Análisis / Opinión

'The Dancer' llega al final: un modélico talent show para TVE que no ha sabido bailar al ritmo de la audiencia

Llega la gran final de 'The Dancer'

The Dancer se despide este lunes en TVE. Sus ocho finalistas, capitaneados por Lola Indigo, Rafa Méndez y Miguel Ángel Muñoz se juegan convertirse en el gran triunfador o triunfadora del talent de danza, tras haber superado las tres fases previas del programa: Audiciones, Decisión Final y Semifinales.

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Entre los bailarines que se han clasificado para la gran cita está una pareja de baile deportivo (Guillem y Rosa), los explosivos Alextopdancer y Exon, las reinas del 'swag' Icónicas, las flamencas Macarena y Claudia, la utrerana; el grupo D'oo Wap y el lírico Charly Brown. Un heterogéneo plantel de artistas que muestran el gran nivel del concurso.

Aunque avalado por estar basado en un formato creado por Simon Cowell, artífice de Got talent; lo cierto es que el programa ha funcionado mejor cuanto más se ha alejado de su predecesor. Es decir, dando menor prioridad a las historias personales y erradicando las innecesarias reacciones del público. El talento de sus concursantes, las coreografías, la química del jurado y el buen hacer de sus presentadores -Ion Aramendi y Sandra Cervera-, eran suficientes como para empaquetar un muy buen producto, y más entretenido. Algo que, a partir de su segunda fase, consiguió en notable mayor medida.

Respecto a la continuidad del programa más allá de lo que ocurra en la gala de este lunes, TVE no se ha pronunciado sobre su posible renovación. Su discreto 8.2% de media de audiencia, al que poco ha ayudado que en su recta final haya tenido que enfrentarse a dos huesos duros de roer como Supervivientes y Mask Singer; no parece invitar a que vaya a ocurrir. Una pena teniendo en cuenta que The Dancer es un formato perfecto para la televisión pública por los valores que transmite y la visibilidad que concede tanto a la danza como al talento de nuestro país.

La mecánica: de menos a más

En su fase de Audiciones, las presentaciones de los concursantes se hicieron largas, contaron con la participación de demasiados familiares/amigos/profesores, y sobreabundaron las historias personales. Claro que está bien ver ejemplos de superación, pero si se les acaba dando más protagonismo que a las coreografías, el resultado se hace denso y se desdibuja el mensaje.

Sobre todo porque hemos alcanzado un punto de saturación de este tipo de revelaciones, que tiene como consecuencia que dejen de emocionar e interesar. Y es una pena, porque realmente ha habido muchas actuaciones de gran nivel que no precisaban de ningún adorno más. La buena noticia es que una vez se alcanzó la segunda fase, la estructura cambió y se dio por fin rienda suelta a la destreza de cada aspirante, mostrando en mayor medida sus ensayos y dando más tiempo a su interacción con los capitanes.

Otro punto fuerte ha sido el espejo, elemento que generó tensión porque los aspirantes comenzaban sus números con él cerrado, de tal forma que lo que ellos veían era una sala de ensayo. Sin embargo, si conseguían el porcentaje de votos requerido del público, este se abría y finalizaban sus shows ocupando el escenario completo y frente a la audiencia. La dinámica cambió para, una vez elegidos los equipos, descartar gala a gala a bailarines. Y así hasta la gran final, donde solo quedará uno.

Un jurado fresco, con Lola Indigo como estrella

Mientras que en los vídeos de presentación las emociones a flor de piel resultaban impostadas; todo lo que ha ocurrido dentro del plató de The Dancer sí ha rezumado verdad, emoción y autenticidad. De ahí a que haya quedado como evidente que no hacía falta el artificio previo, sino dar rienda suelta a la naturalidad y al potencial de los concursantes y jurado. Sí es cierto que se podría haber dado mayor espectacularidad a algunos números, pero una vez alcanzadas las semifinales el programa ha dado un paso adelante en cuanto a originalidad y empaque de las propuestas.

En este aspecto ha sido clave el buen tridente que han formado Rafa Méndez, Miguel Ángel Muñoz y Lola Indigo, que ha sido la verdadera reina del formato. Entre ellos, aunque se hayan dado algunos roces lógicos frutos de la competición; ha imperado en todo momento la alabanza del trabajo de los concursantes, su implicación con sus respectivos equipos y el disfrute. Ha habido alegatos feministas, numerosos consejos, lágrimas incontrolables y, entre los colofones de la primera semifinal, una beca concedida por la triunfita a dos de sus bailarines y la promesa a la pequeña Aina para protagonizar su siguiente videoclip.

Además, subieron al escenario para ellos mismos protagonizar junto a sus equipos los potentes opening de las dos últimas galas. El primero fue especialmente llamativo por el efecto sorpresa, por lo que las expectativas sobre lo que tendrán reservado para el arranque de la gran final están muy altas.

Menos lucida ha sido la figura de la recepcionista Mariu, la persona que recibía a los bailarines antes de entrar en las instalaciones del programa, haciéndoles una pequeña entrevista. Su tono 'cotilla', actitud despistada y torpeza han quedado algo anticuados y le han convertido en un elemento prescindible. De hecho, provocó quejas entre los espectadores de la cadena, al calificarlo como "estereotipado", crítica con la que el formato no estuvo de acuerdo.

No pasa la prueba de la audiencia

Como avanzábamos, por el momento TVE no se ha pronunciado sobre la posibilidad de renovar The Dancer por una segunda edición. Pese a que el formato ha generado conversación en redes sociales; la audiencia no ha terminado de le ha acompañado. Sobre todo en las dos últimas semanas, en las que ha quedado ensombrecido por la competición entre Supervivientes y Mask Singer 2, que se ha saldado con las primeras tres victorias para el primero.

El formato se estrenó reuniendo a un correcto 10.5% de share y prácticamente un millón y medio de espectadores. Sin embargo, no ha vuelto a superar el doble dígito -quedándose en el 9.9% en la ocasión más cercana- y en sus tres últimas galas ha bajado hasta el 7.4%, 6.4% y 6.9% cuota de pantalla. Estas cifras, que conceden una media total de 8.2% y 1.121.000 seguidores, no se lo ponen demasiado fácil. Aun así, si finalmente apostara por una nueva temporada, desde luego el formato tiene potencial de mejora y de, por qué no, enganchar a más público. Está por ver, claro, si esta posibilidad encajaría en los planes del nuevo Consejo de Administración.

Los datos de The Dancer muestran la realidad de la cadena pública en su conjunto. TVE atraviesa uno de sus momentos más complicados de cara a la audiencia: sin ir más lejos, ha encadenado dos mínimos históricos consecutivos en abril y en mayo, donde precisamente anotaba un 8.2% en el marcador final. En la actualidad, y a falta de ver cómo evoluciona Leonardo en la noche de los jueves, solo MasterChef parece mantenerse con fuerza suficiente de entre las propuestas de la corporación.

Así será la gran final

Pero no nos adelantemos. De momento queda por delante disfrutar de la última gran cita de The Dancer, en la que solo uno de los ocho bailarines alcanzarán la gloria: Guillem y Rosa, Alextopdancer, Exon, Icónicas, Macarena, Claudia la utrerana, D'oo Wap o Charly Brown. Durante la final, cada concursante tendrá un nuevo reto y, tras su actuación, los cuatro menos votados por el público serán eliminados de la competición. El resto se jugará todo en un último número. De ahí saldrá el ganador, que obtendrá un premio en metálico de 25.000 euros.

Los aspirantes bailarán con sus capitanes y Lola Indigo aprovechará para interpretar en directo sus dos últimos temas: Calle y Spice Girl. Lo hará acompañada del resto de capitanes y los finalistas. La suerte está echada para todos ellos, así que solo queda sentarse en el sofá a disfrutar de su talento.

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