en 2015 era una choni de manual en 2020 con el trap y Rosalía, es cool y moderno". Entonces, ¿a quién le debemos tantísimo quebradero de cabeza y necesidad de ajustarnos a lo que unas corrientes imponen? ¿Por qué caemos rendidos a las redes de su engaño? O más bien, ¿por qué no puede ser lo propio lo valioso independientemente de a donde se dirija el rebaño instgramer?

Una amistad a prueba de prejuicios

Hace tiempo que Malasaña se convirtió en uno de los barrios más transitados de Madrid, con numerosos bares, librerías, mercadillos, restaurantes y espacios vintage. Y sí, en una zona de lo más hípster. Aun así, su oferta de ocio no es tan sumamente excluyente como se refleja en Por H o por B. En su desarrollo va mostrando que no y que efectivamente -entre otras premisas- no todos los hombres que habitan en la zona llevan barba.

En esta línea, la serie sí manifiesta que los prejuicios, relativizados, analizados y reflexionados, ni tienen cabida ni valen para nada. Más allá del vestuario, maquillaje, cuerpos, manías y gustos, las personas compartimos nuestra esencia como seres humanos que incluye inseguridades, miedos y vulnerabilidad. Pero también lealtad, generosidad, cariño y entrega. Como la que vincula a H y Belén, protagonistas de la ficción. A ellas no les importan las pintas, los kilos, dónde vivan o trabajen, ni el color del pelo -que debería ser lo habitual- para ser sus eternas compañeras y afrontar juntas todas las vicisitudes que se interponen en sus caminos.

¿No es acaso esta una obviedad? Seguramente si, pero vivimos en un momento en el que la frontera de lo obvio ha quedado desdibujada, y en la que de repente una publicación en cualquier red social puede ser más importante que a lo que dediques tu día a día. No somos las imágenes que compartimos, sino a quienes proyectamos en cada una de nuestras palabras y acciones. Y esto incluye, ayudar a una amiga a desconectar con una noche de juerga, meternos en medio de una pelea de mascotas de baloncesto o servir de escolta en una búsqueda de piso donde, por qué no, podremos encontrarnos con un inquilino que nos lo enseñe completamente desnudo. El universo de Por H o por B se permite estas licencias que, según la experiencia de cada uno, podrán estar más o menos alejadas de su realidad.

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